Jerga literaria

Dulce Patria, Mauricio Jürgensen (2017)

Más de 50 artistas están plasmados en el color café, pero hay que decir que pareciera que a veces no hay hilo conductor entre las líneas de un artista a otro, puede que esto haya sido así de adrede, o puede ser que la desconexión no esté al no estar familiarizado con cierto género, o puede también que ese es el fin del libro, si es así, entonces bien se puede leer la entrevista de su artista favorito sin antes haber leído el título de su respectivo capitulo.

Ilustración: cortesía

Hace algunos años, quizá simplemente el pasado, se podía decir que sobre música chilena pocos hablaban y nada había de registros en formato libro, pero hoy en día, pleno 2017 ya tenemos bastante catalogo para leer. Y este mismo abril, nació otra evidencia de lo anterior: Dulce Patria (Ediciones B) de Mauricio Jürgensen, periodista y locutor especializado en música popular.

Nueve capítulos y cientos de párrafos, más de cincuenta artistas entrevistas e ideas plasmadas en las hojas, no importa por cuál se empiece, cada capítulo tiene historias y fines distintos, pero no adversos. Pareciera tener un orden cronológico, pero hay momentos en donde se rompe, y cómo no, con tal cantidad de artistas; no solo en la generación del 2000 nacieron los artistas nacionales.

El ser periodista de un medio tradicional connotado es un plus al momento de tener a los artistas en el micrófono, pero el proyecto ‘Dulce Patria’, lo tiene más aun para el acérrimo al canto nacional, al canto chileno, no es un libro para el gusto pop, tampoco para el gusto rock, ni mucho menos para el nostálgico del siglo pasado, no hay segmentos en la meta del libro, consumible por cualquiera. Las historias parten con un título, las conversaciones con una pregunta, y el desarrollo con un cuento. Es de extremo cariño leer estas conversaciones que escapan de las preguntas típicas de algunos periodistas, hay más de fondo, anécdotas enriquecen la lectura, como al de los Prisioneros versus (Eduardo) Gatti en tal café o el por qué Noche de Brujas se llama así. A todo esto, pareciera que sin anécdotas un libro no es libro.

Como se mencionó anteriormente, más de 50 artistas están plasmados en el color café, pero hay que decir que pareciera que a veces no hay hilo conductor entre las líneas de un artista a otro, puede que esto haya sido así de adrede, o puede ser que la desconexión no esté al no estar familiarizado con cierto género, o puede también que ese es el fin del libro, si es así, entonces bien se puede leer la entrevista de su artista favorito sin antes haber leído el título de su respectivo capitulo.

Se agradecen los capítulos influyentes: hay un espacio único para Violeta Parra, extremadamente emocional este episodio, pasando por entrevistas de sus pares cercanos de sangre. Excepcional también, el rasgo y el tinte que se le da a la mal connotada cumbia nacional, la cual hoy en día está pasando por un momento de efervescencia, entrante a la madurez, pero que tiene a una industria a flor de piel. O el reconocimiento que nunca se le dio a la música de bolero popular, o bien el cuestionamiento al proceso creativo del artista contemporáneo. Digno lo anterior, de darle atención.

Entre fotografías casi inéditas – casi porque la internet ha hecho de la palabra inédito algo de la historia de las lenguas – los párrafos van pasando, las entrevistas se van contando y los puntos a partes se van formando, en un simple y satisfactorio punto final.

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Dulce Patria, Mauricio Jürgensen (2017)
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