Editorial

DIIV: Tímpanos Temblando

La banda newyorkina se presentó el pasado jueves en Blondie. Uno de los conciertos más esperados del año por el público indie no pudo haber dejado a nadie insatisfecho tanto en performance, como en la elección de canciones.

Pablo Benítez

Han pasado unos pocos minutos desde que Adelaida dejó el escenario y los técnicos de DIIV ya está sobre él ajustando los últimos detalles antes del ingreso de la banda. Mientras arreglan cables, colocan pedaleras y traen los instrumentos, de pronto sube también Andrew Bailey, guitarrista de la banda, para programar él mismo sus pedales. Luego se suman el bajista y tecladista que hablan con los técnicos para coordinar si todo está listo. Zachary Cole Smith se sube y después lo hace el baterista. Parece que ninguno está interesado en el ritual de un show tradicional, en el que el cantante ingresa después de la banda y todos esperan aplausos.

El set empieza con la instrumental (Druun, Part II) y demuestran de primera que las guitarras de ensueño, que es la marca registrada de DIIV, son capaces de replicarse también en vivo. Is There Is Are es el primer punto enérgico de la velada, y la banda no se guarda ni por un rato la frase que los fanáticos chilenos están acostumbrados a oír: “Son el mejor público que hay”. Suene cliché o no, apenas empezado el show daba la sensación de que podían no estar tan equivocados.

Bailey se da cuenta de la reacción eufórica del público y no se guarda nada. Parece saber qué partes de las canciones son las más efectivas y justo antes de ellas se adelanta al borde dle escenario, coloca una sonrisa vanidosa en su cara y apunta con su guitarra a la masa que en ese momento salta y se empuja.

Ocurre una cosa rara en los shows de DIIV. Sus canciones no tienen acordes potentes ni estribillos que apelen a una respuesta masiva, aun así, son capaces de generar con sólo unas pocas notas reacciones en el público de una forma que cualquier banda quisiera. Tomemos como ejemplo a Under The Sun. Es una canción que tiene un riff que funciona como su coro y que en algunas secciones es acompañado por la voz de Cole Smith; ese riff consta de cinco notas y todas las canta el público mientras el sector posterior al escenario salta eufórico.

Sobre el telón de fondo, la banda reproduce el mismo video que trajo para su show en la Ex Oz dos años antes. Extractos de la vida de la banda grabados en una cámara Super-8 y que muestran momentos íntimos, salidas nocturnas y dibujos y paisajes con una estética decadente, pero ligada a la de DIIV.

Ahora las canciones están mucho más masticadas por el público que esa vez escuchó las canciones de Is There Is Are por primera vez en ese show. Esos temas fueron parte importante del setlist de la noche del jueves, y que también tuvo el estreno de una canción, una que explora el lado más shoegazer de la banda. Es un buen adelanto de un disco que no tiene título ni fecha, pero que está siendo creado por una banda que dejó los excesos y que no tendrá ayuda de drogas para componer esta vez.

Zachary Cole Smith se detiene en varias ocasiones a interactuar con su audiencia, pero la comunicación no es muy efectiva. Hubo un momento en que preguntó directamente por propuestas de canciones para tocar, pero no fue capaz de entender entre las decenas de nombres que la gente lanzó y todo quedó en nada.

Ya entrado el segundo minuto de Doused, hay cinco personas haciendo crowdsurfing. Es el punto más alto de la noche y queda claro por donde se le mire. Banda y público son uno solo. Esa canción fue la que hizo que DIIV llamara la atención, allá en el 2012, también es una que define la personalidad de la banda. Cuando el tema acaba, entre los aplausos se ve pasar a una persona con la cabeza ensangrentada, posiblemente producto una patada entre tanta que había y que no todos esquivaron.

Algunos deciden quedarse mucho más atrás en la pista central. Son los que no quieren verse involucrados en los golpes y empujones que se repiten durante la hora y media que llega a durar al show. Son los que bailan, cantan y miran fijamente a los cinco que forman DIIV.

El show no se trata sólo de canciones sueltas que funcionan algunas mejor que otras, es uno completo y armado hace ya un tiempo, que no cambia mucho comparándolo con el resto de la gira. Pasa por momentos instrumentales, “sad songs” como dice ZCS, y temas de rock lisérgicos. Uno de los conciertos más esperados del año por el público indie no pudo haber dejado a nadie insatisfecho tanto en performance, como en la elección canciones.

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