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Queens of the Stone Age – …Like Clockwork (2013)

Posterior al lanzamiento de “Era Vulgaris” (2007) el futuro era incierto para Queens of the Stone Age. El líder de la siniestra agrupación parecía cada día más interesado en formar proyectos alternos, que en escribir canciones para un eventual próximo álbum. Y en los seis años que siguieron Eagles of Death Metal y Them Crooked Vultures vieron material salir de sus manos, pero nada de los californianos. Junto a esto, las desgracias azotaron múltiples veces a la banda. Natasha Shneider, quien fuera tecladista un tiempo de Queens y cercana amiga de Josh Homme (además de esposa de Alain Johannes), falleció en 2008 producto de un cáncer al pulmón. Y posteriormente Homme presentaría complicaciones a su salud que lo llevarían a cirugía. Cosa que además lo conduciría a una profunda depresión poniendo en tela su continuidad en la música.

Con todo esto, el panorama de la nueva década no se veía prometedor, sin embargo dichas experiencias se entrelucirían para formar lo que sería el retorno triunfal de la banda: “…Like Clockwork”. El sexto larga duración de los estadounidenses no solo sería el primer material que el grupo publicaría en años, sino que además marcaría una nueva etapa en la ya brillante carrera de Queens. Fuera de ser cualquier vaga continuación de la carrera de los rockeros, el disco sirvió de pasó a una nueva generación de música pesada.

“Keep Your Eyes Peleed” abre sintonizando un tono oscuro. El corte evoca al lado stoner más lento y pesado de la banda. Haciendo constante referencia a emociones iracundas, el narrador expone su sentir iracundo y distorsionado. El tono deprimente del tema se ve genialmente acompañado de baterías y bajos pesados mientras el ritmo se mantiene pausado. La introducción del álbum marca un tono depresivo que incluso en los momentos más optimistas seguirá dando a entender una melancolía innata.

Cambiando radicalmente de inflexión, “I Sat by the Ocean” arriba en sensaciones alegres para dar un mensaje igualmente menoscaba de amor y separación. El uso de un rock alternativo estándar genera una orgánica dicotomía entre el agresivo hard rock de ciertas canciones y las tonadas pop. Y junto a la melódica voz de Homme, acompañada de falsettes ocasionales, el corte se vuelve uno de los más adictivos trabajos del grupo. Luego, “The  Vampyre of Time and Memory” se adentra entre un columna de piano para dar un mensaje de amor desesperado y triste. La pena en la voz del compositor hace de la canción un himno desgarrador que progresa para explotar en sensaciones y guitarras desoladoras.

El ritmo nocturno y lúgubre del álbum logra moverse en distintos rangos emocionales. Ya sea para contar una historia de desamor, como para exhibir sus instintos más arcaicos. “If I Had a Tail” es una oda a la vida  vaga y pecadora, en que el mismo narrador da a entender que está a solo una cola de convertirse en un animal y ser dueño de la noche. Los bajos oscuros y guitarras psicodélicas gestan un entorno constante de soledad, marcando una delgada línea entre la admiración y el desdén que siente el compositor por el ambiente de consumismo y adicción en que habita.

El excelente equilibrio entre poéticas líricas de odio y amor, y las obsesivas líneas musicales que el álbum irradia, permiten que una serie de sencillos se hayan ganado el corazón de los fanáticos. El primer adelanto, “My Gold Is the Sun”, es un corte de esencia pura de la banda. Con un ritmo en tres cuartos, y un uso sencillo aunque eficaz de la instrumentalización, es fácilmente de los temas más absorbentes de “…Like Clockwork”. Plagado de referencias desérticas al más puro y clásico estilo de la agrupación, Homme logra mezclar lo mejor del tono característico del grupo con sus nuevas influencias.

Uno de los elementos más destacables del álbum es su potente uso de colaboraciones. Por un lado, Dave Grohl aportó con casi la mitad de las baterías del LP luego de la salida de Joey Castilla durante el proceso de grabación. Y junto a esto, “Kalopsia” se nutre excelentemente de la participación de Trent Reznor. Quien vuelve a aparecer en “Fairweaher Friends” en las voces secundarias. Dicho tema además posee la potente contribución de Elton John en los pianos. Dando a entender que el uso de la alta gama de amigos de Homme no es solo una forma de subirle el tono al disco, sino que una orgánica mezcla creativa que se eleva por sobre una anotación olvidable.

Llegando casi al final del álbum, “Smooth Sailing” da una exquisita muestra de como menos es más. La columna del tema se conduce en guitarras y bajos sencillos, dando extrañamente en una de las canciones más memorables del LP. Homme no teme dar muestras de egocentrismo, ya que ahora que ha dejado toda la basura atrás, está listo para dar vuelta las cosas y seguir viento en popa. El corte es una constante referencia a los episodios previos a la publicación del disco, en que el líder estuvo a punto de abandonar la música. Dictando que ahora que ha vuelto, será para dejar las cosas mejor a como están.

El concepto del álbum va evolucionando desde la melancolía y la depresión, hasta un estado de casi narcisismo. El séptimo corte alude directamente a los “fair weather friends”: amigos que solo están cuando las condiciones son favorables. Y dejando a aquellas personas atrás, el líder se ve dispuesto a quebrar la realidad.

No obstante, al cerrar, Homme da sus últimos atisbos de melancolía antes de perderse en el silencio. “I Appear Missing” narra la experiencia cercana a la muerte del compositor, y el producto de esto en su salud mental. El corte juega entre los versos calmados y los estribillos potentes. Las guitarras nunca olvidan su lugar y se conjugan para explotar en sensaciones melancólicas mientras las baterías se exaltan. A pesar de que la canción nunca se publicó como un sencillo, se convirtió rápidamente en una de las favoritas de la banda, y en su sentido personal es difícil no simpatizar con la tristeza del autor.

Finalmente el tema homónimo disminuye el ritmo, introduciéndose en acordes de piano acompañados de la solitaria voz de Josh Homme. Un corte hermoso de dulce tristeza y suave pesar. Poco a poco la sosegada instrumentalización empieza a introducirse para cerrar el álbum en un punto álgido. Las delgadas líneas de bajo seguidas de sólidos acompañamientos de guitarra se entrelucen junto a constante sonido del piano, para dar en uno de los finales más íntimos que la agrupación ha manufacturado.

En su sexto álbum de estudio, Queens of the Stone Age no solo entregó uno de sus trabajos más personales, sino que el equilibrio perfecto entre hermosas líricas y adictivas líneas instrumentales. “…Like Clockwork” es más que uno de los mejores discos de los californianos, es un clásico moderno. El trabajo de un compositor encontrándose con la peor versión de sí mismo y aprendiendo a lidiar con ella. Una narración siniestra y la viva imagen del hombre detrás de las líricas. El punto culmine de años de estados inciertos que finalmente marcaron un hito en lo que el rock moderno puede llegar a ser.

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