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Reseñas

David Bowie y el krautrock: La Trilogía de Berlin

Delicada trilogía que no solo despliega el paso por Alemania, sino es un trío multicultural cargado de potencia anacrónica. Le agregamos además el potencial de santuario que le agrega no sólo a lo musical en la trayectoria de David la ciudad de Berlín, la cual aprovecha desarrollando un proceso que no solo tiene que ver con el estudio, sino absorber una cultura a través de su comida, sus shows locales y sus calles en una desintoxicación del abuso.

Llega el año 1976 para un David Bowie de 29 años en el punto máximo de la atención, habiendo instalado controversiales personajes como Ziggy Stardust y The Thin White Duke, todo parece haber explotado dentro del perturbado genio. La verdadera razón: la cocaína. Tal adicción lo había empujado hacia la inestabilidad, nublando o bien matando su lado emocional. The Thin White Duke, hoy sabemos le causaba náuseas, siendo éste un repulsivo personaje para el mismo Bowie, debido a sus hábitos abusivos y el decaimiento que él mismo encontraba en su música.  Es en aquel año que Mr. Bowie decide aventurarse hacia un retiro casi espiritual, alejándose de la cultura drogadicta de ciudad de Los Angeles para combatir a los propios demonios que bloquean y nublan su salud física y mental. El anonimato al Oeste de Berlín.

Acompañado de Iggy Pop, Bowie se sumerge en la cultura alemana para retirarse hacia el anonimato, en una ciudad donde podía caminar sin ser extorsionado o manipulado por los medios. Ambos entonces padeciendo de la adicción a diferentes sustancias comparten departamento, en lo que sería el comienzo de una nueva dirección artística, que hace que ambos músicos se retroalimenten de sus experiencias conjuntas

. Desde “Station to Station” el duque ya había comenzado a conectar a diferentes músicos para su siguiente producción, sin tener nada claro aún, sólo la intuición. Cuando Brian Eno entra en la perspectiva y vuelven a cruzar camino a propósito se juntan las referencias multiculturales de ambos para algo que durante los años se ha hecho llamar “La Trilogía de Berlín”, y de la cual se desprenden tres obras individuales: Low (1977), “Heroes” (1977) y Lodger (1979).

El ex Roxy Music junto a Tony Visconti se unen para realizar un trío de exploración sónica en una valiente declaración de principios, en dónde logran fortalecer el vínculo de Bowie con las crecientes escenas que se desarrollaban en Alemania formando el llamado subgénero alemán por excelencia: el krautrock. Aquel movimiento algo disperso en el que ven inmersos les sirve de modelo para la experimentación artística capturando la calidez y fuerza que caracteriza a las bandas caracterizadas en el subgénero. Destacan referencias directas de Neu!, Kraftwerk, Can, y el solitario de Brian Eno “Discreet Music”.

La trilogía rescata distintos elementos atribuidos al conjunto de músicos alemanes a los cuales podemos englobar de minimalistas. La repetición, la atmósfera atrapante arman aquel sonido progresivo basado en sintetizadores y elementos de música oriental y africana, juntado también al avant garde y el jazz para crear aquel krautrock, término que se ocupa simplemente para el space rock alemán. Hemos llegado a la gran interrogante de la nota ¿cómo Bowie ocupa aquellos elementos?

Low del 77 es la gran apertura hacia el minimalismo, primero que nada podemos mencionar éste álbum como la primera dirección que toma Bowie hacia la electrónica y el ambient, nada menos que en la cuna del acontecimiento. Low nos encamina fuera de la narración lírica que había desarrollado hasta el momento con álbumes concepto anteriores, adentrándose en una forma de escritura más abstracta en dónde las letras son esporádicas y hasta en algunos casos opcionales. En cuanto a este nueva escapada musical, el primero de la trilogía tiene dos lados complementarios: el primero, corto, directo y accesible con fragmentos de canciones avant-pop, siendo el segundo menos accesible en un acercamiento instrumental minimalista que combina sketches paranoicos de funk y rock. “Warszawa” denota el punto más alto del álbum, siendo un instrumental que habla por sí solo en su propia ambientalidad.  Aquí la ayuda de Eno marca un trascendencia importante, siendo responsable de gran parte de la dirección y composición de la segunda parte del álbum, mezclando los sintetizadores en un increíble juego abstraído por el nuevo no consumo de drogas que le da otra mirada tanto a Mr Bowie como a su música.

Más tarde ese mismo año aparece el segundo substancial “Heroes”, aferrándose todavía al concepto experimental anterior desde el mismo punto de vista político, pero con otro tipo de acercamiento a la audiencia. A diferencia del anterior, éste fue completamente grabado en Berlín en Hansa Tonstudio, ubicado a 500 metros del mismo controversial muro de Berlín. Aquel estudio ha albergado las grabaciones de piezas maestras a través de su existencia, tales como “Bossanova” de Pixies, “The Idiot” y “Lust For Life” de Iggy Pop ( producidos por Bowie), “The Firstborn is Dead” y “Your Funeral… My Trial” de Nick Cave and teh Bad Seeds, “Foce Majeure” de Tangerine Dream, por mencionar algunos.

Haciendo directa alusión a “Hero” de Neu!, ésta segundo tercio continúa en el viaje ambiental reflectando el zeitgeist de la Guerra Fría, conjugando un número de oscuros instrumentales aún así con una alta y apasionada declaración optimista, y con ello nos referimos al fenomenal himno con el mismo título “Heroes”.

Dos años más tarde y con una gira mundial entremedio, el gran camaleón culmina la exploración del factor trío con Lodger, lanzado al comercio un 18 de Mayo de 1979. La pieza final aparte de tener el espectro del celestial dúo Eno/Visconti, se le suma el impresionismo musical del hijo adoptivo de Zappa: Adrian Belew. Podemos encontrar rastros del motorik beat de “Red Sails” de Neu!, así como también canciones un tanto más orientadas al pop sin instrumentales puras juntando música de diversas partes del globo en una peculiar propuesta. Lodger contiene una esencia alemana que se entremezcla con el espíritu y creatividad de Bowie en una delicada mezcla cultural, oscura, y como mínimo una renovación que funciona como un escudo de sí mismo.

Si nos enfocamos hacia la respuesta tanto de Low como del trío completo, los fanáticos piensan en sólo sonido vacío, hoy podemos darnos cuentas de la malinterpretación tanto de la industria como de la audiencia apartando lo que podemos mencionar como una de las mayores influencias en la música. Sí podemos atribuir que hay álbumes en los que la accesibilidad es rápida, no podemos negar las interminables texturas que la trilogía nos aporta diariamente, ejemplificadas en “Sound and Vision”, uno de los favoritos personales de los Bowie obsesivos.

Delicada trilogía que no solo despliega el paso por Alemania, sino es un trío multicultural cargado de potencia anacrónica. Le agregamos además el potencial de santuario que le agrega no sólo a lo musical en la trayectoria de David la ciudad de Berlín, la cual aprovecha desarrollando un proceso que no solo tiene que ver con el estudio, sino absorber una cultura a través de su comida, sus shows locales y sus calles en una desintoxicación del abuso. Aquel meticuloso proceso de grabación lo despliega además Tony, el  productor crucial en la trilogía, quien interpreta las ideas de Bowie impulsando aquella dirección auditiva arriesgada. La trilogía de Berlín la asimilamos hoy como  una bella manera de contraponer el optimismo y la melancolía, obra de una persona tardía que todavía no deja de impresionarnos en un inagotable y constante deseo de reinventarse enigmáticamente.

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