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AC/DC – “Let There Be Rock” (1977)

Podrías ver a un insaciable Bon Scott a los micros notando síndromes de cansancio pasadas unas horas de su directo, pero era cuestión de echar la vista atrás y ver que los pies de Malcolm seguían el ritmo, omnipresente en todos los sentidos e incombustible para el fiel latido de la banda, que respirará su estilo entre ellos y sus más grandes seguidores por los siglos de los siglos.

Foto: Artwork

Durante la presente semana el mundo del rock y su plaga de más fieles seguidores, sucumbió ante una de las noticias más tristes recordadas en los últimos años. Un verdadero animal del rock ‘n’ roll como es el señor Malcolm Young, se baja de los escenarios dónde siempre ha impuesto la ley del señor riff y su imponente legado que ha dejado una leyenda del estilo para una banda como AC/DC.

Son ya 61 años los que posee este ilustre para tomarse el merecido descanso que se ha ganado desde hace décadas. Aunque en los directos el showman es su hermano, nunca quitará que el verdadero jefe de la banda es un genio de la música como Malcolm Mitchell Young, el eje central de la banda y por consiguiente, toda la rabia y poderío que pueden descargar los dioses australianos con su inolvidable estilo.

Creo que la entrada para hoy debe ser especial por el bagaje que acompaña, a un servidor en particular es una de las perdidas más tristes que registra la música en los últimos años. Ni por asomo creo que la banda vaya a ser la misma si le quitan su verdadero corazón. En estos casos lo mejor de todo es recordarle por lo que fue, las anécdotas que dejó, y el trabajo dónde su mejor versión reflejó.

Desde mi punto de vista, un disco como “Let There Be Rock” es uno de los tallos principales para un estilo como es el rock más duro, no sólo es uno de esos discos que conmocionó el género en cuestión, ni cuenta decir que es otro de esos trabajos que ocupa el sagrado “Top 3” de una banda pura sangre como es AC/DC. La verdadera razón que incita a escribir esta reseña es que este cuarto álbum de estudio de los australianos, confirmaba un siempre infravalorado como fue Malcolm dónde desplegaba el verdadero espíritu de la banda y lo llevaba con su rabia a las cuerdas, su particular y letal estilo de tocar, asombraba hasta a su propio hermano quién se encargaba de eclipsarlo, de buena manera, en sus directos. La crudeza en el juego de AC/DC pasa por sus dedos, la naturalidad que imponen influencias del propio músico como pueden ser Van Halen o el mismísimo Eric Clapton, llevan al legendario ritmo impuesto por el escocés, quién como el buen whisky se degusta de manera gloriosa, llegando a sonar tan grande para que se escuche hasta en el mismo infierno.

Puedes agotarte con los directos de esta gente, podrías ver a un insaciable Bon Scott a los micros notando síndromes de cansancio pasadas unas horas de su directo, pero era cuestión de echar la vista atrás y ver que los pies de Malcolm seguían el ritmo, omnipresente en todos los sentidos e incombustible para el fiel latido de la banda, que respirará su estilo entre ellos y sus más grandes seguidores por los siglos de los siglos.

“Let There Be Rock” confirmaban la presencia de un grande del rock. Malcolm es el soberano de este disco, su forma de tocar a las cuerdas es abrumadora, adictiva… eterna. “Let There Be Rock” es una obra mayúscula de la especie ya que muchos de los temas de este trabajo se convierten en los más aplaudidos y deseados de sus grandes directos. La fuerza de la banda brilla por primera vez en su historia en este disco, nunca se habían visto antes a unos AC/DC tan frenéticos y el título para el mismo, es toda una declaración de intenciones para el quinteto australiano.

¿Bon Scott? En su salsa… Relatando sus fechorías, encuentros sexuales y demás peripecias de otro icono de la banda en temas como son “Go Down” o “Whole Lotta Rosie”. Dos temas hechos para el ocio y disfrute de unos carniceros como son los hermanos Young. Las guitarras suenan tan abrumadoras que es imposible no llegar al éxtasis definitivo, sobre todo en el caso de la segunda en cuestión, la dupla entre las guitarras de ambos hermanos junto con la voz de Scott la hacen uno de los momentos más legendarios de la banda, como bien lo oficializan en sus directos y el siempre particular monólogo inolvidable del pequeño de los Young.

Hablar del nacimiento del rock es meterte en una vorágine de bandas que no tienen nunca ninguna salida en concreto, nunca sabes quién lo comenzó puesto que son muchos los iconos que se mantienen vivos en nuestra cabeza y siempre podemos disfrutar de su música. Para meternos en la cabeza del bueno de Bon Scott y que nos cuente su opinión, tendríamos que escuchar la propia “Let There Be Rock”, allí los humorísticos versos del cantante de la banda, dejan a todo un sacerdote del rock como es él (así lo dice el propio videoclip), llevando su música hasta las mismas puertas del infierno a través de sus secuaces disfrazados de monaguillos. Si hay un tema que puede reflejar de manera cristalina la mejor versión de la veterana formación, eternamente siempre será “Let There Be Rock”, incansable de escuchar, imposible de superar. Tan consistente como devastadora, un verdadero oráculo del rock ‘n’ roll, la explosión definitiva de la banda en 1977 y el puñetazo definitivo sobre la mesa que los pondrían como verdaderos jefes de la especie.

Sin dejar de lado al gran Malcolm, ya que es imposible olvidarse de él, sigue haciendo de las suyas en su particular fiesta como son las grandes “Dog Eat Dog” o “Hell Ain’t A Bad Place To Be”. Las cuerdas del hermano mayor vuelven a sonar con más fuerza si cabe aún, la historia juega a su favor, su legado es innegable y suenan más fuerte que nunca.

Para complementar el disco tenemos cortes algo más experimentales como pueden ser los cortes “Overdose” o “Problem Child”. La primera ya había aparecido en su anterior disco de estudio, mientras que la segunda cita a través de sus corrosivos riffs a que los malos malotes, se reúnan en el infierno para disfrutar del mejor rock ‘n’ roll. “Bad Boy Boogie” sigue la misma línea adictiva que contiene en su mayoría “Let There Be Rock”, tan emocional y bien dispuesta a ofrecernos los momentos infernales que tanto tiempo llevamos añorando.

“Let There Be Rock” es legendario, hasta la fecha nunca se vieron unos AC/DC más desmelenados en esa versión que ofrecieron en los estudios de ese año 1977. Este es el particular patio de recreo para el gran Malcolm Young y la banda nunca dio un paso hacia fuera tan fuerte como el que se vio en aquellas fechas. Sobre todo me quedo con esa faceta que tienen en la actualidad de disco poco comercial y más convencional, lo cual lo convierte en algo mucho más valorado dentro de su brillante discografía. Una legendaria obra de culto al rock ‘n’ roll más eléctrico. El levantamuertos definitivo que pueda convertir cualquiera de los momentos más tristes de tu vida en algo inolvidable y gran parte de esto la tiene el bueno de Malcolm Young, el verdadero núcleo que hace girar este rodillo del rock y que tiene ahora su más que merecido descanso. Gracias por convertir grandes momentos de nuestra vida en algo imborrable para la mente y aunque el Alzheimer no te deje recordar lo que has hecho, nosotros lo haremos por ti. Salud y hágase el rock para este pedazo de DISCO RECOMENDADO.

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AC/DC – “Let There Be Rock” (1977)
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