Editorial

“One More Time With Feeling” de Nick Cave and the Bad Seeds

El segundo documental acerca del músico australiano Nick Cave “One More Time With Feeling” nos conecta desde lo más crudo, desde lo más perdido.

Foto: nickcave.com

“¿Son aquellas cosas invisibles, las cosas perdidas, las que poseen esta masa, peso?” nos interroga Nick Cave. Aquel peso del que nos propone pareciera ser imposible de evadir, el peso de aquello que no está, que se ha perdido como materia. Y así como el tiempo logra el desvanecimiento de las cosas, las narrativas van perdiendo su linealidad, así como su pertinencia.

El segundo y más reciente documental acerca del músico australiano Nick Cave “One More Time With Feeling” nos conecta desde lo más crudo, desde lo perdido. Apenas tres años desde “20.000 Days on Earth”, el nuevo documental se aproxima al proceso de grabación de su reciente material discográfico, esta vez desde la pérdida, la angustia y el desvanecimiento que conlleva todo aquello, hasta el perder la identidad. “Skeleton Tree” encuentra a un Nick Cave en fractura, una que se remite a su hijo Arthur Cave de 15 años – gemelo de Earl Cave – quien fallece en un precipicio en Brighton luego de ingerir LSD. La fractura de Nick se materializa abarcando la grabación expuesta de un álbum y los obstáculos en los que se sumerge tal quiebre espacial.

Lo fotográfico en este documental es imprescindible, dirigido por el australiano nacido en Nueva Zelanda Andrew Dominik la pieza documental fue grabada con una cámara 3D blanco y negro, alcanzando una nitidez y valores de grises remarcables. Desde la composición de cada cuadro, el blanco y negro resalta y nos integra desde el gris medio de la piel y cada grano se alcanza como una capa por penetrar. La agilidad demostrada en las dos horas y dos minutos de duración es alcanzada por el registro, en el mismo documental podemos ver el recorrido de la gran cámara por los rieles circulares, los que darían un recorrido 360º por el estudio utilizado por Nick Cave & the Bad Seeds.

Los recorridos circulares entonces nos dejan ver ensayos, grabaciones, preparaciones y obstáculos tanto en el quehacer musical como en la engorrosa grabación 3D. El documental entonces nos muestran alrededor de 35 minutos de grabación cruda de Nick y sus malas semillas en los Air Studios en Londres, capturados en un temprano 2016. Aquí como eje central, también se añaden entrevistas desde Dominik hacia los tres principales agentes de la película: Nick, Warren Ellis y Susie Cave.

Andrew Dominik explicaba para la Rolling Stones

“El álbum posee una disgregación. Es muy separado en la forma en la que los sonidos están organizados. Básicamente el 3D es muy interesante porque en envolvente, pero no emocionalmente envolvente. Te posiciona en el momento, pero al mismo tiempo el blanco y negro crea una distancia estética. Quería hacer algo que te diera nuevos ojos, es un nuevo mundo para ellos. Sabía que este film sería como un poema o una colección de momentos que no necesariamente tienen un momento narrativo, y quería crear un espacio mental donde aquellas cosas pudieran sumergir a una audiencia en vez de irritarlos.”

Para poder entrar en todo lo coleccionado, Nick no comienza con su usual narración, sino que deja un espacio inicial, disgregado en donde se aproxima tímidamente como si ya no fuera él mismo el que nos está dirigiendo las palabras. Desde su distante tanteo vamos entrando en diferentes momentos, que como ya se adelantaba no poseen una narratividad lineal, sino que componen un todo, un recorrido espacial y emocional.

Así nos van integrando escenas más holgadas que en el documental anterior, una cierta autoconsciencia de grabación muy marcada, sin un guión establecido, sin una narración base. Susie y Earl en sus apariciones dejan entrar en lo personal y también en lo fracturado, pero entran como aquello que es resistente e imprescindible. Es así también que Warren Ellis como figura aquí es una tan importante como Cave – en las mismas palabras de Nick – siendo uno de los cimientos del músico protagonista.

Su historia como colaboradores la podemos trazar desde los inicios de the Bad Seeds y abarcan Scores de películas como The Road, Lawless, Hell or Highwater y El Asesianto de Jesse James por el cobarde Robert Ford también dirigida por Andrew Dominik. Diferentes escenas unifican lo que es Ellis/Cave, no desde lo literal sino como parte de una tensión muy importante. Volviendo hacia las narrativas, Dominik nota algo peculiar en el nuevo álbum de NC&tBS: su lejanía de las narrativas. Cave es un compositor que se ha caracterizado por recoger la narrativa como principal recurso en su lírica, creando así una linealidad y cierta comodidad. Lo que hoy se nos presenta musicalmente lo podemos describir como una secuencia de narrativas interrumpidas, y en las propias palabras de Cave en el film: “Ya no creo en las narrativas, la vida no es así… la lida no es una historia, todos esperamos que así lo sea”.

Aquella narrativa en la cual se creía firmemente se ve interrumpida, y así como la angustia y la ansiedad pueden encontrarse como profecías de ciertos momentos. Sus temas, colmados de angustia visionaria pueden predecir ciertas dinámicas, ciertas situaciones, así como los sueños. Susie en este caso, se encuentra extremadamente supersticiosa de lo escrito por NC, naturaleza de la lírica en la música en general. Aquello Cave lo traza en el documental en lo inconsciente, y cómo aquella reserva de conocimiento nos destella elementos que lo racional pareció evitar.

Cave menciona la pérdida de muchos elementos, uno de aquellos es su voz. Reitera el desconocimiento de su alargado cuerpo, el cual se da debido a devastadores cambios: ellos te cambian por dentro pero el mundo pareciera ser el mismo, pero te arrebatan aquella cómoda posición antes encontrada. Reitera que se le han olvidado los acordes, parecieran haber desvanecido junto con otras cosas como lo es la fuerza de sus propias cuerdas vocales.
Nicholas Edward Cave nacido en Warracknabeal, Australia expone sus miedos en el blanco y negro, de la manera más sutil y poderosa posible. El violento sonido que hemos vivido con el legado de The Birthday Party parece haberse quedado en la lejanía de un tiempo irrecuperable. Andrew Dominik y compañía generan un espacio incómodo a ratos, y ahondan en el desconcierto que parece adueñarse de los Cave. La técnica cinematográfica es algo que no deben dejar pasar al adentrarse en los detalles del complejo documental.

¿Cuándo fue que Nick cave se convirtió en un objeto de piedad? ¿Cuándo fue que la fractura se transforma en el eje? ¿Dónde se posiciona la pasión y lo desvanecido? ¿Quiénes han sobrevivido realmente?
Son algunas de las interrogante indirectas que nos podría dejar tal detallado documental. El príncipe de la oscuridad y drop out de un Instituto de Arte en Melbourne, Nick Cave se instala como la versatilidad vigente. Lo que hoy destacamos no se puede expresar de manera más elocuente que en el propio film. Las narrativas se ven interrumpidas por las fracturas, las tragedias, lo invisible y aquello que se densifica en nuestro quehacer diario. Un documental que abarca áreas insaciables y despega como una agridulce colección de momentos, algo así como detener el tiempo, entrar en el blanco y negro y perderse en el abismo visual para sumergirse en todo aquello que hemos perdido.

“Someone’s gotta sing the pain” Nick Cave

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