Editorial

The Who: Debut y Despedida

The Who dejó la calidad más alta de lo que se esperaba, un show sublime que pocos pueden llegar a hacer con tanta simpleza, con esta presentación queda claro que la música no es un tema de edad.

Ph: Dave J Hogan

Luego de una semana agitadora para la productora del evento, la cual se vio inmersa en la controversia de que uno de sus artistas se bajará del evento por problemas de salud, y a raíz de eso se destapará el problema por la devolución de las entradas para los fanáticos que querían ver única y exclusivamente a Aerosmith, el conflicto aún persiste, pero el Stgo Rock City ya comenzó.

Tyler Bryan fueron los encargos de telonear a dos grandes del rock, el comienzo fue complicado. El Estadio Monumental parecía quedar excesivamente grande para tal evento que recién comenzaba, pero esto no solo era a efecto de que la gente tardó demasiado en llegar al recinto, sino porque al parecer era un solo grupo el que atrajo a una parte considerable de los fanáticos. Pero, aun así, los teloneros dieron lo suyo entre un conjunto de gente que se disponía a disfrutar de la música en una Cancha Preferencial que transgredía la experiencia de los que no estaban ahí, sino de los que estaban unos buenos metros más atrás en la Zona Stgo Rock.

El show estaba pauteado para las 18.30 hr. pero al parecer los relojes de la producción estaban adelantado un par de minutos. Una entrada humilde y sin parafernalia, The Who comenzó su tarde con I Can’t Explain, un viaje al pasado para traer una canción que se grabó el mismo mes de septiembre, pero hace 53 años. The Seeker, Who Are You y I Can See For Miles le siguieron, calentando el ambiente de una manera excepcional, increíblemente la energía pareciera ser de unos veinteañeros, pero no, los que estaban sobre el escenario llevan más de una mitad de siglo haciendo música – obviamente con sus descansos de por medio –.

Las poleras del círculo rojo, el borde blanco y azul comenzaron a repletar la Cancha – que se repite, no era General –, la primera efervescencia fue con My Generation, icono de una generación – perdonando el pleonasmo – entre imágenes de antaño Roger Dartley cantaba como si fuera su último show. El rock and roll de una era de revelación llegó a la calma con Behind Blue Eyes, y también llamó a la calma de Pete Townshed, que no tiene energía que envidiarle a los guitarristas de esta generación, al contrario; ¡cuánta energía hay en un solo hombre! Motivante total para los espectadores, los cuales a diferencia del estereotipo del fan de rock que se centra solo en la imagen masculina, está jornada estaba casi a la par en cantidad de género respecta, un estereotipo menos con el que acabar.

La hora cronológica de show ya estaba pasando cuando Love Reign Over hizo esperar el grito electrificante del frontman que se cubría con sus gafas el sol que ya se estaba yendo, acompañado de la guitarra cortante y una batería más que poderosa, esa que ahora tiene a la batuta a Zak Starkey hijo de Ringo Starr de los Beatles. Este no es un caso en donde haya que poner el nombre del padre para resaltar alguna cualidad del hijo, para nada, para los tiempos de ahora, Starkey es por lejos un gran baterista, inclusive mejor que su padre ¿por qué no? Suena Baba O’Riley, quizá una de las canciones más conocidas de la banda, producto de variados covers de bandas de menor trayectoria que los Ingleses pero con gran alcance; Won’t Get Fooled Again terminó con un grito desollador por parte de Dartley, ¡pero qué manera de generar escalofríos!

Cerca de una hora y media duro un show que actúo como el debut y quizá la despedida de los británico en suelo nacional; y que además fue subvalorado por la gente que comenzó a llegar cerca de las 20.30 hr. que era el horario para ver a otros hombres del rock. The Who dejó la calidad más alta de lo que se esperaba, un show sublime que pocos pueden llegar a hacer con tanta simpleza. Con esta presentación queda claro que la música no es un tema de edad, no hay lugar con los prejuicios que el artista o la banda está vieja, ¿hasta cuándo? Mientras la música permanezca, nada tiene que ver el aspecto del artista con el arte que nos está entregando, y esto pasa con los músicos que supieron hacer de su canto, armonía y melodía un traspaso generacional y no una moda pasajera, como esas que quedan estancada en la canción del verano.

“Tomare un arco por la nueva revolución
Me reiré y gesticulare por los cambios
Tomaré mi guitarra y tocaré
Igual que ayer
Después me arrodillare y rezare
No seremos engañados otra vez”

 

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