Reseñas

Interpol – Marauder (2018)

Esta no es la clase de producciones con las que uno se introduzca a un género en particular. Muy por el contrario, se encuentra en una zona de conformidad en que tienes que estar sumergido a metros de la escena para disfrutarla a plenitud.

“Si no está roto, no lo arregles” es un dicho bastante popular en países de habla inglesa. Si se tiene un buen concepto bajo la manga ¿por qué cambiarlo? Un estilo de vida que ha sostenido de forma íntegra a la discografía de los norteamericanos Interpol. Cosechando un abrumador éxito con su debut “Turn On the Bright Lights” (2002) junto a un mordaz y melancólico indie rock, todo aquello que ha seguido en su movimiento musical ha sido una variación del estilo con el que dejaron su nombre sobre el pavimento. Y “Marauder” no viene para hacer una diferencia.

Desde el primer instante de la vulnerable “If You Really Love Nothing” hasta el delicado pulso de la suave “It Probably Matters”, el LP busca retratar a un personaje débil y confundido: “el merodeador”. Este hilo conductor se hace presente levemente durante el disco, siendo más un dato curioso de ciertas canciones, que un concepto detrás de la música. Aún así, la sensación melancólica que muchas de las composiciones de Interpol irradian sigue estando presente, y junto a ello, un territorio armónico y fácilmente hipnótico.

Sin una temática que una a la narrativa, el álbum se conduce entre sucias armonías alternativas. “The Rover” se abre con un adictivo punteo de guitarras y un narrador quien describe una figura parecida al líder de una secta. “Caminen en sus propios pies, dice el vagabundo” es aquello que recita el coro. La voz de Paul Banks pone encima su característico tono y canta melódicamente acerca de sectas y mesías. El ritmo veloz se adueña de la melodía del corte, y entrevé una producción hipnótica, aunque ya conocida.

Esta no es la clase de trabajos con los que uno se introduzca a un género en particular. Muy por el contrario, se encuentra en una zona de conformidad en que tienes que estar sumergido a metros de la escena para poder disfrutarla a plenitud. La producción es concisa y hasta cierto punto, reciclada. Tomando elementos pasados de la carrera del grupo y otras bandas de los últimos años. Sin hacer nada malo con ello, sino que envolviéndose en esta cálida atmósfera de rock alternativo.

Ante una falta completa de cohesión, “Merauder” se nutre de eclécticos movimientos de guitarra y bajo, y uno que otro divertimos paso de batería. La fórmula del grupo puede que esté sobre-usada, pero en ningún caso se muestra agotada. Esto especialmente porque temas como “Flight of Fancy” logran sostener composiciones frenéticas y entretenidas, y junto a ello, no perder la atención del auditor.

Vale la pena preguntarse cuántos álbumes más debe sacar el cuarteto antes de decidirse a hacer algo que de vuelta su mesa artística. No obstante, mientras sus arreglos sigan siendo ácidas armonías independientes, habrá un público que lo disfrute. Y más aún, un lugar en el corazón de los amantes de este tipo de música para aceptar en su panorama diario el meter una que otra canción de un álbum que toma todos los puntos que deberían necesiar para sentirte en casa.

Nota: 7/10

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