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Después de hacer algunos repasos por los grandes discos más reconocidos dentro del espectro del psych rock y sobre todo a las bandas que más fuerte pegaron, es hora de cambiar a un estilo más incisivo y macarra para conectar de manera directa con una de las formaciones más grandes que ha deparado al mundo del rock ‘n’ roll británico. Un pequeño detalle, de los hasta ahora siete DISCOS RECOMENDADOS que he compartido con Cancha General, cuatro de ellos son de bandas británicas, un país que es innegable lo que ha aportado a la música, el tiempo siempre acaba poniendo cada cosa en su sitio y en el caso de este archipiélago inglés, lo es aún más. Muchas glorias que han dejado discos legendarios salen de allí, y las que nos quedan por contar…

Cualquiera de sus primeros trabajos puede ser tan bueno como el otro, el dilema está servido si nos ponemos a hablar de cuál sería el trabajo más mayúsculo de los legendarios Motörhead pero supongo que entre tanta grandeza siempre hay algo que sobresale y en mi cabeza ahora mismo solo pasa una palabra: “Overkill”. Tercer álbum de estudio del trío londinense.

Comandados por el incombustible Lemmy Kilmister, ha sido este ilustre personaje el único que se ha mantenido intacto dentro de las filas de la veterana banda. Antes de Motörhead, Lemmy tocaba con los spacers Hawkwind pero fue expulsado de la misma y decidió coger otra ruta. El bajista creó esta banda que en un principio se llamaba Bastard, su gamberrismo siempre ha sido una de sus cualidades pero por aquellos tiempos fue su propio mánager, Doug Smith, quién le recomendó cambiar de nombre ya que con ese no llegarían muy lejos. El bueno de Lemmy acabó dando su brazo a torcer y llamaría a la banda inspirándose en la última canción que compuso para Hawkwind, una única palabra que definía al verdadero consumidor de anfetas… Motörhead!

Unos primeros años con algunos cambios de formación, algunos conciertos llegando a actuar como teloneros de Blue Öyster Cult, el shock de su pedazo debut homónimo y la consecución del gran “Bomber”, actuarían de antesala para la llegada de su obra magna, “Overkill”. Un estilo más refinado, algo más comercial que sus dos anteriores trabajos, la divagación por géneros como el blues, el rock más duro o el eterno rock ‘n’ roll que siempre tiene la banda y sus temas más reconocidos en los directos, son algunas de las principales pautas por las que considero a este trabajo como el más completo de Motörhead hasta la fecha.

Un año como 1979 fue un verdadero prodigio para el mundo del rock, álbumes clásicos como “London Calling” de The Clash, el descomunal “Highway To Hell” de AC/DC y este “Overkill” de los británicos, fueron algunos de los estandartes musicales que mejor publicidad y acogida tenían para aquel año que despedía una década inolvidable e irrepetible para este género musical.

“Overkill” catapultó a estos gamberros del rock ‘n’ roll más sucio de la Londres de los 70, un trabajo que representa la diversión y la nostalgia que despierta esta banda. Su naturaleza es simple y muy cruda, lo que hace a cada uno de ellos de manera individualista y atractiva. Desde cualquiera de sus expresivos coros, pasando por los acordes de guitarra más recordados, la excelente batería o los riffs más headbanging del bajo. Un trabajo para cualquier persona que ame los orígenes del rock ‘n’ roll en general, en su interior se encuentran algunas de las raíces que más han prosperado en su estado más puro.

Ellos mismos definen su música como fuerte, brutal, simple, intensa y muy sucia. Un disco para aumentar su propio ego. “Stay Clean” es la mejor indicación para ver el estilo poco convencional de Lemmy, uno de los temas más exitosos de Motörhead que muestra ese contrabajo como segundo guitarra durante el solo de la canción. “No Class” es otro clásico de la banda y un plagio en toda regla a la ilustre canción “Tush” de los tejanos barbudos ZZ Top, ofreciendo feroces riffs que dejan una de las partes más memorables del disco. La más famosa de sus directos, comandada por el doble bombo y su particular ritmo de batalla, “Overkill”, se convierte en él no va más de Motörhead, el orgasmo definitivo de toda su discografía, el asalto por su implacable batería que cuenta con una de las mejores aportaciones en la carrera del compositor inglés y el cierre de cualquiera de sus directos. Aparte de eso, me quedó con la forma engañosa en la que juega con el público, no solo una, sino dos veces que consiste en una repetición entre grandes acordes mezclados por los solos. Tampoco nos podemos olvidar de “Damage Case” otro de los grandes clásicos de la banda convirtiéndola en una de las más adictivas de sus particulares shows.

Desde mi humilde punto de vista, estos son los cuatro temas que sobresalen en “Overkill”, si a esto le sumamos otros tantos como las ásperas “(I Won’t) Pay Your Price” o “I’ll Be Your Sister” con un estilo más borroso y sin pulir pero que adopta algo nuevo al género por su clase impredecible, poco a poco el álbum va cogiendo más peso. Canciones como “Metropolis” o “Capricorn” son algo más lentas y menos ruidosas. Aquí la influencia del rock’n’roll de los 50 y ese tenue blues es evidente en algunos pasajes, siendo Lemmy el primero en admirar tanto ese estilo. “Limb For Limb” o “Tear Ya Down” no se convirtieron en clásicos instantáneos pero sí que ofrecen una de las mejores letras del trabajo con un apoyo instrumental eficaz liderado por la voz del bueno de Lemmy, sorprendentemente más informal, discreto y decente.

Nunca han evolucionado y su desarrollo en el sonido siempre ha sido el mismo, su estilo es intachable y reconocido a la primera, su música es el reflejo de su actitud y su espíritu. Nadie hasta ahora ha llegado a este nivel mostrando tales formas espontáneas. El impresionante talento reside en la creatividad y la honestidad de estos tíos. “Overkill” es un disco indispensable para comprender la evolución que ha tenido el género, el símbolo del comienzo de una nueva era y la posterior introducción esencial al siguiente nivel de un heavy metal más pesado y por el que ellos nunca se han querido reconocer de esa manera. Un trabajo tan especial como inolvidable, el soplo de energía que pedía a gritos el mundo para que le sirvieran el segundo plato con más fuerza y resonancia. Motörhead entro en una segunda fase dónde la intensidad era mayor y rompía la originalidad que poblaban los dinosaurios del rock más clásico mostrado en años anteriores. Un disco que supondría el final de una década y un estilo, para darle la bienvenida a unos 80 con más carga y evolución en su sonido. Este tercer disco es el puente que une ambas épocas.

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