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Reseñas

Mon Laferte: te pinches queremos

La tipa logra un fenómeno extraordinario, porque entra al escenario como una diosa inalcanzable, pero su espontaneidad a la hora de conversar con el público o la forma en que interactúa mientras nos canta, la hace nuestra mejor amiga, una cercana, esa cabra que invitas a tomar el té a tu casa y que no te avergüenza que vea tus fotos familiares.

¿Qué es ser un artista? ¿qué significa serlo? podríamos estar discutiendo por horas y días enteros al respecto, pero al final, es más sensato pensar que el artista no se identifica, el artista se reconoce y tal fenómeno es más cercano a reacciones que a análisis, pues el arte funciona mejor como estado, algo potente y maleable al contexto que nos convoque.

Mon Laferte tiene mucho de todo eso, de ser un momento atesorable y desgarrador. Mon Laferte provoca, emociona, llama, desespera y serena. El efecto catalizador de su voz que coquetea entre lo sensual y lo enternecedor, lo potente y lo vulnerable. Todo eso confabula para hacer de la gigantesca Monserrat, una de las cosas más geniales que le ha pasado a la música popular latinoamericana.

La cantautora se encuentra por estos días recorriendo el país gracias a su gira “Amárrame Tour”, con el que hoy promociona su última producción “La Trenza”, la cual logró en nuestro país el doble disco de platino y el stream de platino, galardones que una vez más demuestran lo cierto de un bonito refrán que da vueltas de vez en vez: el éxito es consecuencia, no meta.

¿Consecuencia de qué? no necesitamos repasar su historia, ni la negligente actitud de Chile con su talento antes de radicarse en México. Tampoco la insufrible construcción de su carrera, ni su consolidación, pues con presenciar solo un show en vivo es suficiente para saber a qué nos enfrentamos.

La tipa logra un fenómeno extraordinario, porque entra al escenario como una diosa inalcanzable, pero su espontaneidad a la hora de conversar con el público o la forma en que interactúa mientras nos canta, la hace nuestra mejor amiga, una cercana, esa cabra que invitas a tomar el té a tu casa y que no te avergüenza que vea tus fotos familiares.

Ella no necesita decirnos que viene de abajo o que se sacó la chucha para llegar a ser lo que es hoy, puedes verlo, puedes sentirlo con sus palabras y la calidez humana que proyecta la naturalidad de su actitud en el escenario.

Ahora, no se trata solo de pura buena onda, porque por mucho que te provoque invitarla a fumarse un caño con los amigos, jamás se te olvida que estás en frente de Mon Laferte.

Su nivel de interpretación es de la que te eriza la piel, canciones que ella compuso y que te invitan a cantar, bailar y sentir, con letras sencillas y honestas, claras y directas. Su dominio del espectáculo, de los ritmos, los silencios e intensidades, te hacen rendirte: ella manda, es ama y señora de su show y agradecemos que así sea.

Los muchachos mexicanotes que la acompañan hacen justicia de todo eso. Músicos de una calidad incuestionable que conocen a su cantante como a una escala pentatónica, cuya versatilidad se manifiesta en un constante, incesante y juguetón feedback. Mon Laferte no es solo nuestra querida Monse, es todo el equipo, el paquete completo y la familia lo sabe, demostrándolo hasta el último momento sobre las tablas.

Cuesta mucho no ser arbitrario con Mon Laferte, pero nada tiene que ver con el hecho de que sea chilena, ni la artista del momento, va más allá. Ella cautiva hasta más no poder, es su música la que habla por ella, es el trabajo detrás de sus discos y sus giras el que se plasma en la sonrisa que no te puede sacar nadie después del show y claro, eso pasa con todo buen artista. Ella lo es y no la detuvo nuestra falta de querer. Muchas gracias por eso, ahora si que te pinches queremos.

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