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Festival En Órbita 2018: Lejos del #Trending

nunca es malo el ejercicio de la autocrítica de audiencias ¿Por qué no darle una oportunidad a todo eso que se escapa de lo #trending?

En su corta historia, el Festival En Órbita ha sabido imponerse en la cartelera nacional de manera efectiva, pero poco ambiciosa. Una curiosidad considerando el espectro de lo que busca abarcar como evento cultural, bajo un sello “poco comercial” y bastante arriesgado en términos de contenidos para un país con audiencias que no suelen experimentar con sus propios gustos y que suele ir “a la segura”.

Desde su nacimiento, la promesa de este Festival es buscar la conjugación y el diálogo entre la música, el arte, la cultura, la historia, las ciencias y la astronomía. Todo desde una perspectiva ontológica del conocimiento, y desde la premisa más cuestionada de la filosofía: el quienes somos y hacia donde vamos. Por todo esto y más En Órbita pareciera no conformarse nunca con ser otro de esos eventos musicales de los que semana a semana facturan saludables adherentes y nutren a la cada vez más grande escena nacional.

Cartel 2018

Sin embargo, resulta sano preguntarse si es que más allá de las intenciones y la altura de miras, este popurrí cultural podría sobrevivir como tal bajo las condiciones del actual mercado del entretenimiento. Una pregunta contingente ante las evidencias de su más reciente edición: la más completa, ambiciosa e interesante, pero al mismo tiempo la menos concurrida de su historia.

Una de las novedades del En Órbita fue por ejemplo, la charla “Life On Mars” impartida al inicio del Festival por el reconocido astrofísico José Maza.

Una de las novedades del En Órbita fue por ejemplo, la charla “Life On Mars” impartida al inicio del Festival por el reconocido astrofísico José Maza. Una joya tanto para la divulgación científica, como para la expansión de espacios culturales que se disgreguen de una lógica plenamente mercantilista, pero que sin embargo fue presenciada por menos de una veintena de personas. ¿Cómo es posible?

Lamentablemente, dicho escenario se mantuvo por cerca de 5 de las más de 10 horas que duró el evento. De esta forma, el diverso y potente cartel pareciera haber quedado al debe para un público que raramente apuesta por aquello que no conoce, por más rimbombante que sea la invitación. 

Así, los coreanos NST & The Soul Sauce, el oriundo de Melbourne Alexander Biggs, los surcoreanos Dead Buttons, los Australianos Deep Sea Arcade, los canadienses de We are Wolves y el uruguayo Juan Wauters, protagonizaron shows de primera calidad y quizás una de las parrillas programáticas más variadas en estilo que se han visto en nuestro país durante los últimos años ¡pero ni a medio repletar del Teatro La Cúpula! Lo que se podría catalogar de “íntimo”, queda abierto a cuestionamientos que responden únicamente a lo vacío que se veía el recinto hasta por lo menos las 19:00 horas. ¿Hace falta buscar responsabilidades políticas?

La cosa logró agarrar vuelo poco después del anochecer, con la llegada al escenario de Suuns, quienes sin lugar a dudas eran uno de los platos fuertes de la jornada y lograron hacer el suficiente ruido para llenar el vacío, alimentándolo de psicodélicas ambientaciones sonoras que hicieron olvidar enseguida el aletargado paso del tiempo durante ese día.

La cosa logró agarrar vuelo poco después del anochecer, con la llegada al escenario de Suuns

Los únicos dueños de casa fueron los potentes Föllakzoid, quienes sin ningún resquemor patentaron su magnetismo como un flamante número headliner que nada tuvo que envidiar a cualquier otra puesta en escena de las ligas mayores que suelen enloquecer a las masas. A punta de riffs equiparables a una lámina de LSD, improvisación musical y una incuestionable calidad sonora, los chilenos supieron elevar el Festival a un plano superior de nuestra propia percepción del espectáculo.

La medalla de oro sin lugar a dudas se la llevó Yonatan Gat, el músico israelí anunciado con bombos y platillos desde el inicio y que no muchos lograron captar a tiempo. La ambivalencia de estilos musicales, que pasó por el punk, la psicodelia, el surf rock, el jazz y un sin fin de propuestas superó todas las expectativas que pudieron tenerse para un número tan desconocido pero necesario. Un show demoledor de principio a fin, que supo perfectamente adecuarse al lenguaje sonoro con el que sintonizaban sus oyentes, desde una pasividad agresiva que no dejó descansar a nadie.

Finalmente el turno de los californianos de Thee Oh Sees! Aclamados durante los últimos años como la salvación rock y el garage norteamericano entre tanto conformismo republicano, estos gringos son de esos que saben hacer bien las cosas y lo dejaron claro  en su debut dentro de nuestro país, a través de un espectáculo musical cargadísimo de rabia, energía y potencia. 

Con su show, Thee Oh Sees! reivindicó gran parte de las razones por las cuales se podía perder el autocontrol pasada la medianoche. Una experiencia que gustó para azotar las mentes fusionadas de los presentes al son de riffs encarecidamente sucios dirigidos por su líder John Dwyer, quien mostró una faceta pocas veces vistas para el rol de frontman, acercándose más a la idea de un chamán capaz de controlar la energía musical que cada de sus músicos y fanáticos posee.


Pese a todo, es lamentable que solo 3 agrupaciones lograran justificar la realización de un festival tan extenso

Pese a todo, es lamentable que solo 3 agrupaciones lograran justificar la realización de un festival tan extenso, que no logró llamar la atención pese a la increíble gestión de sus organizadores, quienes contemplaron la experiencia de manera mulidisciplinaria a través de charlas, exposiciones y talleres anexos al evento principal, donde se ofrecieron  espectaculares reflexiones encabezadas por expertos y grandes pensadores del Siglo XXI y que simplemente pasaron desapercibidos. 

En Órbita sigue expandiéndose año tras año, fuera de nuestra país, con versiones confirmadas en España y Nueva York. Una lástima considerando que se trata de una iniciativa gestada en Chile y que pareciera no estar generando los réditos necesarios para masificar la experiencia. 

¿La culpa? nunca es sano buscarla cuando las intenciones están completamente enfocadas en ampliar y enriquecer la oferta cultural, sin embargo, nunca es malo el ejercicio de la autocrítica de audiencias ¿Por qué no darle una oportunidad a todo eso que se escapa de lo #trending? Algún día podría pasar. 

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