Editorial

Jorge González: estrechez de corazones

Se dice que está a la altura de Violeta Parra y Víctor Jara, pero sin menospreciar a ninguno de esos grandes; seamos sinceros, a Jorge no se le empezará a sobrevalorar después de su muerte, a Jorge se le empezó a tributar (distinto a sobrevalorar) hace varios años atrás y eso es reflejo de la trascendencia que tuvo en Chile, todo su historial está hecho para estos tributos, atrás quedaron esas críticas de la prensa hace décadas solo por decir las cosas como son, atrás quedaron esos prejuicios a las personas que dicen la verdad sin pelos en la lengua.

Foto: diego puente

Era variada la gama de personas e intereses que había en la pasada Cumbre del Rock, pero al parecer algo estaba claro: ver a Jorge González en su último show. Ya se ha dicho que un artista que puede trascender generaciones es un buen artista por no decir más. El Estadio Nacional ya estaba repleto, un público sumamente respetuoso (más allá de las pifias por el único atraso del día) con los artistas, esperaron impacientemente a Jorge.

Sobre el escenario hacían sus amigos, Pedro Piedra con un bajo, Jorge de la Selva y Gonzalo Yáñez con guitarra, su tecladista Pepito y Eller en las percusiones, todo en un set unplugged. Entra Jorge al escenario (ayudado) se sienta y comienza un vídeo emotivo con alguna de las mejores frases de entrevistas y conciertos. Suena “trenes” y al finalizar señala que esta es una velada para despedir a sus amigos que lo han ayudado tanto tiempo, sigue “Nada es PAara Siempre” -en donde Jorge motiva a sus compañeros diciéndoles “vamos arriba la conchalerora”- y “hombre” de su disco homónimo, y acá quedó para la suposición de cada uno lo que estaba sucediendo; obviamente las canciones estaban elegidas con minuciosidad, pero estas en específico tenían algo más, parecía que Jorge nos estaba diciendo bien directamente lo que él estaba pasando y lo que el querría que pasará, simplemente escuchE o recuerde la letra de las canciones.

“Esta es la historia de un hombre que alguna vez fue muy fuerte y amigo de hacer el bien, hoy navega por los mares de la autocompasión y se llora cada noche hasta salir el sol”

“Una noche entera” sacó las primeras risas hacía el público, tanto él como sus amigos nos mostraban felicidad. Si bien Gonzalo Yáñez en entrevistas antes de su presentación con Jorge mencionó que no sabría cómo reaccionaría, dejó en claro la felicidad de estar con su mejor amigo, risas entre ellos y los demás así lo reflejaban. Pasada la noche, se sentía la emoción, pero con serenidad entre los espectadores, fanáticos y futuros fanáticos. Ahora sí, cambia la temática amenamente, señalando que tocaría un cover de Bob Dylan y Axl Rose, era “Knockin on Heavens Door” pero con la letra cambiada, le da una buen pase a “cumbia triste” en donde Jorge ya comenzó a motivar al público con palabras de aliento, “brigada de negro” fue el reflejo de la motivación coreada por un estadio nacional con una cancha repleta, siguieron los hits: “Mi casa en el árbol” y “amiga mía”.

He aquí el momento incomodo, se sabía que Jorge González al recibir su premio (orden al mérito Pablo Neruda) no hablaría en lo absoluto por temas de contexto y porque el Ministro de Cultura, Ernesto Ottone iba ser el encargado de dar el premio, pero como ya sabemos Jorge a pesar de todo mantiene su agudeza en los comentarios, por lo mismo y por seguir con la música, él no hablaría, y así fue, no lo hizo, lo que dejo a un político en lo absoluto incómodo. Jorge rápidamente dice “sigamos con el show” sin si quiera mirar el premio. “Tren al Sur” dejó de lado la incomodidad, la gente ahí presente se hacía ver triste, algunas lágrimas caían, las cuales se hacían desapercibir cantando, por último “El baile de los que sobran” invitó a Isolina Arbulú (vocalista de Nadie), sin duda una de las más coreadas, es imposible que está canción pase a la historia, porque trascenderá en ella, lo que sí, será imposible escucharla de nuevo en la voz de Jorge, esa potencia era la misma a pesar de su salud, esa fuerza y ese aguante sí quedan en la historia, hasta ese instante él seguía motivándonos. Se gritaba, se cantaba, coreaba, lloraba, y por, sobre todo, nadie quería que esa noche terminará, estrechó corazones como nunca lo hará otro artista nacional.

Se paró para entregar el premio “Icono del Rock” a Álvaro Henriquez, otro momento incomodo, Álvaro en ningún momento pareció mirarlo a los ojos, pero bueno, ya sabemos quién es el vocalista de Los Tres, y así entre música de este grupo, Jorge se retira de los escenarios con ayuda de sus hijos.

Jorge en el transcurso del show miraba hacia arriba, miraba a sus amigos, miraba al suelo, miraba al público y este último a su vez solo lo miraba a él, con su polera de gatochico, es ahí donde se recalca lo que dijo Jorge en una entrevista varios años atrás “mantengo una relación de contradicción en todo lo que hago” y así fue su obra musical. Su trascendencia en su historia de la música nacional.

Se dice que está a la altura de Violeta Parra y Víctor Jara, pero sin menospreciar a ninguno de esos grandes; seamos sinceros, a Jorge no se le empezará a sobrevalorar después de su muerte, a Jorge se le empezó a tributar (distinto a sobrevalorar) hace varios años atrás y eso es reflejo de la trascendencia que tuvo en Chile, todo su historial está hecho para estos tributos, atrás quedaron esas críticas de la prensa hace décadas solo por decir las cosas como son, atrás quedaron esos prejuicios a las personas que dicen la verdad sin pelos en la lengua, es que a veces no se trata de asertividad, a veces se trata de despertar, y eso es lo que hizo y hace Jorge a varias generaciones.

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