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Reseñas

Kendrick Lamar: Justicia Poética

Han existido muchos actos de cierre memorables en Lollapalooza en su versión chilena. Podemos mencionar a Foo Fighters en 2012 con un poco más de 2 horas y media de show, ese mismo año Björk desató su increíble propuesta en Chile, Jack White en 2015 con su frenetismo azul y Soundgarden el 2014 con la última presentación de la banda en nuestro país. Lo que hemos vivido la noche del viernes 29 de Marzo es, algo increíblemente surreal y que nos atreveríamos a decir, uno de los más potentes show que Chile ha presenciado en el parque. Kendrick Lamar elevó a un público prácticamente inalcanzable con una presentación impecable. Fuego, una narrativa cinematográfica ecléctica y la potencia del rap que nos trajo de West Side.

Una hora y veinte minutos fue lo que nos brindó el majestuoso Kung Fu Kenny, luego de un nefasto retraso de media hora de Lenny Kravitz tras sus múltiples problemas técnicos de audio. A pesar de aquel problema que escapó al mismo Kendrick, logró rendir cada segundo del show preparado, el cual comenzó con una narrativa visual extremadamente interesante. En la pantalla central podíamos ver un vídeo que materializaba la idea de Kung Fu Kenny, donde Lamar se veía practicando dichas artes marciales con un maestro. Con tintes sarcásticos y que daban el inicio de una experiencia cinematográfica, el escenario de sumergió en una nube de humo mientras la parte final de “BLOOD.” remecía la ansiedad que se propagaba en los auditores. Una explosión de fuego dio el inició a “DNA.”, mientras KL corría al escenario que sería de su completa propiedad. Apenas aquel primer tema de DAMN. aparecía, el noble público de Lollapalooza respondía exaltado recorriendo las líneas que luchan contra los estereotipos raciales de Estados Unidos.

No podemos hablar de puntos más altos que otros en el show, más bien fue una alocada jornada en donde la histeria era más fuerte que los mismos auditores o Kenny, con aquello nos referimos justamente a “King Kunta”, una realeza musical de la obra maestra “To Pimp A Butterfly”. Una canción oscura líricamente que nos retrata el sentimiento de Lamar frente a su barrio, un ambiguo sentimiento de poder y sumisión en donde el autor se propone como un símil de Kunta Kinte y a la vez un “motherfucking king” destellando un paso de un “sirviente a rey”. Sin embargo, aquella relación asimétrica de poder no era lo que reflejaba Kendrick en su presentación, transparentaba humildad y una energía maravillosamente liberada.

Con un público que se entregaba como si K. Dot realmente fuera su rey, las voces no cesaron en ninguna línea, Chile se destellaba como un público de rap por excelencia. Una sorpresa dentro de la calidez, fue la rendida de honores a Travis Scott en tres temas que se hacían parte de este primer capítulo en la narrativa Kendrick: “Big Shot”, “Goosebumps” y “Collard Greens”.

Con extremo fervor destellaron temas de “good kid, m.A.A.d city” , entre aquellos “m.A.A.d city”, “Swimming Pools”, “Backseat Freestyle” y “Bitch Don’t Kill My Vibe”. Con un traje negro de alta costura y unos flecos que ya no le cubrían la cara, Kung Fu Kenny se deslizó como si aquel parque fuera Compton. La honestidad y aterrizaje de su propuesta, además de la timidez y poder con el que atacaba, lograron que aquella hora y veinte que en palabras se hacía poco, durara al menos una eternidad.

“LUST.”, “LOVE.”, “LOYALTY.” y más que nada “HUMBLE.”  nos dieron a entender exactamente la construcción de DAMN. y el por qué de cada himno, el cómo Kendrick sabe unir y suavizar toda aquella densidad de la que nos habla es la clave en este juego de tronos. Lamar es, sin duda alguna, el artista de rap más importante con vida, y una que aún traza las líneas del futuro con una elevada predisposición.

El show de KL es abrasivo, es intenso y jamás uno fácil de olvidar. Con su entrega discográfica plantea una obra maestra que logra rescatar la esencia del rap inculcado por Tupac y la instrumentación contemporánea que incorpora Kendrick en sus colaboradores musicales. Jazz, soul, funk, free, avant-garde jazz y trap son algunos de los tintes que podemos encontrar en esta propuesta escénica que no podemos dejar de recalcar como una narrativa esencialmente cinematográfica. Pero, la importancia musical, cultural, política, social y lírica no se puede reducir a tan solo una arista, es el completo de esta pieza lo que la hace ser una obra que trasciende el tiempo.

Kendrick Lamar no solo construye una narrativa que impone una estructura de viaje personal, sino que es una resistencia, es un hecho, es un destello de todo aquello que KL nos puede enseñar en su viaje. Kendrick Lamar nos deja sin palabras, nos deja sin aliento y nos deja con un sentimiento de jovialidad extrema. ¿Por qué es relevante que Kendrick se presente en Latinoamérica por primera vez? Se preguntarán algunos de nuestros receptores. La verdad se reduce a la contingencia de los problemas que acomplejan a Kendrick y la similitud a la vida y cultura Latina, una también reprimida por las potencias mundiales. Esta propuesta logra encapsular un sentimiento de represión y transformarlo en un grito de resistencia, Kendrick Lamar logra transformarlo en justicia poética.

Setlist:

  1. DNA.
  2. ELEMENT.
  3. King Kunta
  4. Big Shot
  5. Goosebumps
  6. Collard Greens
  7. Swimming Pools
  8. Backseat Freestyle
  9. LOYALTY.
  10. LUST.
  11. Money Trees
  12. XXX
  13. m.A.A.d city
  14. PRIDE.
  15. LOVE.
  16. Bitch Don’t Kill My Vibe
  17. Alright
  18. HUMBLE.
  19. All The Stars

 

 

Soundgarden – “Badmotorfinger” (1991)

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