Editorial

Cómo el rave iluminó a Primal Scream

La banda británica se presenta este viernes 2 de marzo en la explanada de Matucana 100, junto a Alejandro Paz y Los Resentidos.

Foto: Martin Rickett/PA

El año 1989 encontraba a Primal Scream con un segundo disco dificilísimo entre las manos. Su homónimo había tenido poco o nula prensa y era cada vez más complejo sacar ganancias de un material que todos parecían odiar. Al menos eso pensaba Andrew Weatherall, DJ y productor británico que por esos años empezaba a formar parte una incipiente escena dentro de clubs que a inicios de la década siguiente se masificaría por todo Reino Unido. La quinta canción de ese disco era una serie de guitarras con algo de psicodelia que a medio camino incorporaba teclados en acordes que ahora resultan muy familiares; se llamaba  “I’m Losing More Than I’ll Ever Have” y se transformó en la favorita de Weatherall apenas se la presentó su manager, que trabajaba dentro de la misma disquera que acogía a Primal Scream.

Fue en una fiesta donde The Orb, también productor, las hacía de DJ en que conoció a Andrew Innes, guitarrista de los Primal, y entre lo que él describe como cantos de ballena, que Innes le sugirió la idea de hacer un remix de alguna de sus canciones. Weatherall en ese momento no poseía suficiente experiencia para esa misión, por lo mismo se mostró un poco inseguro para completar la tarea. Sin embargo, lo que carecía de conocimientos en programación dentro del estudio, lo compensaba con su impecable instinto para saber lo que funcionaba en la pista de baile.

A la originalmente balada “I’m Losing More Than I’ll Ever Have” se le fueron agregando loops de baterías de rasgos soul mientras Weatherall iba creando sobre la marcha y modificaba de una forma no lo suficientemente invasiva la canción. El resultado fue un primer intento que quedaba plano y demasiado respetuoso con la versión original. Cuando Innes la escuchó y no lo convenció no se guardó nada: “Sólo hazla mierda”. Así que tuvo hacer lo que hiciera falta para dar justicia a esa instrucción.

Después de desnudar la línea de piano original, agregar vientos, una porción de gospel y una pizca de loops de baterías, solo faltaba el ingrediente final. Una intro memorable que llamara la atención de inmediato en la pista de baile y reflejara esa ansia juvenil por la fiesta y el efímero “buen rato”. Innes sugirió samplear un parte de un diálogo de la motoquera película de finales de los sesenta “The Wild Angels”, en donde un cura le pregunta a Peter Fonda “¿Qué es lo que tanto quieren hacer? “. La respuesta sería icónica: “Queremos ser libres de hacer lo que queramos hacer… queremos emborracharnos (get loaded) y queremos pasar un buen rato” Así nacía “Loaded”.

La primera vez que Loaded sonó fue en un club nocturno londinense desde el tornamesa de Weatherall. La primera reacción del público fue entonar “woo ooh..”, a medida que progresaba el estreno en un guiño a “Sympathy For The Devil”. Mick Jones de The Clash estaba ahí esa noche y se le acercó a preguntarle sobre la canción y averiguar quiénes estaban detrás de ella. En Marzo de 1990 el single Loaded debutó en el Reino Unido y alcanzó el lugar 16 en los rankings de popularidad.

Después de un par de discos que llamaron muy poco la atención, Primal Scream por fin había alcanzado posicionarse con una canción exitosa, aunque la mayor parte de crédito se debía innegablemente a Weatherall. Todos se sorprendieron de que la banda haya tenido un hit, incluso desde su disquera, Creation Records, que la había contratado hace seis años y no con un muy buen pasar. A pesar de que la banda se mostraba desconfiada del hecho de que la voz de Bobby Gillespie no estuviera presente en el single, no dudaron en aprovechar el momento de relevancia y empezar a trabajar en un nuevo disco que pudiera capitalizar las miradas y los buenos comentarios.

Durante esos años en Inglaterra se estaban formando un fenómeno musical y social. Algunos DJs después de sus viajes a Ibiza se habían impregnado de esta nueva movida las fiestas acid house y al mismo tiempo del éxtasis, una nueva droga que prometía expandir los sentidos y una mejor experiencia en la pista de baile frente a sonidos que heredados del house en las discotecas gays de Chicago en los 80. Replicar la experiencia Ibiza fue la excusa de estos DJs para instalar sus propios clubes nocturnos en Londres que poco a poco empezaron a ganar popularidad, principalmente a causa del éxtasis y de sus reacciones eufóricas, salvajes y de fácil consumo a través de pastillas.

Ahora lo que importaba no eran las canciones, sino las “pistas”, que podían llegar a constituir poco más que una construcción de batería. Las “pistas” se convertían en una compilación de sonidos meramente funcionales; carecían de ideas claras en las letras hasta el punto de ser solamente instrumentales, también no contaban con melodías marcadas, todo esto con el objetivo de proveer de un inspirador y energético paisaje sonora un baile -casi trance- bajo la influencia del “E”.

“Rave” se llamó a este fenómeno. Jóvenes vestidos de colores llamativos no dudaron en abandonar los clubes nocturnos no hace mucho tiempo instalados, para trasladarse a lugares más abiertos y masivos. En una sociedad británica aún conservadora que veía recelosa esta liberación sexual y emocional juvenil como expresión del descontento frente a un sistema que los obligaba a convertirse en una réplica de su padres, sobre todo en lugares industrializados y de clase media y obrera, como Manchester.

Los miembros  de Primal Scream mantenían aún una parada psicodélica que los hacía experimentar con el LSD, antes de descubrir la movida rave y un abanico más amplio de drogas. Cuando Screamadelica se formaba en el estudio, mezclado por Weatherall y The Orb, casi por accidente resultó en un disco mixto. Como si la banda y los productores hubieran puesto una mitad de la esencia de cada uno para crear un disco dance y rockero al mismo tiempo, que podía funcionar en las raves más alocadas, como en Lollapalooza.

La cultura de las drogas se ve reflejada en Screamadelica hasta en su inconfundible portada imaginada por Paul Cannell cuando vio una mancha húmeda en los cielos de las oficinas de Creation Records mientras viajaba en LSD.

“Bienvenido al Club Scream-A-Delica; no solo otro concierto pop más, sino entretenimiento para los Noventa. Por un absurdo nanosegundo comencé a pensar que la palabra “rave” no era una forma de mierda para diagnosticar el hedonismo organizado de las noches de la gente joven.” Weatherall estaba convencido de que Screamadelica era revolucionario en el contexto que vivía Inglaterra; ese disco sería capaz de darle originalidad e transformar los efectos del éxtasis en otra manifestación de arte.

Primal Scream nunca dejó de definirse como rockeros, aunque estuvieran en medio de una rave. Lo importante acá es destacar su capacidad como polimerizadores de sonidos, ese pacto entre house-rock resulta nada menos que inspirador y momento bisagra en la historia de la música popular contemporánea, aún mirándolo desde una distancia de un cuarto de siglo.

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