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El Extranjero: Camus y el retrato de la indolencia de siglo XX

No dudas que El Extranjero de Albert Camus sigue siendo un potente referente en la Literatura Clásica Moderna, compartiendo ciertos lineamientos temáticos con obras como La Metamorfosis de Franz Kafka o hasta Crimen y Castigo de Fyodor Dostoyevsky. La comparación por supuesto no es azarosa. Nos encontramos frente a novelas que resaltan las más arcaicas facetas del individuo que se inserta en una sociedad moderna, hablando al mismo tiempo del alienación y la indolencia de los crímenes que inflige -o se infligen en- el personaje principal. Es por aquello que relatos como el que nos acompaña hoy, resuenan tan estridentemente en audiencias actuales, aún calando en la fuerte sensación de soledad que nos marca.

Lanzada en 1942, esta es la novela debut del escritor francés nacido en Argelia Albert Camus, y quizás la más emblemática junto al apocalipsis pandémico de La Peste de 1947. Es un caso extraño entrar a catalogar a El Extranjero con cierto tipo de corriente filosófica, dado que el mismo autor rechazaba al existencialismo como movimiento y desaprobaba que su novela fuera encerada en tal definición. Lo que podemos afirmar respecto a esta obra es su ardua reflexión respecto de la condición humana y el absurdo como eje de creación; la alienación del individuo y cómo aquella puede enfrentarnos a las pulsiones más carnales.

Si viajamos brevemente por el plot de esta novela, nos encontramos con el Sr. Mersault quien es tanto el personaje principal como el narrador en primera persona, quien nos cuenta los acontecimientos de sus últimas semanas de una forma honesta pero al miso tiempo lejana y hasta cierto punto indolente. La narrativa comienza con la muerte de la madre de Mersault, su funeral y el reencuentro con una antigua colega de trabajo que rápidamente se convierte en su interés amoroso. Junto con sus amistades y esta nueva aparición, planean un viaje hacia la costa francesa que termina con fatales consecuencias. Es justamente en la playa que estalla el volcán de Mersault, donde se enfrenta a un sujeto que los venía siguiendo desde la cuidad, un árabe que venía por venganza a atacar Raymond, su amigo.

Esta escena en particular es absurda, poco clara y borrosa, precisamente elementos que añaden a la confusión de los pasajes así como el por qué de la situación. Mersault se devuelve por la playa luego de que Raymond es herido y se enfrenta a el otro sujeto, dándole la muerte con múltiples disparos. Lo absurdo entra cuando el narrador explica sus acciones fatales y nos confiesa que las reales motivaciones frente a sus acatos tienen que ver con el sol de la tarde y cómo el fulgor y fatiga que le provoca el sol lo llevarían a matar a su “oponente”.

Lo que continúa en el relato es el encarcelamiento y posterior juicio al que se enfrenta el narrador de El Extranjero. En este momento de la historia se hace muy evidente como la alienación llega a su punto máximo, lo que podemos ejemplificar con el siguiente pasaje:

Hasta cierto punto parecía que estaban tratando el caso dejándome a mí fuera. Todo transcurría sin mi intervención. Estaban decidiendo mi suerte sin pedirme mi opinión. De vez en cuando, me entraban ganas de interrumpir a todo el mundo y decir ‘Pero, vamos a ver, ¿quién es el acusado?

¿Quiénes manejan la situación? ¿Somos nosotros? ¿O es que nada de lo que hacemos realmente nuestra propia decisión? Entre aquellas preguntas ronda este siniestro relato de indolencia, mientras Mersault no arrepiente su crimen y lo atribuye a una serie de circunstancias que dejaron que se encaminara por la ruta del homicidio; muy por el contrario a lo que le pasa a Raskolnikov, el protagonista de Crimen y Castigo, quien sólo se envuelve en un monólogo interno de culpabilidad y moralidad latente. Mersault hasta cierto punto sólo se mueve por inercia, desde que se entera de la muerte de su madre por telegrama podemos darnos cuenta de su peculiar visión de mundo y cómo esta incapacidad por pertenecer lo llevan al extremo.

Podemos volcarlo hacia el comprensivo análisis de Carl Viggiani de 1956, quien argumenta que “en la superficie, El Extranjero aparenta ser un libro extremadamente simple pero detalladamente planeado. En realidad, es una densa y rica creación, llena de significados sin descubrir y cualidades formales. Necesitaríamos un libro de la misma extensión para hacer un análisis completo de significado y forma y las correspondencias entre el significado y la forma en El Extranjero.” Mersault es un personaje complejo más que una limitación de lo simple, y por más lascivo que a veces se torne el relato, nos baña en capas invisibles que rodean la narrativa, no sólo demostrando un interés por la condición humana y sus más carnales y precarias maneras, sino de la real relación entre individuo y la alienación que le da su contexto. 

Al igual que la visión de Camus del artista y cómo éste se relaciona con su creación, El Extranjero es una consciente y moralmente confusa iniciativa que nos obliga a reflexionar sobre los límites de nuestros cuerpos y acciones, siendo el absurdo el real conector en El Extranjero como novela.  Camus como artista reformula en mundo a su alrededor y lo dota de una coherencia diferente combinando fragmentos de la realidad con una ficción igualmente interesante, elevando este relato hacia una atemporal fuente literaria. 

Tuve una única impresión: estaba delante del asiento corrido de un tranvía y todos esos viajeros anónimos espiaban al recién llegado para ver en qué resultaba ridículo.

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Artista Visual. Frenesí en código literario. Bowie es más grande que tu problema.

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