Editorial

Faith No More, Chile 1995: El shock del reencuentro

El show en cuestión se realizó el 7 de septiembre en el Teatro Monumental, actual Caupolicán, frente a cientos de personas, que frenéticos ante la espera de Ozzy Osbourne, recibían a Billy Gould y los suyos entre escupitajos y gritos. El setlist comenzó con “Ricochet”, canción que pertenece al King For A Day… Fool For A Lifetime, y que fue interpretada con la furia que parecía traer un rapado Mike Patton. Potente inicio de concierto que se ve en pocas bandas. Luego de ese mazazo en la cabeza, retroceden a su anterior disco, Angel Dust, para tocar “Be Agressive”.

Foto: Prensa

Eran mediados de los noventa, y Faith No More, la banda que un día pisó Chile y dejó a todos con los pelos de punta, con su estremecedor paso por la Quinta Vergara en 1991, volvía al país. Mike Patton y compañía se presentaron por segunda vez en territorio nacional en el marco del Festival Monsters Of Rock de 1995. Los estadounidenses quisieron volver a este país raro donde una vez los tacharon de “psicópatas”, y donde Patton declaró su falso amor a Myriam Hernández. Por esos días, el vocalista forjó una amistad que continúa hasta el día de hoy con el periodista, escritor y cineasta, Alberto Fuguet, quien además fuera cómplice de gran parte de las bromas y anécdotas en la mayoría de las visitas que ha tenido Faith No More en Chile.

Por esa oscura década, donde el sonido grunge, y por otro lado el brit pop reinaban en la escena musical, Faith No More había lanzado importantes discos como el que dio la bienvenida al nuevo frontman, The Real Thing; el favorito de muchos, Angel Dust; y el material que fue la excusa perfecta para pisar nuevamente suelo chileno: King For A Day… Fool For A Lifetime. Este último, es un ecléctico trabajo que venía a irrumpir en el mundo de la música, pues en él se desarrollaron tan variados estilos y formas musicales, que se alejaban casi por completo de lo que venía haciendo tanto la banda, como el resto de las agrupaciones de la época. Se podría escuchar el álbum como si se tratase de un compilado de otros discos, todos distintos entre sí. La voz va variando en cada canción, e incluso dentro de las mismas piezas, quedando demostrada aquella versatilidad que los caracteriza.

El show en cuestión se realizó el 7 de septiembre en el Teatro Monumental, actual Caupolicán, frente a cientos de personas, que frenéticos ante la espera de Ozzy Osbourne, recibían a Billy Gould y los suyos entre escupitajos y gritos. El setlist comenzó con “Ricochet”, canción que pertenece al King For A Day… Fool For A Lifetime, y que fue interpretada con la furia que parecía traer un rapado Mike Patton. Potente inicio de concierto que se ve en pocas bandas. Luego de ese mazazo en la cabeza, retroceden a su anterior disco, Angel Dust, para tocar “Be Agressive”.

El nivel de energía y estridencia no bajaron, pues se mantuvieron en pie, pese a darlo todo en la primera canción. Las interacciones entre Faith No More y el público chileno se hicieron notar: se escucha que uno de ellos dice “la raja”, algo ya típico en las presentaciones que realizan por acá. Siguen y tocan “Midlife Crisis”, la gente comienza a arrojar escupos, mientras que el vocalista salvajemente los desafía señalando que le apunten en la boca. Es impresionante ver que una banda no sale despavorida del escenario por este tan peculiar recibimiento, Faith No More en cambio, sigue al pie del cañón, autoexigiéndose aún más.

Suena “What A Day”, y la voz sigue tan alta como al principio. Es hora de cantar la versión en español de la maravillosa “Evidence”, pero sin antes decir “¡qué gusto!”, “escuche bien”, y “oh gracias”, para luego compartir un coqueto beso hacia la audiencia. Pasar de un cúmulo de ruido y gritos, más la saliva y flema de los espectadores, a una melodiosa pieza que pareciera ser romántica, pero que está lejos de serlo, es algo bastante raro y a la vez agradable.

La eufórica “Surprise! You’re Dead!”, hace recordar el mítico show del Festival de Viña del 91’, pero con la salvedad de que Patton muestra una voz más madura e incluso más agresiva, que la que aquel joven de mohicano presentó en la noche del tradicional certamen. “Cansados de mierda”, les dice a los asistentes cuando empieza a sonar “We Care A Lot”. Las personas dentro del recinto parecen responder a esta provocación con más escupos y esta vez, con la ovación que la agrupación se merece. Se escucha el cover “Easy”, y todos corean e incluso prenden encendedores y papales, generando un ambiente más cálido y amable. Luego de “Introduce Yourself”, homenajean a Portishead con su versión más breve de “Glory Box”, que resulta bastante sexy y sobrecogedora, para dar pie a la furiosa “Get Out”, la que desafortunadamente no logra ser oída íntegramente, debido a una falla en el micrófono, el que segundos después, fue arrojado lejos por el propio Patton.

Pese a no estar físicamente en el lugar, aquella energía que emana de estos cinco músicos, parece traspasar la pantalla, tanto así que no es necesario haber vivido esa experiencia para vibrar junto a esa afortunada multitud que sí estuvo presente. Algunos segundos de descanso y siguen con “Caffeine”, que es intervenida por pifias de los no entendidos en la canción, pues existe un largo silencio de la voz en medio de la duración del track. Tal vez creyeron que había ocurrido otra falla técnica en el sonido del micrófono. El hit y quizá el tema más conocido del quinteto, “Epic”, es recibido con saltos y la locura de los metaleros. La guerra parece haberla ganado Faith No More.
“Digging The Grave” muestra al tecladista, Roddy Buttun en la guitarra, y continúan encantando al antes hostil público. Anuncian la última canción, “porque yo soy sólo un hombre” dice en español Mike Patton, quien ya se muestra más relajado y satisfecho. Impecables la voz y la música en esos 56 minutos de una constante lucha entre ellos y la muchedumbre. Una pausa y regresan para dar un guiño a Take That con “Back For Good”, y cantar a todo pulmón “I Started A Joke”, otro de sus grandes covers.

El recital finaliza sin bajar sus decibeles, y se despiden por una larga temporada de Chile con el clásico del The Real Thing, “From Out Of Nowhere”. Esta presentación sin duda consolidó el fanatismo de los chilenos por ellos, y dio inicio a una larga lista de ocasiones en que casi sagradamente, se siguió la extraña y bizarra tradición de recibirlos con lo que hoy el quinteto llama una “pollada”. Los de San Francisco se separarían en 1998, y no regresarían a Sudamérica hasta el año 2009, para una gira de reunión. Pero eso ya es otra historia, una que merece un completo análisis en otro artículo.

Por Jocelyn Jara.

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