Editorial

Pearl Jam: el Sonido de Seattle sigue Vivo

La potencia avasalladora y de convocatoria son una de las mejores armas que tiene Pearl Jam, en conjunto con su capacidad de apoderarse de las canciones a las que les hacen cover como “Last Kiss”, “Comfortably Numb” o “Rockin’ in the Free World”, esta última estuvo precedida por Alive, ocasión para que la batería de Matt Cameron rugiera como no lo hizo tres noches atrás. Es que el hombre detrás de las baquetas de lo que alguna vez fue Soundgarden y Temple of the Dog es una carta oculta que aún no se le saca provecho alguno.

Ph Carlos Müller

Una lógica de un espacio íntimo no se compara con una de un espacio masivo, las comparaciones pueden ser tediosas pero como Pearl Jam se dio el lujo de tocar dos veces en una semana, no está de más recalcar los detalles que marcan la diferencia entre el encuentro del martes 13 en el Movistar Arena y del viernes 16 en Lollapalooza. Almas que bordean las 80 mil personas hicieron que lo íntimo que tuvo la primera presentación no fuera algo de envidiar – por lo menos para algunos -.

Para que se entienda el cuadro comparativo: la cercano, lo empático y lo intimo que se generó en la primera presentación dio pasó a estrenar canciones más lentas, menos rockeras como “Garden”, “Come back” o “Footstep” (esa versión algo alternativa o alternada de “Times Of Trouble” de Temple of the Dog“. Estas melodías calzaban perfectamente con el promedio de edad que en el recinto cerrado había, quizá de unos 35 años, esas almas de los últimos vestigios de los años de la Generación X. En cambio, en Lollapalooza el ambiente era algo más diverso, jóvenes millenials se apretaban para llegar cerca del escenario, junto a una que otra alma adolescente nacida en los primeros años del siglo XXI.

En fin, en su despedida de Chile el setlist fue increíblemente más movido, el juego de piernas y de resistencia se hizo notar frente a canciones cómodas al oído suave: “Corduroy”, “Why Go”, “Do the Evolution” o “Even Flow” fueron algunas que hicieron acrecentar la adrenalina en el Parque O’higgins. Obviamente como ya es de notar, la lista de canciones fue distinta – cosa que es más que agradecida -. Las canciones de Pearl Jam parecen ser parte de la identidad nacional o santiaguina, quizá por algo Santiago es la ciudad que más escucha a los de Seattle en el mundo – según Spotify -.

La escénica fue la misma, el pequeño pero significativo gesto de Matt Cameron fue el mismo, solo que está vez utilizó una polera 90 – esa que hizo popular Chris Cornell en sus años de crecimiento musical -, el saludo de cumpleaños a Jeff Ament también se hizo, el español tierno de Eddie también se presentó, ¿la diferencia? la conexión en otro código que se generó: más adrenalina, más vino, más rock. Pero el resultado es el mismo, la misma efervescencia, la misma inyección electrizante pareciera generarse en distintos espacios… en distintos contextos.

La potencia avasalladora y de convocatoria son una de las mejores armas que tiene Pearl Jam, en conjunto con su capacidad de apoderarse de las canciones a las que les hacen cover como “Last Kiss”, “Comfortably Numb” o “Rockin’ in the Free World”, esta última estuvo precedida por Alive, ocasión para que la batería de Matt Cameron rugiera como no lo hizo tres noches atrás. Es que el hombre detrás de las baquetas de lo que alguna vez fue Soundgarden y Temple of the Dog es una carta oculta que aún no se le saca provecho alguno.

Pasearse frente al público, servir vino en boca, ponerse una máscara de Donald Trump con nariz de payaso, mirar a los asistentes como si se estuviera aprendiendo las caras de cada uno es algo que refleja la cercanía de Eddie Vedder, mientras tanto Mike McCready hacía lo suyo mediante guiños y jugueteos con el público tal cual como lo hizo Jeff Ament mientras sostenía las cuatro cuerdas.

Jeremy” se posó como el regalo de la noche, esa canción que se dieron el lujo de no tocar el martes, se hizo presente al unísono en las gargantas de 80 mil asistentes. Luego del clásico cover a Neil Young (“Rockin’ in the Free World”), el quinteto – que bien puede catalogarse ya como un sexteto junto a Boom Gaspar en teclados – se despedía de la manera más satisfecha posible, entre gritos y escándalo se pedía “Black“, tarareos de los monosílabos finales de la canción se hicieron escuchar, pero oídos sordos hicieron los de Seattle, ya que se dispusieron a coronar la noche con “Yellow Ledbetter“.

En un código de relajo y conformidad, los que quedan del Sonido de Seattle sellaron la primera noche de Lollapalooza y dieron el adiós a Chile. Más de 25 años llevan sobre los escenarios, haciendo música, en giras, en estadios por el mundo, haciendo la música que en su momento se catalogo como Grunge. Hace algunos días estaba de acuerdo con que musicalmente – en lo que respecta solo a sonido – el Grunge no existió, pero los que engloban el sonido de Seatlle tienen una distinción frente al rock u otro estilo, pero es una historia que se justificará en su momento. Por ahora, el adiós de Pearl Jam es bienvenido, en Lollapalooza se rockeo como si en un mundo libre se estuviera.

LOLLA 🇨🇱🇨🇱🇨🇱

A post shared by Pearl Jam (@pearljam) on

 

 

 

¿Grunge? ¿Sonido de Seattle? ¿Movimiento Grunge? ¿Grunge Still Alive?…

 

Share Button
Pearl Jam: el Sonido de Seattle sigue Vivo
Al inicio