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Jerga literaria

Léxico Familiar, Natalia Ginzburg (1963)

Cuando la familia, el lenguaje y la semántica conducen una novela biográfica en plena segunda guerra mundial.

En medio de la ola narrativa propia del período de guerras mundiales, es que Natalia Ginzburg escribe lo que sería definido hoy como una “Novela autobiográfica”. Debates existen respecto de si realmente esta novela estuvo o no influenciada por la recuperación de registros biográficos como parte de una construcción colectiva de un relato contextual de ese proceso socio-histórico, a través de la visibilización de las experiencias de diversos actores sociales que fueron protagonistas de esos complejos tiempos.

Esta propuesta historiográfica comenzaba a tomar forma cerca de 1994, cuando la macro idea de registrar de forma pública los relatos de la opresión nazi a través de la voz de, las y los mismos protagonistas, parecía ser una propuesta idónea de reivindicación social. No obstante, cabe destacar que en primera instancia esta idea fue tomada por el gobierno neerlandés como respuesta al fascismo imperante, lo que en particular Anna Frank a continuar la narrativa de su relato autobiográfico cambiando levemente la estructura de redacción, apuntando a un lector omnipresente y no únicamente a su amiga del alma “Kittie”.

Sobre este detalle histórico de la expansión de los relatos personales como registros históricos contextuales de procesos sociales. La propuesta narrativa que presenta Ginzburg es la articulación entre el embellecimiento del ejercicio de redacción y la construcción gramática de su familia nuclear como personajes de una obra teatral. Una articulación narrativa que sin duda fue muchísimo más detallada y específica que lo presentado por la pionera del relato autobiográfico, Anna Frank con “La casa de atrás”.

Léxico Familiar es la narración vívida de Natalia, quién desarrolla una estructura de redacción que se complejiza a medida que avanzan las páginas, como una forma implícita de desarrollar un relato crónico de vida. En un comienzo nos conectamos con la hija menor de un matrimonio judío y anti-fascista italiano, pero a medida que llegamos al final de este texto, nos encontramos con Natalia, una mujer con un extenso capital cultural, que no le tiene miedo a las conversaciones de política, ni mucho menos a la acción política opositora al lineamiento organizacional de Mussolini.

La novela autobiográfica nos sitúa en el centro de una familia acomodada italiana, un linaje familiar de tradición conservadora, quienes en la primera mitad del siglo XX accedieron a la educación superior; comprendieron la importancia de las artes y la literatura desde temprana edad, lo que evidentemente responde al patrón de privilegio del acceso a la cultura como otra forma de ostentar poder en medio de una Italia en guerra. Desde esta línea argumental, es que además de la trascendencia histórica que posee el relato, esta historia nos sumerge en el microcosmos de los núcleos familiares, como una aproximación representacional de las familias como extensión colectiva de un contexto social. Natalia nos invita a desglosar la unidad familiar desde una narrativa literaria en código antropológico de apreciación cultural; una especie de sociograma en clave novela autobiográfica.

Natalia Levi, siendo este su apellido de nacimiento, no nos cuenta precisamente una historia rimbombante con grandilocuentes giros de trama, sino más bien se concentra en otorgarle importancia al detalle, a la observación y análisis de la cotidianidad como forma explícita de aproximación a la forma particular de vida que tenía esta familia sin mayores apuros económicos, judía y antifascista.

Nuestra autora nos relata una historia en la que todas y todos nos sentimos parte, quizás hasta identificados con la forma en que se profundiza la nimiedad de la intimidad. De alguna y otra forma, todas y todos hemos experimentado algo de Natalia Levi desde nuestras propias familias, como uno de los primeros estadios en los cuales se nos enseñan y entregan las pautas, símbolos y códigos de lo que significa la vida en comunidad.

