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    Moses Sumney – grae (2020)

    Exigente pero compensador, el multidimensional álbum doble del cantautor estadounidense se enfrenta con valentía a preguntas complejas sobre identidad, expresión y la canalización de vivencias personales, rompiendo cualquier semblante de zona de comodidad en el proceso.

    Etiquetas, estereotipos, caricaturas. La dicotomía entre la identidad personal y la percepción ajena. La disonancia y la incomprensión. Comentarios, opiniones y puntos de vista, de lo constructivo a lo destructivo. ¿Cuántas ideas y nociones tiene que derribar una persona en su vida, en orden de poder ser sí mismo en todo su esplendor y miseria? Nunca alguien del tipo dispuesto a quedarse en conformidades, el intenso Moses Sumney, decide cortar brutalmente con todos estos patrones. grae, su nueva apuesta, es la prueba viviente con la cual nos brinda un pedazo de su complejo y humano universo.

    Hacer un álbum doble es siempre una tarea llena de trampas y dudas. Existe la posibilidad de extender un solo concepto por demasiado tiempo del que amerita. Puede que algunas secciones de la colección sean irregulares, o bien uno de los dos discos resulte vastamente inferior al otro. El cantautor aprovecha la oportunidad y maximiza su material a lo largo del formato, apoyado por una gran gama de colaboradores que ponen una marca en el producto final, no importando la posibilidad de que pueda terminar siendo demasiado. En grae, demasiado nunca es suficiente, y eso es una gran cosa.

    A su regreso en noviembre pasado, “Virile” no solo resultó ser la entrada de Moses Sumney, a casi tres años de su debut, rugiendo por la puerta, es una declaración de principios que argumenta contra la noción clásica de masculinidad, sus cañones disparando a máxima potencia. Sobre un plano de dramática percusión y estoica instrumentación maximalista, psicodélicos embellecimientos de flauta adornan el intenso recitado de Moses.

    “Tú quieres encajar / Amplifica lo masculino / Tienes la idea incorrecta”

    Es el verso que ocupa para denunciar la exageración en los falsos rasgos de violencia y agresión que se asocian al canon obsoleto del hombre ideal. El compositor, no conforme con destripar la intención dominadora del patriarcado (“quieres dominio para hacer siervos de las estrella”), termina por sepultarla con un veredicto despiadado (“Querido hijo, nosotros elegimos nuestras prisiones”). Es la auténtica decapitación al modelo de las normas que han regido lo que significa ser hombre por siglos.

    En quebrar los lazos con la cárcel de la masculinidad tóxica, Moses encuentra una dramática interrogante en sus manos: la disonancia entre nuestra conciencia colectiva como una herramienta de bien común, y las limitaciones que nos impone el formar parte. Una explosión y entropía de programadores y sampleos colisionan entre sí en la galáctica “Conveyor”, que a su vez disuelve sus reflexiones en el interludio “Boxes”. “De verdad creo que la gente que te define te controla”, recita la escritora Ayesha K. Faines, una de las múltiples invitadas. “Y la cosa más significativa que cada persona puede hacer, especialmente mujeres y hombres negros, es pensar sobre quién les dio las definiciones, y reescribirlas por sí mismos”.

    Rara vez otro momento musical alcanza la crudeza de “Virile” y la catarsis hiperventilada de “Conveyor”, pero la potencia del significado lírico se mantiene a lo largo del álbum, sus componentes de fondo a menudo incrementando la resonancia e intención comunicativa. El brutal jazz atmosférico y digitalizado de “Gagarin” apunta a una disociación, donde Moses cuestiona si su propósito de vida es suyo, o una mera reproducción de la existencia ajena.

    En la primera parte de grae también contempla la presencia de su autor en la relación consigo mismo, y también con sus pares. “In Bloom” indaga en la confusión de los sentimientos no correspondidos, mientras que el soul futurista de “Cut Me”, complementando por arreglos del conjunto británico Adult Jazz, reconoce la raíz de la fortaleza personal en la adversidad. Despojándose de los arreglos más gloriosos que abundan en las primeras once canciones, el número acústico “Polly” brinda cierre al primer ciclo en una nota agridulce, su compositor cuestionando su pertinencia en una relación con una persona poliamorosa.

    Desde este punto comienza el segundo set musical. Moses amplifica la introspección a máximo volumen, mientras a la inversa, desviste las composiciones contra lánguidas paredes de sonido que a ratos parecen chocar entre sí. Su encuentro de vulnerabilidad y maximalismo toma nuevos niveles en “Two Dogs”, una metáfora sobre como la muerte equipara a todos, con la profusa densidad que solo un artista con su calibre podría hacer funcionar, y “Bystanders”, una especie de mantra de pequeña independencia entre el sujeto y un entorno que juzgará sus errores y desaciertos implacablemente.

    Luego de tan meteórico y brutal recorrido, resulta increíble que el multifacético artista decida volver a minar territorio personal similar al de su debut. Pero las canciones que desprende de este proceso indican que esto no se trata de mera repetición. “Me In 20 Years” se encarna sobre una penetrante y oscura línea de sintetizador, cortesía del productor Oneohtrix Point Never. “¿Estará impreso en mi ADN / estar anclado en un permanente enero? / ¿Me he vuelto la cavidad que temía?”, lamenta Moses respecto a sus sentimientos de desconcertante soledad, su única respuesta siendo un seco “pregúntame en veinte años más”.

    “Bless Me” y “Before You Go” simbolizan el glorioso clímax y abierto desenlace en esta impecable colección, la primera contraponiendo el triunfal coro de voces y guitarras angulares contra una derrotista suplica, aquella que pide un último respiro de amor por parte del objeto de devoción: “Tan estúpido como se vea y sea / Sostengo tu manto porque / Quizás tú me concedas las alas / si me aferro”. El eco aturdidor de la actriz Michaela Coel despide los últimos momentos de la canción final, un encuentro despiadado de desenlaces y esperanzas.

    Lo que Moses logra con ambas caras de grae es un efecto que no muchos álbumes dobles logran conseguir. Donde la primera parte se lleva a sí misma con un desplante épico y desafiante, la segunda da paso a las preguntas más incómodas, la reservación y un temple más apagado. Cada mitad es lo suficientemente fuerte como para haberse levantado por sí sola en lanzamientos independientes, pero sin embargo juntas logran un arrasador efecto simbiótico, alimentándose de la compañía y de la cohesión del material, dotándole al álbum la calidad de una satisfactoria saga cinematográfica.

    grae es caótico, es incontenible, y es muchas cosas a la vez: confesión, meditación, denuncia social, conversación, nostalgia y sobre todas las cosas, la vulnerabilidad de un alma que decide exponerse en el ojo público, sin ningún filtro que lo cubra. Su pugna encapsula la de múltiples artistas en el mundo, quebrar con las limitaciones de la realidad que le posee. Y en este acto de descarada libertad, Moses Sumney danza sin cadenas, en una galaxia de su creación propia, completamente divorciada de la nuestra, pero nos hace sentir la invitación a entrar en su espacio.

    Moses Sumney – grae (2020)
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    Periodista. Colaborando desde la Cancha.

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