Editorial

Chris Cornell: un pequeño gracias para una leyenda

Se llenarán las redes, explotarán los comentarios, se denotarán los amigos y amigas del artista en sus expresiones en las redes, se hablará de la última canción que tocó en vivo, se exprimirá de manera honesta y deshonesta el deceso de un grande. Los medios explotaran su imagen, sobre todo aquellos grandes tradicionales que ganan con la muerte de un artista. Pero, aun así, es la realidad, así es el rock dirán alguno, inesperado.

Foto: Lotus

Su esposa no lo podía contactar, llamó a un amigo de la familia para que lo fuera a ver. Post-último show de Soundgarden, abre la puerta de Chris y lo ve tirado con algún objeto en su cuello. La policía no descarte un suicidio.

Durante esta madrugada se confirmó la muerte de Chris Cornell, se desconocen los motivos hasta ahora – sí se habla de sobredosis de heroína, intento de suicidio, pero rumores solamente – inesperado totalmente, 52 luces de vida fueron acabadas de un momento a otro, su último show fue en Detroit con sus camaradas de gira de Soundgarden.

El motivo de volver con Soundgarden, se comentó que era darle un giro y un sucesor a “King Animal”, y quizá otra buena razón es el sentido de camaradería que sentía el frontman con su equipo. Así lo mencionó en sus últimos días, precisamente el 16 de mayo en el fanpage del grupo:

“Lo que siempre espero con más ansias – porque he salido demasiado de gira por mi cuenta en lo últimos años – es la camaradería, es lo que más extrañaba cando no éramos una banda”.

La tristeza nos consume, otro grande que se va, otro micrófono que se apaga, otra vida que la música llorará. Repartida su voz por lo que los medios catalogaron como el grunge con Soundgarden; renovando sonidos en la década de los 90’ con Audioslave y haciendo lo que RATM no logró hacer, llegar a un estrellato supremo con madurez; explorando la soledad, quizá este último lo más recordado en Chile, ya que su último paso lo hizo de solista. Amarrado a lo social, utilizó la música para hacer su pequeño aporte a prácticas comunitarias que beneficiarán a los más necesitados.

El tema de la muerte, quizá por acá no es lo que más nos apena, lo que agita el corazón y lo aprieta de dolor, es el hecho de que se acaba una parte de la música, se termina de forma culminante la música que nos acompañó en el crecer, en nuestra niñez, en nuestra adolescencia, en nuestra madurez, que acompaño nuestras guitarras, nuestras baterías, nuestros bajos, se acaba una parte de la música que acompañó nuestra misma vida con la mujer de la llave de sol. No creo necesario idolatrar al individuo, aunque igual se hace por temas sentimentales; pero acá sí hay un ídolo – de lado quedan los prejuicios si se divulga que el suceso fuese por temas de drogas, porque si tomáramos en cuenta aquello, mejor que no se hable de los grandes del rock y la música -. Tomamos el dolor como propio, nos apoderamos de los sentimientos de otro, pero no con una mala intención, el fanático que sufre, tal cual como con un equipo de fútbol, es porque su música nos acompañó, con ella crecimos, con Chris Cornell crecimos.

Se llenarán las redes, explotarán los comentarios, se denotarán los amigos y amigas del artista en sus expresiones en las redes, se hablará de la última canción que tocó en vivo, se exprimirá de manera honesta y deshonesta el deceso de un grande. Los medios explotaran su imagen, sobre todo aquellos grandes tradicionales que ganan con la muerte de un artista. Pero, aun así, es la realidad, así es el rock dirán alguno, inesperado.

Te mueres tú, te llevas parte significativa de nuestra vida, pero nos dejas los recuerdos de nuestros momentos y tus conciertos con la gente que logró verte, así somos los fanáticos, lloramos a los que con nunca hemos hablado, pero han vivido con nosotros; gracias por la música.

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