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  • Séptima Cancha

    Better Call Saul: The Winner Takes it All

    Peter Gould y Vince Gilligan se lucen con uno de los eventos imperdibles de la televisión actual. Suspenso a tiempo lento, y el cómo tejer una historia.
    Alerta: el artículo tiene uno que otro spoiler, pero no te impedirán gozar la trama.

    Breaking Bad fue un suceso que revolucionó la idea que tenemos de la televisión; un ícono de la llamada era dorada de la TV, que marcó a una generación e introdujo a un enorme número de espectadores a las maravillas de la pantalla chica. Generar una secuela que mantuviese ese estándar parecía una tarea imposible… pero ahora, Better Call Saul no solo está manteniendo aquel nivel, sino que lo está superando. Sin embargo, son ánimos diferentes; comparar ambas series solo tiene sentido por ser creadas por el mismo equipo, con Peter Gould y Vince Gilligan a la cabeza. En Better Call Saul el desarrollo de los personajes tiene una mirada mucho más madura que su predecesor, cuidando cada detalle pues en ellos confía su argumento: la sutileza es la clave.

    Ya ad-portas del término de esta dramática e inquietante tragedia televisiva, se puede apreciar la impecable ejecución de la serie durante sus cinco temporadas. Sucede que sin conocer detalles de cómo terminará la historia de Jimmy McGill, muchos sabemos cuáles serán las consecuencias de este desenlace. Saul Goodman en Breaking Bad resulta no ser más que un criminal armado con una ametralladora de bromas y referencias oscuras, cuyo arco solo varía según el daño colateral que produzca Walter H. White en su vida. Es justamente en ello donde podemos apreciar la genialidad de sus creadores a la hora de pensar una historia: a diferencia del modo de caos/consecuencia que tiene el actuar de Walter en Breaking Bad, la narrativa de Better Call Saul se orquesta mientras sabemos que Jimmy McGill cederá ante su alter-ego, Saul Goodman. Una tragedia con un gran lujo para los escritores: no es el qué, sino el cómo. Ritmo.

    La narrativa tiene un dinámico tránsito entre los distintos personajes y escenarios, el que determina en general el ánimo de la serie. Distintas situaciones, distintos individuos, y Better Call Saul logra encontrar de manera muy inteligente los puntos en que estos relatos se cruzan. Los arcos de Jimmy y Mike – que toman más importancia y tiempo en pantalla – se conciben con una meta en común: asumir la decisión de vivir en el crooked world. Hay un claro paralelo entre ambas narrativas, pues comienzan con un camino de ilusoria redención cuyo resultado muestra en su esplendor sus oscuras habilidades: Mike y su pasado policial le convierten en el mercenario perfecto; mientras su boca y la mentira definen a Jimmy como un genio de la estafa. Eventualmente ambos personajes llegan a una misma conclusión, y es que sus habilidades son también su perdición: Mike comprende aquello mucho más temprano que Jimmy, pues desde la primera temporada se muestra autoconsciente por la responsabilidad que tiene sobre la muerte de su hijo. Aquello es irreparable, y a Ehrmantraut no le queda más remedio que moverse en la otra línea de la ley. Lo que mató a su hijo hoy sustenta el futuro de su nieta.

    Ambos personajes se ven forzados asumir la situación en la que están involucrados; escenarios que sus habilidades les entregaron. Jimmy ha tenido que luchar de manera constante con la carga emocional de la figura de su hermano Chuck, y el eterno recordatorio de su persona: diligencia en vida y legado póstumo. Mientras los líos de Mike son de una naturaleza más reaccionaria, pues ser el mercenario de Gus le ha llevado a actuar de una manera que no se corresponde con su propio código ético: haber asesinado de nuevo es un recordatorio de la situación en la que se encuentra. Cicatriz, deberes y lo inevitable.

    En relación a aquel aspecto, el episodio “Bagman” de la quinta temporada es un momento crucial para ambos personajes, y en el que nuestro protagonista se da cuenta del lugar en común que comparte con Mike. Un sediento Jimmy pregunta, mientras tiene en su poder una botella desbordada con sus desechos: “¿Cuál es el punto, así encontrarán un cadáver con la boca llena de orina?”. Se agota la voluntad de continuar. “Tengo gente, gente esperando por mí. (…) Lo hago para que tengan una mejor vida, y si vivo o muero no hace diferencia mientras tengan lo que necesitan. Así que cuando sea mi hora de partir, me iré sabiendo que hice todo lo que pude por ellos“ contesta un Mike seguro de su decisión. Jimmy reflexiona brevemente: está de lleno dentro de “The Game”, y debe continuar por su futuro y el de Kim. Se acaba el episodio y el sediento abogado se resigna a beber sus propios desechos: contra la flaqueza y por la poesía.

