Editorial

Una institución futbolera llamada Seven Nation Army

La historia nos sitúa en 2003 cuando un grupo de hinchas belgas asistió a un rústico bar de Milán ante la imposibilidad de presenciar el partido en las dependencias del estadio San Siro. A su llegada escucharon el hit radial de un dúo conocido como “White Stripes”. De inmediato la empezaron a taradear en forma de cábala. ¿Qué ocurrió? Su equipo se impuso por la cuenta mínima. Desde ese día la simple pero poderosa canción no ha dejado de sonar en estadios del viejo continente.

Foto: d2 producciones

Octavos de final de la Eurocopa 2016. El tablero no mentía: Islandia vencía por 2 goles a 1 a la poderosa Inglaterra. Una vez más el fútbol demostraba por qué es uno de los deportes más impredecibles; la selección del noreste del viejo continente participaba por vez primera en dicho certamen con escasas posibilidades si quiera de pensar en empatar un partido; básicamente no tienen liga profesional, y las características climáticas/geográficas de su país hacen en extremo difícil desarrollar el citado deporte. Una hazaña que significó un pasaje directo a cuartos de final y que se tradujo en la algarabía del estadio Allianz Riviera. Un pequeño grupo de aficionados, incluidos el presidente de Islandia, entonaban a viva voz Seven Nation Army, la canción emblema de White Stripes, cada vez que el cuadro de “Strákarnir Okkar” marcaba una anotación. Para el final del partido el centenar de hinchas nórdicos con lágrimas en sus ojos realizaron una suerte de “haka” con su selección al mando. El clásico de Jack White nunca se había escuchado tan fuerte.

Pero la fanaticada de Islandia no fue la única que adoptó las simples pero potentes melodías de Seven Nation Army; es más, prácticamente todos los equipos europeos por igual la entonan cada vez que su selección —o equipo de preferencia— marca un gol. Entonces queda por preguntarse: ¿cómo una canción de rock terminó siendo un canto obligado dentro de la cancha?

La leyenda cuenta que todo comenzó en un rústico bar de Milán el 22 de octubre de 2003. Aquella noche el recordado equipo “rossonero” de Shevchenko, Kaká y Pirlo se medía ante el modesto Brujas en la fase de grupos de la Champions League. La derrota era cosa de 90 minutos; expertos y casas de apuestas no tenían duda alguna.

Pues bien, un grupo menor de seguidores belgas que se quedó sin entradas para el juego y acudió a ver el partido a un establecimiento cerca del estadio, uno donde la canción de The White Stripes sonó justo antes que sonara el pitazo inicial. Aquellos aficionados del Brujas se quedaron con la melodía en su cabeza y la repitieron, eufóricos, cuando el delantero peruano Andrés Mendoza marcó el tanto que les daba la victoria. Una nueva cábala había nacido.

Tras ello y su retorno a Bélgica, poco a poco se fue introduciendo en la hinchada local como cántico cada vez que Brujas marcaba un gol y consecuentemente conseguía el triunfo. El punto cumbre se vivió el 15 de febrero de 2006. Aquella tarde, el equipo local se enfrentaba a la Roma y el speaker del estadio utilizó la canción para celebrar el empate momentáneo marcado por el español Javier Portillo.

Pero la historia dio un pequeño vuelco dicho día: Simone Perrotta dio la victoria al equipo italiano, y aprovechó la melodía para llevarla a vestuarios afirmando que era el perfecto “mantra” para el triunfo. Incluso, el lengendario Francesco Totti fue el más sorprendido con la composición. Las letras del tema le provocaron perfecta sintonía con su actual vivencia: “voy a luchar contra todos / ni un ejército de siete naciones me podrá parar”.

“Nunca había oído la canción antes de estar en el campo del Brujas. Desde entonces no pude quitarme el “po po po po po po po’ de la cabeza. Sonaba fantástico y la gente se volvía loca con ella. Tras ello me fui rápidamente a comprar uno de los álbumes de la banda”, dijo el atacante.

Debut mundialero

Alemania 2006 se asomaba como el último mundial de una generación dorada del fútbol, un cambio obligado y que cerraba el ciclo de leyendas que el mundo conoció en Francia 98. Y mientras Ronaldo eludía con una elegancia inmejorable a sus rivales, Totti aún pensaba en la melodía y letras de Seven Nation Army. ‎”Il Capitano” la llevó a la concentración azzurra procurando que se convirtiera en una fuente de inspiración.

La armada no bajó sus armas y prosiguió adelante su camino: Ghana, República Checa, Australia, Ucrania, y Alemania fueron sus víctimas. El cuadro liderado por Gianluigi Buffon se aprontaba a una nueva final buscando su cuarta Copa Mundial. En la previa a aquella memorable jornada del 9 de julio de 2006, su hinchada entonó la canción esperando que sirviera para posicionarlos una vez más en lo más alto del fútbol. Zidane hacía abandono de la cancha evitando cualquier contacto visual con la copa. Corría el minuto 110 y la suerte ya estaba echada. Tras el último penal ejecutado por Grosso la letra parecía tener una conexión astral con el equipo. Alzaron la copa y los rumores de la cábala se expandieron por todo el mundo.

Es más: durante las celebraciones post mundial, “Bimbo de Oro” llevó a unos 500.000 aficionados a realizar una interpretación de la canción sobre un improvisado escenario. Sus compañeros de equipo Alessandro Del Piero y Marco Materrazzi también se unieron a los Rolling Stones en Milán para cantar junto a ellos las letras adaptadas.

Una institución de las seis cuerdas

Tras ello, la composición de Jack White se institucionalizó. Para la Eurocopa 2008 España la utilizó resultando ser la selección ganadora. El gran paso se dio en 2012: en el mismo certamen esta vez celebrado en Polonia y Ucrania, la organización de la UEFA decidió que cada vez que se anotara un gol, en los estadios sonaría la melodía de Seven Nation Army. Más que una cábala pasó a ser una verdadera tradición.

En la actual Eurocopa —que tuvo como flamante ganador a la selección portuguesa por primera vez en su historia— la euforia por el tema llegó a tal punto que en el inicio de la ceremonia de clausura, la tantas veces citada pieza, fue interpretada por una orquesta para después dar paso a David Guetta quien hizo una versión más bailable de la misma. El Stade de France se vino abajo.

Lo curioso es que la fanaticada de las 24 selecciones participantes, sin excepción alguna cantó a todo pulmón el tema. Sin mucha concordancia con la letra, e incluso sin saber muy bien qué es The White Stripes, la canción original de Elephants, se transformó en una expresión taradeada dentro de la cancha hacía los equipos: la alegría y el apoyo ante cada anotación, un canto para subir el espíritu y transmitir fuerza a las escuadras. Larga y tendida tradición del viejo continente que de momento sigue escribiendo páginas doradas. “Me siento orgulloso de que Seven Nation Army sea la canción más coreada en los estadios de la Euro”, dice un sorprendido White.

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