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Editorial

Morrissey: Algo Faltó

Un setlist que destaca como uno de los más opacos en comparación a sus últimas visitas de 2012 y 2015, en donde el condimento del pasado, administrado a criterio y en dosis calculadas, complementó las últimas y a ratos polémicas inquietudes artísticas y políticas del inglés, que al final día, poco distraen a la fanaticada chilena.

En uno de los años más incorrectos de una carrera incorrecta, y luego de una lista de videos que por poco colma la paciencia de más de 12 mil asistentes, Morrissey ingresó al Movistar Arena un día después de su debut en el casino Monticello de San Francisco de Mostazal, en el breve lapsus chileno de la gira de promoción de Low In High School, su último disco.

Tras las habituales y a veces majaderas referencias cinéfilas y musicales que el ex líder de The Smiths acostumbra compartir antes de entrar a escena, el show arrancó con William, It Was Really Nothing, una de las tres únicas canciones de su alma máter, para luego, por supuesto, interpretar Alma Matters, una de las insignias de su faceta solista.

Para Morrissey, 2018 fue sinónimo de odio y enemigos. El inglés regresó a Santiago el mismo año en que defendió públicamente a Kevin Spacey, acusado de acoso sexual contra menores de edad, y tras criticar abiertamente la política migratoria de Europa, cuyos países, a su juicio, están perdiendo su esencia. “Quiero que Francia sea francesa. Si intentas que todo sea multicultural, al final no tendrás ninguna cultura”, dijo, antes que las respuestas a quemarropa.

En días del Pacto Migratorio, con aviones de haitianos saliendo del país sin la posibilidad de regresar en casi una década, nada de aquella perorata se escuchó por los altoparlantes del domo del Parque O’Higgins, donde después de más de una hora y media de concierto se extrañaron las viejas glorias de The Smiths y varios clásicos del repertorio personal.

La coreada y reciente I’m Throwing My Arms Around Paris, Is It Really So Strange? (de The Smiths) y el cover de The Pretenders, Back on the Chain Gang, marcaron el primer impulso energético del show, que luego dio paso a la señera Jack The Ripper, Munich Air Disaster 1958 y Break Up the Family, entre otras.

Los gritos de desesperación y euforia que estallan involuntariamente cuando el oído reconoce una melodía que trizó tu vida, fueron relativamente pocos. How Soon is Now los provocó. Who Will Protect Us From the Police?, con imágenes de la policía europea golpeando violentamente a manifestantes locales, también. Y desde luego Let Me Kiss You, que dejó a Morrissey sin camisa sobre el escenario antes del único encore de la visita. La cumbre adrenalínica, quizás, la protagonizó una pareja de fans que pudo subir al escenario y abrazar al ídolo, pero sólo como una constatación del deseo generalizado de la masa humana.

Everyday Is Like Sunday y First of the Gang to Die cerraron un setlist que destaca como uno de los más opacos en comparación a sus últimas visitas de 2012 y 2015, en donde el condimento del pasado, administrado a criterio y en dosis calculadas, complementó las últimas y a ratos polémicas inquietudes artísticas y políticas del inglés, que al final día, poco distraen a la fanaticada chilena.

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