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Reseñas

Interpol: Demasiado bueno para ser cierto

La agrupación de Paul Banks pocas veces perdió realmente el rumbo. Desde el mero sonido, los ritmos fueron bien ejectudos y las armonías buen entregadas. A su par, los juegos de luces y la bola disco colgando del techo recrearon una melancólica atmosfera de fiesta y tristeza. Mas no creo que este sea el concierto que convierta a aquellos que no son creyentes.

Foto: Pablo Benítez

Hace cuatro años se produjo uno de los choques más feos que la cartelera de Lollapalooza haya visto: Kings of Leon e Interpol. Los neoyorkinos habían sido dejados en el escenario alternativo mientras los cabecillas de cartel cerraban un escenario principal. Es de relativa discusión cuál artista es mejor que el otro, pero los autores de “Turn On the Bright Lights” habían quedado al debe de un show que los recibiera como ellos merecían.

El escenario fue perfecto. Prescedían a Post Malone y golpeaban el suelo nacional con una sólida nueva producción: “Marauder” (2018). El día anterior habían presentado un excelente listado de canciones al otro lado de la cordillera que mezclaba cortes de todos sus álbumes con especial atención en sus dos primera placas. Pero algo faltó.

Foto: Pablo Benítez

Casi como solo por cumplir, el cuarteto de post-punk revival entró y desapareció cual fantasma en noche de invierno. Con una interpretación apagada dieron en los puntos indicados para que el conjunto de sus armonías replicaran lo que hace a sus canciones suyas, pero nunca dando el paso más allá a qué es lo que las hace emocionante.

Como cualquier fanático del trabajo de grupo, escuchar cortes clásicos como “C’mere”, “PDA”, “Say Hello to Angels” y “Evil” estremecieron sensación que solo cortes tan emotivos como ellos puede tocar. Incluso el espacio a melodías más recientes: “All the Rage Back Home” y “The Rover” se convirtieron en momentos emocionantes bajo el mantonde una música con un sonido tan icónico y despantanante. Mas la falta de pasión en las cuerdas abre la pregunta de si había un ápice de energía sobre estas interpretaciones.

Aún con la energía que se desprende de los cortes más recientes de la banda, algo en su interpretación no parecía querer conectar. A ratos los instrumentos corrían a diferente velocidad. Como si cada interprete viviera en su propio mundo aislado del resto.

Foto: Pablo Benítez

La agrupación de Paul Banks pocas veces perdió realmente el rumbo. Desde el mero sonido, los ritmos fueron bien ejecutados y las armonías buen entregadas. A su par, los juegos de luces y la bola disco colgando del techo recrearon una melancólica atmosfera de fiesta y tristeza. Mas no creo que este sea el concierto que convierta a aquellos que no son creyentes.

Todo fue tan limpio, tan preciso, tan inmaculado, que es casi muy bueno para ser cierto. Podrá ser el cansancio de haber tocado en Argentina a meras 24 horas. Podrá ser simplemente el estilo de un grupo de adultos cuyo enfoque solo es darle a sus fanáticos las canciones que fueron a escuchar. Solo sabemos que poco hay en este concierto que se adentre en la memoria de aquellos espectadores que, curiosos por descubrir el en vivo del grupo, se camuflaron entre la dulce oscuridad de la noche.

Setlist:

  1. C’mere
  2. If You Really Love Nothing
  3. Public Pervert
  4. The Heinrich Maneuver
  5. PDA
  6. Say Hello to the Angels
  7. Fine Mess
  8. Evil
  9. All the Rage Back Home
  10. Rest My Chemistry
  11. The Rover
  12. Slow Hands
  13. Roland

Soundgarden – “Badmotorfinger” (1991)

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