Es una narrativa que construye desde el detalle, la forma en que opera la tiranía nazi a nivel microsocial. Una forma de comprender que el dolor, el miedo y la incertidumbre de un contexto político también impacta en las relaciones interpersonales que se llevan a cabo en el primer nivel de socialización: la familia. A su vez, Natalia también conversa con la impronta de la salud mental, puesto que a lo largo del relato dialoga desde muy cerca con el suicidio, a través de la figura de su tío, y un amigo muy cercano. Es un relato que desde la profunda reflexión personal nos conduce, hoy 2020, a cuestionarnos “¿Seguimos viviendo bajo los paradigmas contextuales del siglo XX?”

La operativa de la acción comunicativa en la socialización diferenciada

El texto presentado comienza con una Natalia Levi que nos sitúa en el corazón de su familia, apelando a la descripción detallada como aproximación representacional a la construcción organizacional de su familia nuclear. En primera instancia nos presenta a su padre desde la ironía de ese clásico machito de izquierda, políticamente progresista pero socialmente conservador. Por otro lado, desarrolla y construye a su madre desde la implícita comparativa de su padre, aquella mujer alegre que siempre buscaba la manera de adaptarse a las dificultades, aquella mujer capaz de ver, comprender y abrazar las diferencias propias de una sociedad diversa, mientras que su padre opinaba con deprecio de aquellas y/o aquellos “parludos”.

Sin embargo, a medida que vamos avanzando en las primeras páginas, Natalia nos presenta que su familia, al igual que un gran número de grupos nucleares, utilizan códigos internos de comunicación que diferencian a los “Levi” de cualquier otro. La especificidad del lenguaje descrito en este relato, apuntan en su mayoría, a formas despectivas que reemplazan malas palabras, calificativos e incluso groserías.

El impacto de las palabras utilizadas en su mayoría por su padre, dan cuenta de la forma en que se estructuran desde la primera escuela de socialización, la familia, las pautas de comportamiento que los Levi consideraban como positivas, o en su defecto negativas. Es de esta forma en que el título de esta autobiografía, no solo apunta a las palabras que vamos conociendo que emergen la propia familia, sino que también da cuenta el impacto formativo que estas palabras tuvieron para los integrantes de este núcleo familiar y su abstracción de la vida en sociedad.

A medida que vamos conociendo estas palabras también nos vamos dando cuenta la magnánima forma en que se utilizan como parte esencial de una descriptiva de personas y contextos, palabras que convergen en la forma en que se desarrollan los procesos comunicativos como parte de la vida en sociedad. Esto asumiendo que el entendimiento de estos códigos y símbolos son una extensión de la comprensión, como el consentimiento y aceptación mutua de que las palabras que estamos usando, las estamos entendiendo. Un fiel reflejo de la operativa de la acción comunicativa (SÍ, muy Habermas y de la escuela Moderna de Frankfurt), pero ¿de qué otra forma es que se ejecuta la acción comunicativa, si no es dentro de la operativa misma de la socialización interna de los grupos familiares como contexto clave del aprendizaje de las pautas sociales o socio-normativas?

Es complejo entender la operativa de la acción comunicativa dentro de una autobiografía, pero se los planteo de esta forma: El patriarca de los Levi es descrito como una autoridad dictatorial, un tipo no muy alegre, muy crítico de todas y todos, pero también de todo aquello que lo rodea. A su vez, este patriarca utiliza palabras inventadas para referirse a otras y otros como una clave interna propia de los Levi, como por ejemplo el descriptivo “Parludos”. Esta palabra viene a significar lo que nosotros llamaríamos como “tontos/ tontas”, por lo cual tiende a ser un calificativo negativo que dentro de la jerga interna familiar, una descriptiva que hay que evitar a toda costa. Por esta razón, vemos que esta negativa al calificativo desemboca en la sanidad mental de los mismos personajes, es decir, una dificultad en la tolerancia a la frustración, excesivas ganas por buscar a aceptación de este padre y por consiguiente, mantener las mismas pautas de comprensión y de acto interno de la familia.

