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Editorial

Alex Anwandter: Abrazo de Resistencia

Jamás olvidar que somos víctimas de opresiones por ser negros, homosexuales o pobres. Que las minorías no somos nosotros, sino que las mentes intolerantes y obtusas. Que no queda nada más que bailar, pensar y llorar.

Foto: Natalie Lafuente

El pasado 22 de noviembre tuvimos una cita con “Latinoamericana”, el más reciente disco del músico nacional. El Teatro Caupolicán se repletó para recibir los 30 motivos, expresados en canciones, que tiene Anwandter para ser considerado como el artista pop más propositivo de nuestro país y, ¿por qué no?, del continente entero.

La cita inició con tres golpes de adrenalina que ya vaticinaban la montaña rusa que sería el show en su totalidad. Anwandter abrió los fuego con ”Axis Mundi”, “Llorar y bailar” y “Casa Latina”, canciones enérgicas y de ritmos conocidos por el público, que además sirvió de telón de fondo para las primeras fotografías autorizadas para la prensa gráfica. El músico regaló sus mejores poses, interpretaciones y pasos de baile a los lentes de los reporteros apostados en el espacio entre las vallas de contención y el escenario.

Bastó con que sonara “Amiga” y “Tormenta”, éxitos de sus discos pasados, para que fuese el turno de “Intentarlo todo de nuevo” y con ello, la aparición del primer artista invitado de la noche: el talentoso saxofonista Franz Mesko. La canción no comenzaría sino hasta terminada la explicación de Anwandter: “Este es un homenaje a Juan Gabriel”, y la pericia de Mesko en los vientos hizo que ese homenaje fuese superlativo, lleno de energía y baile desatado del cantante.

Hasta el momento todo era euforia, baile, rabia y sonido exquisito de la banda en su conjunto. Sin embargo, y como la noche lo ameritó, Alex quiso tomarse un tiempo a solas con su público. En ese momento afloró la sensibilidad más auténtica del cantante, esa sensibilidad que se ve tocada por conflictos sociales, por atropellos a las minorías y por las opresiones de las que somos blanco. Aquí la dinámica fue de intimidad pura: “Manifiesto”, “Nadie Como Tú” de Cristina Rosenvinge y “Shanana” fueron sostenidas únicamente a través de su voz más sincera y el sonido de su guitarra en solitario.

Al término de ese bloque introspectivo fue el momento de volver a “Latinoamericana”, el motivo de la celebración que nos convocó en un Teatro Caupolicán en su máxima capacidad.  El tránsito fue desde “Malinche” hasta “No te puedes escapar” con perfecta ejecución de los violines que otorgan la atmósfera distintiva de este disco. Anwandter fue capaz de pasar de la euforia propia de canciones con beats violentos, hasta la tranquilidad de tocar su piano y cantar al mismo tiempo. “Um Girassol Da Cor de Seu Cabelo” y “Amor de Negro”, un homenaje explícito a su padre -presente en el teatro-, fueron las dos canciones escogidas para rendir tributo a la riquísima cultura brasileña. La misma cultura que, admitió, lo marcó desde pequeño.

Alex se desnudó ante su público: admitió que hace 10 años, cuando comenzó a hacer música, vio inspiración en dos artistas. No fue necesario nombrarlos, a medida que su discurso avanzaba, en el escenario se vio aparecer a Gepe y Javiera Mena. La ovación fue total. Gepe tomó su lugar en la batería, Javiera en el piano y Alex en su guitarra. Y entonces tuvimos la suerte de presenciar una versión de “Sol de Invierno” en la voz y ejecución de un trío experimentado, pero, por sobre todo cómplice. Cada uno brilló en la sintonía del otro y, como el público quedó hambriento de más, una versión a tres voces de “Tatuaje” fue la elección para despedir a ambos invitados. Hasta el momento nada podía superar lo que iba de show.

Sin embargo, luego de “Latinoamericana” y “Canción del muro” vino otra sorpresa que Alex tenía preparada para su gran fiesta. “Siempre es Viernes en mi Corazón” fue interpretada, nuevamente a trío, esta vez con Miranda! Ale Sergi y Juliana Gattas entraron en escena y dieron la vida por esta versión del aclamado single. Además, se dieron el lujo de interpretar “Imán” y “Bailarina”, en lo que sería una inesperada pero eufórica intervención del dúo argentino en el show de Anwandter. Parecía que las emociones ya no cabían dentro del teatro.

Luego de clásicos como “Éramos Todos Felices” y “Cordillera” vino una salida en falso que nadie dentro del teatro quiso creer. La verdad es que todos se quedaron estáticos en sus puestos, aplaudiendo, coreando el nombre de Alex y gritando lo que fuese necesario para que éste reapareciera en el escenario. El hombre en cuestión no se hizo esperar más, y arropado con una camisa dorada volvió a tomar posición en su piano. Nos explicó a todos los presentes que “el objeto de su amor” por fin estaba en el teatro, y que ahora era posible interpretar “Finalmente”. Antes no hubiese tenido sentido. Y cada nota tecleada, cada frase que su garganta entonó, fue con eterno amor, dedicado únicamente a quien puede generar ese sentimiento en él.

Para finalizar, Alex no pudo escoger mejor: “Locura”, el single representativo de su último disco, “Cómo Puedes Vivir Contigo Mismo?” y “Amar en el Campo” dieron el broche de oro a una jornada que se extendió por cerca de dos horas y media. El cierre fue alegre y bailable, pero en todos los asistentes quedarán marcados los discursos que Anwandter esbozó a lo largo de la jornada. Jamás olvidar que somos víctimas de opresiones por ser negros, homosexuales o pobres. Que las minorías no somos nosotros, sino que las mentes intolerantes y obtusas. Que no queda nada más que bailar, pensar y llorar. La noche del 22 de noviembre de este año quedará en el recuerdo de quienes estuvieron en el Caupolicán, porque esa noche, Alex Anwandter nos dio el más grande abrazo de resistencia. No estamos solos.

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