Los Strokes. Demasiado buenos para ser ciertos. Publicaron dos de los álbumes esenciales del milenio uno después de otro. A un cuarto de siglo desde su debut, han mantenido un sólido estatus como la banda definitiva de rock del presente. Los neoyorquinos han sostenido su carrera en alto adentrándose incluso a esta nueva década con una obra tan esencial a la era moderna como: «The New Abnormal» ¿Qué más podemos pedirles?
Este mes hicieron varios titulares: nueva música, nuevo concierto. “Reality Awaits” es el nombre de su séptimo álbum, con un adelanto en “Going Shopping”. Un corte que recuerda más a The Voidz que a The Strokes. Con un filoso instrumental, y un curioso Casablancas mezclado entre filtros de auto-tune y su icónico timbre. Por otro lado, su concierto en Coachella lanzó dardos contra el carácter imperialista de los EEUU. Nombres de líderes derrocados por la CIA (entre ellos Salvador Allende), el genocidio en Palestina. La marca de que la “libertad” llegó a tu puerta: muerte y destrucción.
The Strokes no son ajenos a la política. Desde hace años son vocales sobre su posición. En 2020 se reunieron para apoyar a Bernie Sanders en su campaña a la Casa Blanca. Han hecho conciertos en respaldo a líderes y causas políticos. “Eternal Summer” rebate la disconformidad y cómo la ignorancia de lo que ocurre a nuestro alrededor es una herramienta para perseverar en el miserable statu-quo. Recién escuchamos a Julian en Subway Takes discutiendo la hipocresía de los sionistas blancos en EEUU.
Asimismo, los muchachos llevan años peleando contra sí mismos. Julian Casablancas ha sido obtuso en defender que la portada del último trabajo de The Voidz fuera hecha con IA. Han enfrentado acusaciones de nepotismo desde sus inicios. Su estilo sigue siendo conservador. “The New Abnormal” era sobre enfrentar el futuro, pero su nueva música es más bien un abrazo al pasado.
Pocas bandas desean llegar al estatus de leyenda en que ya no necesitan hacer nueva música. Ojalá pudieran extender esa carrera de éxitos y relevancia hasta su último respiro. La mayoría lo batalla con furor. Aún cuando los fanáticos solo quieran escuchar la misma docena de canciones, agrupaciones pueden ser necias en “insistir” con publicar nueva música (¿qué se creen creando nueva arte?). Pero The Strokes, por sobre todo, se han mantenido relevantes. No son un grupo del pasado. Tan solo su último álbum ha sido de sus más aclamados y exitosos.
En política, otros grupos han hecho intervenciones quizás más descaradas, pero no han hecho titulares, porque no escribieron ni “Reptilia” ni “Last Nite”. Hay cierto estatus público que un artista adquiere cuando su carrera se pavimenta con oro.
¿Cuál es el camino hacia el futuro de The Strokes? No hay un sonido de guitarras en 2026 que no podamos rastrear hasta la escena neoyorquina que parió al quinteto. Su sucio sonido de garage es tan característico, que diversos grupos alrededor del mundo hicieron su propia versión de aquel. “Siempre quise ser uno de los Strokes” dijo Alex Turner en «Star Treatment».
¿Están todas las bandas condenadas a la irrelevancia? El grupo de Julian Casablancas lucha efectivamente contra este destino. Pero ¿qué queda para el futuro? La banda sigue activa, golpeando duros con mensajes contra el imperialismo y la apatía política. ¿Podrán mantener su ola de relevancia por los años venideros? ¿Qué significa que los Strokes sigan activos cuando el rock no hace titulares, cuando la música de guitarras va de salida? ¿Tendremos que escuchar la misma conversación sobre la ascendencia de Casablancas y Hammond Jr.?
El sonido de la banda, que era vanguardista el año 2001, ahora suena conservador. Cómo comparamos las instrumentales de Strokes contra Black Midi, King Gizzard, Black Country New Road. El rock sigue avanzando aún si no está liderando las listas de éxitos. ¿Cuál es el camino hacia el futuro? ¿Puede el relámpago en la botella eventualmente desvanecerse? ¿Es ese el destino de todas las bandas?
Me es difícil no estar sesgado, porque a mis 30 años no recuerdo un momento en la historia en que The Strokes no existiera. Son la definición de una modernidad que ahora es nostálgica. ¿Qué significa su música ahora entonces? ¿Es un sonido del pasado, del presente o del futuro? No lo sabemos con certeza. No aún.
Pero en una era de conformidad, en que las redes sociales normalizan el discurso vacío, amarillo y blando, hay algo extrañamente cómodo en ver un grupo así de masivo y relevante, traer sus palabras de la música a la acción. Recordarle a sus seguidores que el mundo se cae a pedazos y tenemos que enfrentar la bota que nos pisa. No sé qué le depara a la música de The Strokes, si quizás empeore con el tiempo, o peor, se vuelva indiferente a la realidad, pero sí sé que avanzar a una era en que todo nos parece aburrido e insípido no es el presente en que quiero vivir. Me alegra que al menos haya un puñado de artistas aquí y ahora dispuestos a sacudirlo.































