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Nace una Estrella: Amor por la música

Una historia que perfectamente podría haber sido una marcha de estereotipos y clichés, se monta serenamente bajo el brazo de una magnífica dirección. Cooper en su debut pone todos los puntos que necesita para pavimentar su carrera tras la cámara, y logra conjugar el montaje con una nostálgica paleta de colores y un agradable movimiento fotográfico.

Lady Gaga es de las artistas más prolíferas de la industria reciente. Fuera de los altos y bajos de sus éxitos radiales, ha escrito con su propia mano una de las carreras más destacables de los últimos años, y con ello, se ha mostrado cada vez más como una multifacética compositora. Y considerando lo común que es para los músicos voltearse al cine, era cuestión de tiempo para que llegara a protagonizar una historia de la pantalla grande.

La industria musical está llena de áreas grises. Lugares morales en que cualquier ser humano puede perderse sin darse cuenta. Lo que no hace sorpresa el que sean tanto creativos los que intenten adentrarse en lo malo y terrible que es ser un partícipe activo de ella. Así es como Bradley Cooper tomó las riendas para adaptar por cuarta vez una obra musical sobre la vida y obra de una estrella en ascenso.

En el núcleo de la historia no aparece un atisbo de novedad. “Nace una Estrella” se solidifica en una serie de lugares comunes para narrar su particular historia. Con el A, B y C de este tipo de filmes, construye carismáticos líderes para guiar su trágico argumento. Jackson Maine, interpretado por Cooper, es un artista en decadencia que combate constantemente con el alcohol, las drogas, la depresión, y un eventual problema al oído. A su par Gaga es una chica de pueblo llamada Ally quien trabaja durante el día, y de vez en cuando va a un bar transformista a interpretar canciones francesas con su magnífica voz. Una vez ambos se conocen es que empieza la magia.

Aún con todos los tropos en contra, el trabajo de los protagonistas da vuelta cualquier signo de cansancio. La historia está construida de tal forma que cualquier espectador pueda verse reflejado en los ojos de los seres humanos que compone en el argumento, y con ello sufrir con sus caídas y celebrar sus victorias. La dulce química entre los actores rectifica el cariño por sus personajes y vuelve su romance una amarga historia de amor y desesperación.

No son pocas las instancias en que la cinta recurre a los viejos trucos de siempre, y en diversas ocasiones eso resulta en una relación completamente tóxica. Ahí es cuando el argumento se pone uno o dos pasos adelante y condena estos actos dando expresiones sutiles sobre lo terrible en que están envueltos. En ciertos instantes pasa a romantizar demasiado la actitud de celos y agonía, pero logra tomar suficiente conocimiento de sus dañinas motivaciones.

A la par de todo, la música toma una arista principal en varios de los actos. No son nuevas noticias asentir ante las espectaculares capacidades de Gaga, mas no está demás confirmar que hace un trabajo magnífico en los cortes más emotivos del filme. A su lado Cooper brinda un potente trabajo vocal que toma completamente desprevenido al auditor que no reconociera este perfil de antemano. Y más aún, ambos se combinan en dulces duetos para protagonizar algunos de los mejores momentos musicales del año. No sería una sorpresa que “Shallow” se llevara el Oscar este año por Mejor Canción Original.

En segundo plano un cansado Sam Elliott intensifica al protagonista con una decaída interpretación. Su rol secundario es tan potente que a momentos opaca a las estrellas que tiene a su lado, y en su papel de hermano brinda un apoyo emocional que lo pone en un estado de constante sufrimiento.

“Nace una Estrella” es un estudio de seres complejos los cuales no se ven motivados solo por una o dos aristas de su personalidad. Desde el guión, el conjunto de personas que componen esta historia tiene motivaciones que redondean su perspectiva, quitando el desfile de buenos y malos que uno podría encontrar en primera instancia.

Quizás el peor pecado de la cinta es no poner ni una sola idea que no se haya contado antes, y con ello, de vez en cuando hará una que otra crítica barata sobre lo superficial de la industria musical. Aún cuando sea fácil entender de donde viene y a donde va la protesta que la película intenta establecer, no deja de ser liviana y poco atrevida, ni siquiera llegando a una conclusión respecto a qué quiere realizar con este mensaje.

Una historia que perfectamente podría haber sido una marcha de estereotipos y clichés, se monta serenamente bajo el brazo de una magnífica dirección. Cooper en su debut pone todos los puntos que necesita para pavimentar su carrera tras la cámara, y logra conjugar el montaje con una nostálgica paleta de colores y un agradable movimiento fotográfico. La historia dejará pequeños guiños constantemente acerca del estado emocional de la escena, y recreará secuencias por sobre lo humano con toda la intimidad del momento.

No será la primera ni la última vez que nos metamos en los zapatos de un artista y su choque contra el techo, pero en “Nace una Estrella” existe la suficiente pasión por sobre el arte como para transformar una historia común, en un cuento de hadas. Trágica y destructiva, Gaga da la interpretación de su vida en un personaje tan quebrado como carismático. Un papel que nació para interpretar.

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