Por otra parte, es manifiesta la devoción que este padre tiene por sus hijos, la forma en que se relaciona con ellos, la manera en que él les enseña desde su perspectiva situada, el funcionamiento de la vida, la política, el arte, las ciencias, la investigación y otros. Sin embargo, las mujeres de ésta familia quedan relegadas a un espacio mínimo de las conversaciones, apelando siempre al estereotipo del siglo XX de la mujer perfecta: una mujer distinguida, de cabellos largos, peinados y vestidos rimbombantes; mientras que, si las mujeres no respondían a su constructo de mujer, él las tildaba de “Apoltronas”.

Es por esto que la premisa clave de “El lenguaje crea realidad” es tan transversal que podemos ver en esta novela en particular, cómo este mismo lenguaje va entramando la vida en sociedad desde las concepciones situadas del primer estadio de socialización. Por otra parte, desde éste mismo “Léxico Familiar”, vamos avanzando a la idea de que nuestros personajes no están siendo educados de la misma forma, puesto que el peor calificativo con el que el patriarca de los Levi se refería a los hombres era “Parludos”, mientras que el peor calificativo para las mujeres era “Apoltronas”, y es en este contexto en el que vemos atisbos de la socialización diferencial. El apelativo “Parludos” habla de hombres poco cultos, hombres de poca palabra, poco conocimiento político, dificultad en el posicionamiento político y planteamientos de ideas. Mientras que “Apoltronas”, apelaba a esa mujer que se atrevía a incursionar en el mundo de la moda de los comienzos de siglo, cuando comenzó a llegar la melena a los cabellos de las francesas, dónde las mujeres dejaban levemente de lado esos vestidos largos, y apostaban por nuevas formas de vestirse un poco más cómodas (comprendiendo el contexto histórico que significaron los inicios de siglo para las mujeres).

De este modo, es que la pequeña Natalia con la que iniciamos este viaje observa silenciosa, y analiza estos patrones propios que tiene la familia, en donde nos presenta la historia de sus hermanos, como una eterna disociación entre las pautas que le entregó su padre y el mundo exterior. Sin embargo, para las mujeres el campo era bastante diferente, puesto que a las mujeres nunca se les abrieron las alas para incursionar en temáticas políticas, sino más bien las relegaban a únicamente a la literatura como espacio de formación intelectual; respetando vestimentas, peinados, y otras tantas cosas que respondían a esa variable de “femeneidad” que existía en su familia, pero que también se reproducía en otras tantas, pero con particulares formas de inserción.

No obstante, Natalia Ginzburg decide resignificarse como individuo y adoptar eternamente el apellido de su primer matrimonio como una forma de expresarse fuera de todo estigma o estereotipo del deber-ser mujer en el seno de la familia Levi. Así, apuesta por su desarrollo en la política y también instándose a transformarse en una pensadora disidente dentro de la tiranía fascista de Mussolini, lo que tiempo después a lleva a ser Diputada de la “Bella” Italia por el Partido Comunista, siendo hoy también una de las mujeres más leídas en lo que respecta al análisis situado de los núcleos familiares, como otro espacio de segregación y de exclusión genérica.

Es por esto que “Léxico Familiar” debe estar dentro de nuestras bibliotecas personales, puesto que no solo existe un desarrollo de la clave de las luchas de clase como otra forma de opresión, sino que también permite invitarnos a desarrollar un análisis de cómo los códigos internos de las familias. Como el lenguaje, impactan en la forma en que comprendemos el contexto social y como nos comportamos en contextos colectivos, puesto que no hay mejor texto que ilustre la premisa “El lenguaje crea realidad” que este, ya que se define esta premisa desde los códigos culturales nucleares como una estructura más de sujetas y sujetos sociales.

Este grandioso texto lo puedes encontrar en MeGusta leer, la extensión oscila entre las 274 páginas, y en este relanzamiento especial, la edición que puedes encontrar es de tapa dura. Pero si eres de las o los clásicos, puedes disfrutar de ésta lectura por medio del formato digital.

Karin Ramírez Raunigg

Socióloga intoxicada en música.

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