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Séptima Cancha

Gloria Bell: Una nueva perspectiva

Pocos nombres resuenan tanto en la palestra del cine nacional como Sebastián Lelio. Luego de un demoledor 2017, coronado a inicios del año siguiente con el Premio de la Academia a Mejor Película de Habla No Inglesa por su dirección en “Una Mujer Fantástica” (2017), el director no dio descanso de su potencial. Dio su primer paso al cine anglosajón con “Desobediencia” (2018), y puso en su cola de reproducción un remake estadounidense de una de sus primeras obras aclamadas: “Gloria” (2015).

No han sido escasos los casos en que un director ha decidido reversionar una película de su propia autoría. Michael Haneke desafió el gusto de los norte-americanos con su controvertida y angustiante “Funny Games” (2007), un remake realizado una década después de la original. En esta menú, el terror no es parte de la receta. En sus ingredientes una adulta Julianne Moore se viste de Gloria Bell, previamente personificada por Paulina García, una mujer divorciada quien busca darle sentido a su vida a pesar del paso de los años. En su trayecto conoce a Arnold, de la mano de John Tuturro (Rodolfo previamente, en la piel de Sergio Hernández). Ellos establecerán una relación, que poco a poco se verá comprometida por los lazos familiares de este último, y las inseguridades aún presentes en la vida de Gloria.

Como una huella propia, el cine de Lelio se empapa de una hermosa fotografía. Onírica y atmosférica, conserva los mejores elementos de la película que le valió el Oscar, fusionando el estilo clásico de su historia, con un palpable y colorido firmamento. Los personajes danzan aún fuera de las pistas de baile. Sus significantes actuaciones embellecen el íntimo desplazamiento de su argumento. Con una historia tan personal en los dedos del autor, no pierde una pizca de personalidad aún cuando su reversión sea casi un retrato fotograma por fotograma.

Al verse enfrentado a una adaptación, vale la pena preguntarse ¿era realmente necesario? Y en el caso particular de “Gloria Bell”, la respuesta es algo más ambigua a lo que uno podría esperar. La cinta original no se caracterizaba por su historia rompe-moldes, muy por el contrario, era una visión sobre personajes y relaciones. Por lo mismo, solo por el hecho de encontrarse ante una nueva interpretación de los mismos sucesos, hay algo en sus colores que varía leve pero hermosamente.

Julianne Moore no pareciera ser la misma persona que su contraparte chilena. Y es que solo por encontrarse en otro país, con otras circunstancias, y otro instante en el tiempo, observamos algo nuevo que aprender. Una historia donde su mayor fuerza cae en los brazos de conocer a sus personajes, se beneficia en múltiples ocasiones. Y en esta misma línea, atisbar a un personaje ser interpretado de diversas formas, despierta en el espectador una fascinación por su persona.

Estos no son solo personajes, son seres humanos que siguen existiendo una vez la cámara deja de rodar. Con vidas, sueños y problemas. Mientras lo que el filme exhibe es la punta del complejo iceberg que cae en la humanidad, el querer compartir con estos personajes parece motivo suficiente como para volver a llamarlos, aún cuando su primera adaptación pareciera habernos mostrado todo lo que creíamos, era necesario. El elenco envuelve esta lenta historia sobre amor y significado. Sobre no querer nunca quebrar los lazos que hemos formado durante nuestra vida, aún cuando puedan quebrar lo que nos quede de ella.

Diferente es distinto, y a veces distinto es mejor. Habrá un sector que difícilmente encontrará una justificación para volver a vivir una historia que ya han presenciado. Pero el valor del cine no cae solo en su entretenimiento. A veces se trata sobre conocer historias que no hemos conocido. Sobre acercarnos a seres humanos con los que no tenemos contacto. Ser testigos de una nueva perspectiva.

No todo lo agregado es bueno. Hay sub-tramas y personajes que no parecen justificarse de otra forma que para querer distar de su material de origen. Una amiga con incómoda química, y una madre sin la suficiente sustancia argumental como para sostener su presencia -fuera de una escena casi al final-. Casi toda la historia se mantiene íntegra en su esqueleto, y si puedes vivir con ello, bienvenido seas a este hermoso e íntimo remake.

Tiempos pasados

Siguiendo los pasos de previas entregas en su filmografía, Lelio se une a Matthew Herbert para manufacturar una banda sonora onírica y ambiental. Música con propósito que, aliada con una bellísima fotografía, establecen los pilares técnicos por sobre los cuales se construye esta historia. Es fácil reconocer aquellas piezas que han sido continuas en la filmografía del director (“Desobediencia”“Una Mujer Fantástica”), pero aún así, el director encuentra un significado en estos ritmos y, junto al compositor, los incluyen suave y dulcemente sobre los fotogramas.

En la cinta original, observamos una alta presencia de cumbias y piezas románicas, de alta nostalgia entre adultos mayores. En este caso, se opta por la coherente decisión de variar los ritmos latinos por música disco y pulsos setenteros. El cambio es carismático, aún cuando pierda esa divertida frescura que es inherente a un ritmo que es archiconocido por muchos espectadores nacionales.

Consenso: Digna e íntima

“Gloria Bell” es un concepto extraño. Una cinta que no pone ningún ingrediente nuevo en la cena, pero que de alguna forma sabe como un plato exótico. El cine está lejos de ser un arte matemático. Es posible calcula cómo, cuándo y porqué una película será buena, pero siempre existirá un elemento de azar que solo podrá encontrarse una vez se intente, y se siga intentando. Es difícil expresar qué hace diferente la nueva versión del autor chileno que no tuviera ya su análoga nacional, pero lo hermoso de rencontrarse con esta historia, es que le da motivos al espectador para querer revisitarlas cuantas veces sea necesarias.

Muchas veces el trayecto es más esencial que el destino. No es dónde, sino que  cómo. Es posible que la historia olvide este acto como otro intento por saquear los bolsillos de un audiencia norte-americana cansada de leer subtítulos. Pero si hay cierta seguridad sobre estas palabras, es que Lelio vio algo tan esencial en esta historia, que no vio motivo para cambiarla. Y no sé si haya algo más efervescente que un autor confiado por su obra.

Gloria Bell
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