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Opinión

El último abrazo a Bowie

El periodista español Julián Ruíz repasó hace unos meses la desconocida rutina diaria del cantante: pocas salidas de su casa, una vida alejada de los medios y la pasión hasta último minuto por escribir canciones. Un sentido homenaje a uno de los más grandes de la cultura moderna.

El periodista español Julián Ruíz repasó hace unos meses la desconocida rutina diaria del cantante: pocas salidas de su casa, una vida alejada de los medios y la pasión hasta último minuto por escribir canciones. Un sentido homenaje a uno de los más grandes de la cultura moderna.

Es curiosa y casi consternante con la anticipación que David Bowie definió este 2016. A solo 11 días de haber iniciado el presente año el ex Ziggy Stardust marcó la pauta de lo que resta de año: dejó un disco con un sonido totalmente diferente a lo que nos tenía acostumbrados; “Blackstar” muestra una faceta llena de experimentación, psicodelia y otras rarezas. Por otro lado luego de confirmarse su muerte su ya extenso legado se mutiplicó por cifras aún incalculables. El paso lógico es el que todos vitoreaban hace décadas: su transformación en una verdadera leyenda.

Quizás fue por su singular propuesta musical, sus extrovertidos gustos por la moda, o su extraña y misteriosa vida, lo que hizo que Bowie no solo fuera un ícono de la música, sino que de la cultura popular. Fue justamente este tópico el que tocó Julian Ruiz en un interesante artículo para ElMundo.es. En él repasa la rutina diaria del fallecido cantante; sus gustos, alejada vida de los medios y algunos de sus más guardados secretos. Puedes leerlo a continuación:

Como cada mañana, por prescripción médica, David Bowie sale de su duplex- apartamento en el número 285 de la calle Lafayette , en el exclusivo barrio de Nolita , en Manhattan, para dar su paseo matutino de al menos una hora de duración. Normalmente , gira hacia su derecha y sube la calle hacia Houston, cruza Blecker Street y puede llegar hasta la célebre St, Marks Place , donde tenía Andy Warhol su estudio ,su famosa “Factory” que el mismo conoció en su primera visita a Nueva York hace ahora cuarenta y cinco años.

Es un caminante anónimo . Casi nadie le reconoce. La última vez que le entrevisté en septiembre del 2003 , cuando apareció su álbum “Reality” , me aseguró que estaba enamorado de Manhattan. precisamente, porque podía andar por sus calles sin que nadie le reconociera. A veces, baja por Mercer Street o la misma Broadway. Pero tras el paseo es obvio que le gusta visitar sus dos lugares de trabajo.

Le gusta acudir a los estudios Magic Shop, en el número 49 de Crosby Street, justo la calle paralela en donde vive. Puede bajar un poco hasta la calle Prince y girar hacia la derecha y en cinco minutos está en el estudio. Otros días acude a su oficina Isolar Enterprise , que esta un poco más abajo de su calle Lafayette, en el numero 270,casi enfrente de su casa. También puede volver a casa, ya que tiene un mini-estudio en dos de las habitaciones , de las ocho que tiene su duplex, valorado actualmente en 14 millones de dólares, cuando le costó sólo cuatro hace dieciséis años.

 

Los secretos de isolar

Yo he sido un peregrino de sus itinerarios.Y he estado hace un par de años en su oficina de Isolar. Allí encuentras siempre a su mano derecha , su compañera de toda la vida , la suiza Corinne Schwab . Nuestra querida Coco para todos los que conocemos a Bowie . Coco es asistente personal de David, ex-amante y con la que se llegó a casa en los años setenta, tras el descalabro con Angie y en los años terribles del Thin White Duke.

Coco ejerció profundamente de suiza , cuando en los peores momentos de David, devorado por la heroína , hasta el borde de la muerte, le refugió una clínica de rehabilitación en Montreaux . Y allí incluso le compró una casa, cerca de la que tenía Roger Taylor , el batería de Queen. Por eso, Bowie y el grupo hicieron aquel maravilloso “Under Pressure”.

Hace ya dos años que no hablo con Coco. Naturalmente, me he hartado de ofrecerme siempre la misma respuesta. Me cuenta que David está muy bien, que jamás concederá entrevistas y que nos manda un cariñoso saludo. Todo ello en perfecto castellano. Coco lo habla bastante bien . Por vieja amistad, siempre trata de ser amable, aunque su conversación sólo sea una excusa. Pero presumo de que siempre se ha portado maravillosamente conmigo. Nunca me olvidaré de ella , por lo que hizo por mí el 1 de octubre de 1995 . Tras entrevistar a David , poco antes de su concierto en Tinley Park, con Nine Inch Mails de teloneros, a unos ochenta kilómetros al sur de Chicago, sin posibilidades de conseguir siquiera un taxi , me metió en una “limusina” , con varios amigos de Bowie para poder salir de allí después del concierto y regresar a mi hotel de Chicago.