    Se puede seguir desmenuzando la intencionalidad de lo retratado durante este episodio, y es que la botella con orina no es solo el plot device que simboliza la voluntad de Jimmy, quien debe seguir adelante sin importar qué: beber de aquella botella también representa todo lo que no ha podido asumir hasta ahora, y que debe hacerlo a como dé lugar. Chuck. Como un fantasma, este episodio tiene varios elementos que remiten lo que para Jimmy significa la figura de su hermano. Un luto no asumido, pues la responsabilidad que acarrea respecto a la muerte de Charles significa un constante conflicto tácito, que jamás se desvela por completo. Aún así antecedentes hay muchos, y uno de los más importantes sucede justamente al finalizar el episodio que precede a “Bagman”: el enfrentamiento verbal entre Jimmy y Howard.

    Al final del episodio “JMM”, un iracundo James desarma a gritos al antiguo colega de Chuck, luego de que con preocupación este le interpela por su estado emocional. La escena ocurre con un Jimmy descolocado, quien se encuentra con Howard luego de cerrar el juicio en el que consigue la libertad de Lalo, con condición del pago de una enorme fianza. ”¿Sabes por qué no acepte el trabajo?”, grita Jimmy, “¡Porque es muy pequeño!”. Mientras Howard se retira del juzgado debe oír uno de los monólogos más lamentables de James McGill, quien proyecta de manera maníaca su propia situación. “¡Soy como un dios vestido de humano!” continúa, “¡Rayos se disparan desde la punta de mis dedos!”. Y aquella última frase que cierra su discurso es la que más curiosidad genera, pues recordando la alergia a la electricidad que padecía su hermano Charles, Jimmy parece estar consciente de que su actuar, sus “rayos”, fueron una de las condicionantes más importantes para agravar el estado de salud de su hermano. Parece confesarse en un siniestro lapsus.


    La escena recién narrada es importantísima, pues resume de manera perfecta la situación actual de James: no le quiere ceder terreno a Saul Goodman, pero sabe que en este alter-ego encuentra las mayores fortalezas de el mismo. Comienza a asumir el “lado oscuro” del que su hermano le acusó durante toda su vida, y se evidencia tanto en la dirección cinematográfica como en su mismo diálogo. Aquello es un indicio de lo que sabemos será la conclusión de esta lamentable tragedia, pues las expectativas que tenemos como espectadores es de presenciar el momento en que su alter-ego, Saul Goodman, consuma por completo su identidad

    Chuck conoció bien a Slippin’ Jimmy, y vaticinó con correcta precisión los líos que le acecharían: “Al final vas a herir a todos a tu alrededor. No puedes evitarlo, así que deja de disculparte y acéptalo, adóptalo. Honestamente tendría más respeto por ti si lo hicieras”, sentencia Chuck en una de las últimas frases que le diría a su hermano. Y hay heridos: Kim, quien durante la serie ha sido su único soporte psicológico, su único freno, ahora se ve convertida ahora en una versión corrupta de sí misma. El poder que el personaje de Rhea Seehorn tiene sobre Jimmy siempre pareció existir de manera benévola, pero el ser espectadora en primera fila del actuar de Saul le hace perder fe en el mundo legal en que tanto confió, y se sumerge de lleno en el territorio de “el fin justifica los medios” en el que Goodman tiene experiencia. No quedan dudas de que al acabar la quinta temporada tenemos el nacimiento de Slippin’ Kimmy, pues el “pew pew” con el que le dispara a Jimmy es un evidente throwback al nacimiento de Saul Goodman al final de la 4ta temporada.

    La quinta y más reciente temporada de esta serie es donde estallan las consecuencias inevitables del desarrollo de la misma; tejer un arco de manera precisa y coherente con la realidad de cada personaje, ha sido un viaje conducido de forma meticulosa. El ritmo de esta serie es lento, pues sabe que puede tomarse todo el tiempo que quiera en desarrollar sus propios conflictos. La información contenida dentro de los relatos es enorme, y se nos presentan enormes y complejas redes que se pueden desarmar en horas y horas de conversación. Jimmy, Kim, Mike, Nacho, Gus, los Salamanca. Y Lalo. Oh, Lalo

    En estos momentos el futuro de Better Call Saul se ve afectado de manera directa por la pandemia global del coronavirus; el lanzamiento de su sexta y última temporada estaba programado para el siguiente año, con un total de 13 episodios. Aunque no se ha entregado información oficial al respecto, se asume y comprende que habrá un retraso en su fecha de lanzamiento. Esperamos que su elenco no se vea afectado por ello, y podamos continuar con el deleite de su guión y performance: una obra compleja que ha llevado a un nivel superior el estudio de personajes en  la cinematografía.

    Hay mucho que no se dirá, mucho por interpretar y mucho por vivir. Better Call Saul maneja con maestría lo no relatado e invita constantemente a la interpretación de la experiencia en pantalla. Nos muestra mucho, pero jamás desvela el total. Una serie que no se teje en sucesos, sino en relatos; no en explosiones, sino en diálogos. Better Call Saul no es según lo que sucederá, es el camino a una inevitable tragedia. Morbo del bueno, y el placer en presenciar la muerte. 

    The Winner Takes It All.

    Bastián Naveas
    Written By

    Artista visual. Expandiendo los gustos de la Cancha General.

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