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Al igual que décadas como los 60 y los 70, los 90 fueron muy fructíferos para la música rock en general. Siendo ambas épocas un espejo en lo que se refiere a la intromisión de nuevos géneros musicales que contribuirían a un estado de rebeldía para muchas bandas que nacían con ansias de comerse el mundo, Monster Magnet echaría más leña al fuego. Una formación que con sus primeros trabajos, básicamente se comió la década completa a base de buenas dosis del psych mostrado años atrás, claras influencias a los spacers británicos Hawkwind y el género arenoso denominado stoner que comenzaría con su nacimiento.

Decir el mejor disco de esta banda se convierte en toda una tarea si miramos esos cuatro primeros trabajos de estudio. Registros que van desde el 91 hasta el 98, o lo que es lo mismo decir, un decenio impartiendo un monólogo exhaustivo de rock mayúsculo que se escribiría con letras de oro en esa último período que despedía un siglo plagado de descubrimientos.

En esta nueva reseña nos aventuraremos años más adelante después de nuestra ruta turística por los 60 y 70. Queremos ofrecerles a los seguidores de nuestra web , no sólo uno de los mejores trabajos del quinteto de Nueva Jersey, sino un disco que en los tiempos actuales se convierte en una influencia directa para muchas bandas que inician su andadura musical en el presente.

“Superjudge” es el segundo álbum de estudio de la tropa de Dave Wyndorf, también es el primer disco dónde entraría en acción el polifacético guitarrista Ed Mundell. No quiero desmarcar este disco como el mejor de la banda ya que como dije antes, Monster Magnet se caracteriza por ser una de esas formaciones más en forma de la actualidad, con una discografía brillante. Lo que es cierto, es que a este trabajo en particular, le guardo especial cariño por haber compartido grandes momentos de mi adolescencia.

En un tiempo dónde el sonido de Seattle se convertiría en un fenómeno musical, Monster Magnet surgía desde lo más profundo para ofrecer un estilo provechoso que a la postre, conseguiría fervientes seguidores adeptos a la fórmula que inventarían estos genios de la música noventera.

Los singles “Twin Earth” y “Face Down” se sumarían a covers de Willie Dixon en “Evil” o el clásico de Hawkwind llamado “Brainstorm”, para encumbrar un colosal “Superjudge” que gritaría de con fuerza y agresividad dejando el trabajo más psicodélico de la banda hasta la fecha con un sonido único, original e inconfundible.

La contribución de Ed Mundell en el disco es esencial, de hecho este músico contribuiría mucho en la progresión estelar de Monster Magnet como más adelante haría lo propio en otra de las bandas que muy pronto traeremos por estos lares, The Atomic Bitchwax.

Los álbumes “Spine Of God” o “Dopes To Infinity” suelen traer más cola y ser más reconocidos dentro de la carrera musical de Monster Magnet pero desde mi humilde punto de vista, ninguno tiene la producción, el carisma y el dinamismo que tiene este revelador “Superjudge”.

Estos hambrientos melómanos pondrían su granito de arena iniciando esta epopeya musical con la gran “Cyclops Revolution” o también la propia “Superjudge”, canciones que sentarían un precedente dentro de la música y los directos de los norteamericanos, convirtiéndose en grandes himnos para el grupo. Los riffs inolvidables de “Twin Earth” descubrirían un gran Ed Mundell a las cuerdas, incluso entraríamos en el estado de trance de los propios Monster Magnet con esos cantos soñadores en “Cage Around The Sun”. Viajes cósmicos que mezclan esta alianza impía con la locura cerebral de Wyndorf.

Canciones para dar y tomar en este segundo disco como la salvaje “Elephant Bell” y esa abrumadora fuerza poderosa y elemental que contiene. “Dinosaur Vacume” es ácido rock puro y sin cortar, seis minutos exactos de los Monster Magnet más auténticos. El cover “Evil (Is Going On)” despierta el alma más blusera de los Sabbath, una orgía psicodélica mezclada con un tercio del rockabilly de los 50. “Stadium” ofrece una versión más moderna para la banda con un rock más duro mientras que “Brainstorm” te lanza a otra de esas misiones espaciales de ocho minutos tormentosos como gran homenaje a Hawkwind, cerrando el álbum con “Black Balloon” una canción mucho más juguetona muy propia del mundillo descerebrado de la banda neoyorquina.

Estos cinco integrantes establecerían en esos tiempos un golpe abrasivo del rock retro más duro, un refrito de los Sabbath, Zeppelin, Hawkwind, visto y repetido por infinidad de bandas hasta ahora pero que en el año 1992 se convertiría en todo un descubrimiento. La creación de llevar esa marca de los setenta con el inspirado space rock y los continuos efectos psicodélicos traería una colección de riffs pentatónicos que uno tendría que retroceder hasta los tiempos de Blue Cheer para escuchar algo tan contundente a las cuerdas. Estamos ante un trabajo inmortal para los mortales, mi DISCO RECOMENDADO que nos adentra en épocas más actuales.

Rubén Herrera
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