Editorial

Camila Moreno: El último ritual

Inmortalizar la noche del 25 de mayo sería lo mejor que podríamos hacer, vivir en el loop constante de un ritual lleno de emociones, de las emociones más puras que podamos tener, porque tus conciertos son esa instancia en donde no tienes que estar necesariamente feliz para poder socializar, tú nos diste el espacio para poder sentir las emociones a flor de piel, nos ensañaste que esas emociones “negativas” que algunos llaman, también sirven para algunos propósitos, solo hay que saber canalizarlas y convertirlas en fuerza y en arte.

Foto: Pablo Benitez

¿Renovaste al grupo? “No, no los renové, sino que estoy con una banda diferente porque me dieron ganas de tocar con amigos que conocí, pero no es algo definitivo, es para conocer nuevos sonidos y experiencias.”. Así comentaba Camila hace algunos años atrás, esos años en donde se comenzó a trazar un camino de ensayo, error y aprendizaje, en donde las transformaciones a sus sonidos comenzaron a ser parte de la esencia principal de su música. Un camino de cambios progresivos que la alejaron de cualquier falso estereotipo que había generado la prensa tradicional.

Ya han pasado años de esas palabras de Camila Moreno – cuatro exactamente -, innumerables conciertos ha dejado en el pasado e incontables experiencias nos deja en las membranas del recuerdo. Para el 25 de mayo se agendó el despido indefinido de los escenarios; eran las nueve de la noche cuando Pupila Spectra terminaba su show de apertura bajo sonidos psicodélicos. Un grupo de personajes enmascarados comenzó a apoderarse de la Cancha del Teatro Caupolicán, el cual estaba en su máxima capacidad, con máscaras blancas, cuerpos grises y pelotas en mano, de esas que tienen los continentes demarcados en forma de relieve. Comenzaron a caminar de manera tétrica por el público, bajo el sonido del misterio y la proyección de estrellas del universo… captaron la atención del público. Cuando el reloj se comenzaba a inclinar hacia las 22 horas, salió ella, corriendo sobre el escenario como si de un juego se tratase, ida y vuelta, gritos y emociones, aplausos y quizás algún llanto. Ahí estaba, Camila Moreno por última vez, dándonos la mejor inyección de espiritualismo que podemos tener en estos tiempos.

¿Cómo te clasificarías en cuanto a términos musicales? “Me cuesta clasificarme, me aburre pensar en estilos, pero diría que es algo relacionado con el rock, folk, experimental, pop y un poco de psicodelia a veces.” ‘Psicodelia a veces‘, al pasar los años pareciera que la mujer detrás de Mala Madre es nuestro colocón de heroína en el mejor código de psicodelia y experimentalidad que pueda existir en el circuito nacional. Y es que así lo dejan en claro los que conformaron este proyecto – Pangea – con Bathory, No parar de cerrar, no parar de abrir e Incendié, que fueron las primeras líneas de la jornada y tienen en su espíritu un bagaje que lo hace completamente distinto a lo que fueron en sus primeros shows o en sus respectivos discos.

Lo que hizo Pangea en el Teatro Caupolicán es una muestra de que la música no es estática, que vivir de la nostalgia no es vivir y que progresar es parte del arte, y por sobre todo… de la música. Muchas comparaciones se le han hecho, lamentables comparaciones la verdad. Es cierto que hoy en día poco y nada se puede inventar en la música, pero encarnarla desde tu interior más orgánico, desde nuestro interior más natural, es algo que poco se ve hoy en día, es algo que sin duda se va a extrañar. Ejemplo de esto son canciones como Cosas que no se rompen, Sabré si al final, Cuatro heridas o Panal, que son muestra de una propuesta alternativa a lo que hoy en día conocemos.

Más de 20 canciones fueron las que se tocaron en el último show, y la verdad es que nombrar las canciones una por una sería un cliché, lo que hay que destacar sin duda es el apoyo continuo que ha tenido Camila con el feminismo, el gran espacio que le dio a personajes que han incentivado la lucha y han sido parte de esta revolución que está viviendo Chile. Por qué no nombrar también el apañe que tuvo de sus compañeras y compañeros de rubro como Javier Barría, Manuel García, Anita Tijoux y Lisandro Aristimuño, o las y los mismos participantes de Pangea, cada una y uno de ellos ha sido parte fundamental del procesos por el cual nosotros como espectadores podemos entender y digerir lo que Camila nos entrega en sus canciones. Ella quizá lo haya dicho en algunas ocasiones, hay recuerdos de instancias en donde mencionó que si hubiera tenido la oportunidad, el proyecto musical no se habría llamado “Camila Moreno” (si me equivoco, rectifíquenme).

Emblemáticas como Yo enterré mis muertos en tierra, Libres y estúpidos o Máquinas sin Dios, serán el reflejo de por qué los shows en vivo de Camila Moreno son tan intensos. La fuerza y la potencia, hacen de la puesta en escena algo más que electrizante, las palabras quedan cortas para representar lo que se siente y lo que se sintió esa noche del 25 de mayo, la verdad de las cosas es que era esa noche o nunca, era esa noche para poder sentir la piel de gallina y las gargantas cruzadas.

Te quise, Un bordado y Ojos Azules se encargaron de despertarnos del sueño que estábamos presenciando, Camila Moreno bajo las luces y sola sobre el escenario, terminaba los últimos versos y los últimos acordes que escucharemos en vivo por parte de ella. El despido fue más que grato, volvió con su equipo y se dedicó a agradecer a cada uno de los participantes de este proyecto, con una reverencia en masa y ojos emocionados se despidió de sus fanáticos.

Inmortalizar la noche del 25 de mayo sería lo mejor que podríamos hacer, vivir en el loop constante de un ritual lleno de emociones, de las emociones más puras que podamos tener, porque tus conciertos son esa instancia en donde no tienes que estar necesariamente feliz para poder socializar, tú nos diste el espacio para poder sentir las emociones a flor de piel, nos enseñaste que esas emociones “negativas” que algunos llaman, también sirven para algunos propósitos, solo hay que saber canalizarlas y convertirlas en fuerza y en arte. Cada una de tus canciones tiene una vibra única que te eleva a lo alto, más alto que cualquier otra sustancia, sin duda te transformaste en la mejor droga que se podría consumir, en la mejor heroína que uno se puede inyectar, te transformaste en esa droga que pide más y más, cada vez que termina una de tus canciones, necesitamos otra, otra y otra. Por ahora viviremos en la abstinencia – si es que lo logramos -, necesitaremos de rituales para seguir evitando la cacería de brujas, necesitaremos de canciones valientes para seguir enfrentando el patriarcado y necesitaremos tu música para poder conectarnos con la tierra y con la humanidad.

 

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