21 de noviembre de 2018 y todos expectantes ante el anuncio de la novena versión de Lollapalooza Chile. El line up final revela a Arctic Monkeys y Kendrick Lamar como los protagonistas de los tres días de festival. Más abajo, Américo.
Nadie dejó pasar dicha apuesta de la productora, que junto con la incorporación de Juanes, abría su abánico de artistas al pop latino. Pasaron los meses y se supo que Américo sería quien cerraría uno de los escenarios del parque, y que tocaría al mismo tiempo que Post Malone hacía lo suyo en el principal.
Como quedó en claro a través de las intervenciones del artista entre canción y canción, este show era todo un desafío para él. Que le habían metido miedo, que le habían dicho que no era su público, recados que le provocaron inseguridad y ansiedad previo a este momento. Sin embargo, todo quedó atrás cuando Américo subió al Lotus Stage un cuarto para las 9 nueve de la noche y era recibido por un público que lo esperaba expectante ante la noche incipiente.
Este es de los públicos más diversos que se puede encontrar en una presentación de Lollapalooza. Familias completas, adolescentes y adultos cantan en armonía las frases que Américo logró insertar como sustrato común en la cabeza de latinoamérica a través de sus más de 20 años de carrera. Acá todo suena como hit. Son aproximadamente una docena de músicos bajo el mandato del aricano que no muestran ni un atisbo de timidez cuando les toca transformarse efímeramente en protagonistas, a través de solos o bailes aplaudidos por todos. Esto es una fiesta como Lollapalooza nunca había visto.
En días previos a la actuación, Domingo Jhonny Vega Urzúa – el hombre detrás del personaje- fue a buscar inspiración y consejo de parte de Jorge González, que le entregó su bendición y a quién homenajeó con una versión sabrosona de «Esta es para Hacerte Feliz». En ese mismo período, Américo le contó a la prensa que estaba pensando incluir una versión de «Creep» de Radiohead en medio de su set para ganarse al público apelando a su nervio alternativo. No fue necesario hacerlo, y qué bueno que no. Sin duda concretar esa idea hubiera mermado el impacto que este show prometía y que al fin de cuentas logró, ocupando un recurso que no calza con tu propuesta artística para convencer en un lugar que no estás seguro si eres bienvenido.
Américo triunfó y no tuvo que ceder ni un sólo centímetro, vino a hacer lo que siempre hace y cautivó a un público que se mostró cómplice desde el primer momento, cuando repasó su periodo con el Grupo Alegría, a inicios de milenio, mientras se montaban sobre la ola del sound. Ninguna canción queda suelta, esto es más bien un espectáculo prolijamente armado y que funciona como un engranaje recién engrasado. Cada canción fluye con la siguiente y el show se interrumpe nada más para agradecer y presentar a la banda que destaca por su carisma y desplante.
Américo entregó un espectáculo de nivel internacional. Uno construido a partir de la madurez de un artista que no teme quedar sin aliento y que ha pulido cada detalle como un artesano de su propio éxito. Uno bien merecido.
El triunfo de Américo le hace bien a Lollapalooza; que lucha cada año contra convertirse en una parodia de sí mismo basado en el elitismo que caracterizó al festival desde su primera edición – lucha contra el elitismo que se contradice con el alto valor de las entradas -. Al mismo tiempo, le entrega frescura a una parilla que debe enfrentar desafíos para mantenerse interesante por tres largas jornadas. Al fin y al cabo, Lollapalooza no es un festival de nicho, si lo fuera no serían 150.000 personas las que lo visitan cada año, y rechazar a un número cómo Américo por ser popular y al mismo tiempo alabar a Arctic Monkeys como contraparte carece de fundamentos.
¿Qué escenario local le falta a Américo por conquistar?