El espacio en que discurre la vida del huraño David Bowie no es más grande que una aldea de la Mancha , si es que queda ya alguna. Normalmente, en estos días, por si alguien quiere intentarlo, Eileen D´Arcy es el perfecto contacto con la oficina de David.

Caminando con coco

Dos o tres veces a la semana , David acude al Café Falai , en la misma calle Lafayette. Pide una botella de agua y un sandwich . Cuando almuerza con Coco incluso puede llegar a tomar un poco de pasta. Pero dice Coco que prefiere que le haga la comida su esposa, la modelo Imán, a la que por lo visto le gusta cocinar. En boca de la propia Coco, le hace una magnífica tortilla de huevos blancos con espárragos. Plato favorito. En el edificio donde vive tiene gimnasio,sólo viven treinta y una personas. Y entre sus vecinos están Patrick McEnroe y Lachlan Murdoch.

Aislado del rudio

Es raro que Bowie quiera salir el fin de semana lejos de Manhattan. En los últimos años , visita muy poco la casa que tiene en las montañas de Catskill , en el estado de Nueva York. Un terreno de 64 acres en el lugar llamado Little Tonshi , en Shokan, que él e Iman se compraron justo unos meses antes de padecer la angina de pecho en Alemania . La anterior mansión- posesión en la isla Mustique ,una maravillosa casa al estilo de Balí, arriba en la colina de la isla, a la que puso el nombre de Brittania Bay House, se la vendieron al editor millonario, Felix Dennis y ahora se llama “Mandalay” , en homenaje a los rubíes de la ciudad birmana. Bowie nunca le gustó el mar, ni siquiera el lujo del Caribe . Si se compró la casa fue por culpa de Mick Jagger, que ya tenía allí una, en la playa, en la isla Mustique. Ahora tiene dos. Pero Bowie siempre ha sido animal de ciudad, un típico “urbanita”. .

Normalmente, por la tarde pinta, su gran pasión o trata de escribir alguna canción nueva. Es obstinadamente un padre perfecto para su hija Alejandra, Lexi , como la llama , que ya ha cumplido quince años. Hace dos años en junio, del 2013, David Bowie viajó con Iman y Lexi a Europa ,en barco y como le había prometido a su hija la llevó a Venecia con una amiga de la niña. Fue la última vez que estuvo en Europa y en Londres, porque en visita privada pudo ver su excepcional exposición de sus trajes, sus obras, sus fotografías en el Victoria and Albert Museum , una exposición que había comenzado en el mes de marzo.

Jamás viaja en avión. Jamás. Su acrofobia se ha incrementado en los últimos años. Así que en mi última entrevista le pregunté si no se aburría en el largo tránsito del barco que cruza el Atlántico. Me contestó que jamás. Viajar en barco le da la oportunidad de leer libros únicos , quizá olvidados . De poder disfrutar del cine clásico de comienzos del siglo XX , afición que le apasiona. Bowie es un experto en los films del genio ruso Sergei Einsenstein.

EL GRAN MISANTROPO

¿Cuales son las causas de la misantropía de Bowie?. Posiblemente, no tolere la sociedad actual y prefiera vivir un mundo especial, único , lejos del mundanal ruido. Desde su hermética jaula de cristal , aún puede ofrecernos una obra maestra como su canción “Blackstar” . Quizá en la propia letra autobiográfica se esconda su sentido huraño de relacionarse con la sociedad. Y David Bowie pueda ser tan radical como Kubrick , que no creía en el ser humano o vivir con la ira de Salinger o las obsesiones con su público de la mismísima Greta Garbo. En “Blackstar” canta con rabia contra el “infarto” que sufrió en Alemania , por el que vive con un triple bypass en el corazón. Le culpa de haberle convertido en una “estrella negra”, la conclusión de convertirse en el actual Howard Hughes del rock.

Bowie se pregunta de por qué el maldito infarto le dejó sin poder hacer una vida normal, hasta quitarle todas “sus sustancias “ favoritas. En el mundo onírico de Bowie se ha inventado otro personaje :Lazarus, ya que dice que ha resucitado de la muerte. Y en el mismo tema “Lazarus” , semilla de un musical que ha defraudado en “Off- Broadway”, canta que en su segundo nacimiento “tiene a Nueva York como dueño, está viviendo como un rey, gastando el dinero que le da la gana y que sólo ve el culo del infarto”.

Y todo ello basado en la novela de Walter Tevis, “El hombre que cayó a la tierra”. Pero para mí, Bowie siempre será “el hombre que vendió al mundo” , tras haber alunizado en la notoria novela de ciencia ficción de Robert A. Heinlein ,”El hombre que vendió la Luna”. David vive seguramente en el lado oscuro de la luna , como su ídolo Syd Barret, fundador de Pink Floyd.

Written By

Abogado en el título y periodista en el oficio. Haciendo la pega estilo Keith Richards en Cancha General. #Temucano

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