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Roger Waters – Is This The Life We Really Want? (2017)

Podríamos decir que este “Is This The Life We Really Want?” es la era Donald J. Trump de Roger Waters, una respuesta nostálgica y densa hacia la humanidad, algo así como una respuesta precisa a la estupidez y ceguera que ha reinado en nuestro presente.

Ilustración: Producción

2017 es el año, y todavía Roger Waters no haya descanso. Inagotable podría ser un buen adjetivo para describir al músico, describir su propuesta y su ímpetu, los cuales no han cesado en su incidencia musical en un sinfín de bandas sucesoras. No mencionar a Pink Floyd al hablar de Waters es casi imposible, el arrastre y peso el cual conlleva al nombre trasciende fronteras y diferencias. Aquella transgresión es una la cual Waters no ha dejado de insistir, la violencia y los horrores que descienden de ella se ven dispuestos a la luz en el nuevo material de Roger Waters: “Is This The Life We Really Want?”.

Hacia el 2010 Waters se adentró en la gira mundial que también lo traería por tierras nacionales, “The Wall”, gira que se extiende hasta el 2013 abarcando 219 shows. Fue precisamente detrás de esta extensa gira que Waters comienza a bosquejar lo que hoy se ha desplegado como “Is This The Life We Really Want?”. Siendo entonces el cuarto álbum solista del ex frontman y bajista de Pink Floyd, se graba desde un temprano 2014 abarcando 54 minutos en 12 temas, los cuales despiertan el silencio discográfico de Waters como solista, 25 años desde el lanzamiento de “Amused To Death”.

Para esta esperada ocasión la producción quedó a cargo de RW y de Nigel Godrich, quien con su sello musical particular ha sido el responsable de producir a Radiohead y Beck. Así el sello se hace presente al inicio por ejemplo, el reloj del comienzo que se entremezcla con lo que parecieran pasajes radiales, nos devuelve a detalles de “Fitter Happier” de Radiohead por ejemplo o a “Time” de Pink Floyd.

Este acontecimiento discográfico no lo podemos despegar demasiado de lo que nos dejó Pink Floyd, se enmarca bajo una era post Dark Side of the Moon, junto con el apoyo lisérgico y progresivo de Jonathan Wilson. Algunas relaciones podemos establecer entre lo abarca Waters hoy y el “Animals”, relaciones instrumentales – detalles y momentos – junto con las temáticas en las letras, terror de guerra siendo ésta vez el punto de inflexión una era en la que Trump es el activo partícipe. Podríamos decir entonces que “Is This The Life We Really Want?” es la era Trump de Waters, una respuesta nostálgica y densa hacia la humanidad, algo así como una respuesta precisa a la estupidez y ceguera que ha reinado en nuestro presente.

Atravesado por transmisiones radiales este álbum se adentra en la densidad del presente, desde su apertura con un reloj punzante para desenvolver en el primer pasaje “Déjà Vu”. Aquel pasaje nos deja ver el pasar de los años, un pasar que se enmarca en la experiencia y lo podemos sentir en su voz, una que ha aceptado la experiencia de la mejor manera posible. Este tema entonces, atraviesa la violencia y la codicia, un déjà vu de referentes y climas abordados como lo fue la II Guerra Mundial, tocando la pasión inagotable de Waters con instrumentales sabrosas lideradas por los pasajes de piano que se insertan para hacer de éste un álbum cinemático.

Los horrores de la violencia no cesan, creándose en “Bones” un clima de guerra, abordando temáticamente la inhabilidad de los humanos para aprender de nuestros errores, incrementando en lo político una vez más y agregando collages sonido hacia el final, enriqueciendo así el tema en su profundidad.

Otros grandes destellos en formas de baladas muy a lo Roger Waters- son “The Most Beautiful Girl In The World” y “Wait For Her”. La primera nos habla de una victima de una bomba nuclear, dejando entrever la pasión hacia una era post apocalíptica envuelta por teclas que se sumergen como adornos que nos devuelven a los setenta. La segunda balada inserta un sutil reprise instrumental junto con un contenido lírico que de hecho es un poema del mismo título del poeta palestino Mahmoud Darwish, devolviendo el factor de la edad y la angustia, junto con quizás algún sentido de arrepentimiento.

Las múltiples dinámicas emocionales que nos deja atravesar Waters son nuevamente nostálgicas, nos dejan ver un Roger Waters de una experiencia y perspectiva diferente, perceptiva que los años le han entregado a tal maestro del art-rock desgarrador. Si bien no es un álbum sorpresivo en ninguna forma, no pretende romper nuevas lógicas establecidas en lo progresivo, es un álbum que no deja nada que desear en cuanto a producción ni ejecución.

El groove pink floydeano en “Smell The Roses” es como un guiño al pasado, un guiño imposible de evadir, como varios a través del álbum completo. Podemos ver a un Roger post Floyd que envía su propia carta de decepción hacia una sociedad autodestructiva, en la cual su llamado se remite a la unión a pesar de las diferencias establecidas por el poder. Nos sumerge en lo apocalíptico y destructivo, en Trump y su terror, en la violencia y el aún temor de bombas nucleares, integrando una exquisita instrumentación que destella diferentes personalidades. Un álbum derechamente nostálgico y con dinámicas emocionales preponderantes, se adentra en las profundidades del presente devolviéndonos aquella sensibilidad perdida.

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