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Alt-J y el mundo psicodélico de Relaxer

Todas las canciones poseen una personalidad y vida propia entre lo analógico y lo tecnológico, los instrumentos orgánicos como la guitarra acústica, los samplings, los viejos sintetizadores o como manejan los arreglos de cuerda hacen que Alt-J hoy por hoy sea una banda tan galardoneada y cómo respetada

El nuevo disco de Alt-J, estrenado el pasado 9 de junio bajo el sello discográfico Atlantic Records, se convirtió en una sorpresa con tintes épicos que convence y emboba como si se tratara de un disco conceptual, pero no es más que una mera ilusión sonora mal catalogada hasta la fecha que goza de vida, pero carece de actitud.

Desde el punta pie inicial con su folclórico “3WW” nos encontramos con un álbum siniestro, maravilloso, con un preludio de lo que está compuesto “Relaxer”; un álbum que, hasta este punto, nos deja en la misma estación donde terminó aquel maravilloso “This Is All Yours” de hace ya dos largos años.

Algo que se le critica a la banda, por lo general; y como han demostrado ya con tres discos de estudio editados hasta la fecha, es que el sonido es uno solo, así como también la consigna. No varían en el estilo ni mucho menos en la forma de llevarlo a cabo. Y es que ese no es el problema, el problema es que cada disco de la banda es una especie de capítulo dentro de otro capítulo y si no logras leerlo de esa forma la correlación de las canciones resulta difícil de encontrar dentro del playlist que consta de 8 temas llegando a los 39 minutos de duración.

Pasando por “In Cold Blood” hasta llegar a “House of the Rising Sun” Alt-J atraviesa el océano de costa a costa. El primero, un single fallido a nivel comercial. Ellos creyeron que tendrían un nuevo “Left Hand Free” en sus manos pero a veces lo más obvio no es precisamente lo más interesante. Por otra parte, un gran cover a The Animals donde el mismo Joe Newman pone de su cosecha y dramatismo creando uno de los temas más raros y épicos de este “Relaxer”.

Luego hay cosas que producen escalofríos y nos hacen pensar cómo es que una banda con tan solo tres integrantes se atreven y consiguen transportar canciones del pasado al futuro. Como si de la Velvet Underground se tratara. “Hit me like that snare” es un tema épico, a lo Lou Reed, lleno de drogas y estupefacientes, una pequeña obra maestra dentro de otra que no deja de crecer y abofetearte para dar paso a “Deadcrush” y nos topamos con otro tema de gran calibre que probablemente hubiera sido el mejor primer single a liberar.

Mientras que “Adeline” es un tema denso, atmosférico y fantasmagórico que cuenta la extraña historia de un demonio de Tasmania enamorado, según ha comentado la banda a través de sus redes sociales.

Todas las canciones poseen una personalidad y vida propia entre lo analógico y lo tecnológico, los instrumentos orgánicos como la guitarra acústica, los samplings, los viejos sintetizadores o como manejan los arreglos de cuerda hacen que Alt-J hoy por hoy sea una banda tan galardoneada y cómo respetada. El grupo de Leeds ha sabido crear su propia selva musical, pulir un estilo que equívocamente se le cataloga de pop. De encasillarnos en algún lugar merecen un espacio en el mundo psicodélico ya que luego de entender cómo trabaja Relaxer logras entender lo floydiano que llega a ser todo.

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