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    Légamo – Puřga (2020)

    La “Purga” como contra propuesta a la estructura hegemónica de los sonidos tradicionales.

    Legamo - Purga_ 2020

    “Es tan denso, que necesitas darse un alivio”

    Es así como comienza el disco de la banda Légamo. Un grupo de amigos de la quinta región que desde bases armónicas jazzeras, crean una nueva estructura de comprensión y disfrute de una apuesta experimental en marcos de rock jazzero, quienes se dieron a conocer en el circuito artístico nacional con un disco homónimo el pasado 2019.

    Este año, la banda de la quinta región nos sorprende con “Puřga”, un álbum que consta de siete canciones además de la introducción, lo que se transforma en un viaje en las profundidades de la emocionalidad que emergen desde potencia de opulenta impetuosidad, plasmado en la estructura instrumental del LP.

    Un detalle no menor que permite aproximarnos a la orgánica creativa y de producción de este disco, es que fue grabado en septiembre del pasado 2019, lo que en términos de construcción histórica en código musical, podría tratarse de uno de los últimos registros artísticos previos al proceso histórico y político de reivindicación social acaecido en octubre de ese mismo año; razón por la cuál Légamo describe a este disco como una especie de captura contextual en formato musical “tiempos de aparente calma antes de la tormenta, donde la burbuja de normalidad que encubría toda la injusticia e indolencia terminaría por reventarse para así poder ver de frente la crudeza de miseria moral con la que opera el capital en nuestras vidas”.

    El viaje que emprendemos con Légamo comienza con el track: “Laberinto de Kangrejo”en donde el protagonismo es tomado por las guitarras, hasta desembocar en un asertivo pase al clarinete. Los cambios de ritmo hacen justo juicio al título de este tema, ya que nos encontramos en un verdadero laberinto sonoro, cada camino es un ritmo, cada decisión una reacción. A medida que avanzamos en este laberinto nos vamos aproximando a una salida, la que es representada por un silencio, pero es esa batería la que nos recuerda que no, que este juego no ha terminado y que estamos muy lejos del fin de esta Purga.

    Avanzamos y el bajo se hace aún más presentes con un loop más jazzero, siendo éste quién brilla por sí mismo sin opacar nada. Es una melodía en la cual todos los instrumentos destacan por sí mismos, como una especie de fotografía que captura una perfecta armonía; pero desde el fondo escuchamos una voz, nos dicen que “Hay rincones sin luz”, presiento que estamos por acercarnos al fin de este laberinto, y es aquí donde emergen los cuestionamientos, las dudas, las inseguridades. ¿Es esta la salida, o es “un falso positivo”?, ¿es este el laberinto, o es el laberinto más recóndito que está en el fondo de los pensamientos?

    Continuamos en este viaje con Légamo, quienes conducen este viaje con la influencia de estructura instrumental de los míticos de Mr. Brungle, mientras avanzamos a la siguiente parada: “Oe Yeral”. Track en el que en los primeros cuatro segundos se puede identificar un sonido que muy familiar, son ritmos, pero también son colores, son ilustraciones; es infancia. Es la serie animada de los 90’s quienes toman el protagonismo en este tema, donde la guitarra, el bajo y la batería se transforman en un sólo organismo, casi como si fuese sacado de la metáfora del “Aparato de captura” de Gilles Deleuze.

    El liderazgo está en manos del clarinete, el que nos invita a transportarnos a ese sitio de seguridad, la zona de confort propia de una infancia en la cual ¡Hey Arnold! era el mejor panorama. Una serie que se construye desde la metáfora de la “infancia rota” a través de las aventuras y misterios que los personajes de esta serie nos acompañaron muchas tardes de entretención. Sin embargo, al encontrarnos aquí nos sitúa en un contexto de profunda reflexión. No estamos en la infancia, estamos en la adultez compleja y confusa en medio de una sociedad cínicamente adultocentrista, ¿Será que las infancias de los diferentes personajes de Arnold fueron un spoiler de la infancia rota con la que hoy cargamos muchos?

    Siguiente parada: “Playosis”. Una guitarra nos introduce a esta parada, seguido de un bajo que tiene una incuestionable e indudable influencia de un rock experimental muy noventero. La potencia de este track es como si fuese una fusión perfecta entre “Vanity Fair” de Mr. Bungle, “Mojo” de Peeping Tom y “Point and Click” de Tomahawk en código jazz. La voz toma cierto liderazgo en el trayecto de este tema, una voz particular que estructura una lírica propia de una corriente de la conciencia, casi tan extensa como la que aparece en “Hijo de Ladrón” de Manuel Rojas.

    Avanzamos al track 5: “Rapritual”, tema que a los primeros segundos nos recuerda la potente influencia de Mike Patton en nuestras vidas, remitiéndonos a la genialidad de “God Hate Cowards” de Tomahawk, pero con un ritmo mucho más alborozado, una canción que probablemente estaría en nuestra playlist “Soluciones para la ansiedad del fin del mundo”. Una vuelta sonora a los tracks iniciales que nos contactaron con nuestras sensaciones más eclipsadas, evidenciando la versatilidad que tiene la banda de Valparaíso.

    Con una transición minimalista de “Rapritual” llegamos a “Vuelta Larga”, en dónde el liderazgo está tomado por la batería, la que genera el contexto propicio para que el bajo sea quién construya la identidad de este track, seguido por la guitarra, la que con una compleja sencillez abre paso al clarinete, donde se genera una atmósfera propia de un viaje a la eternidad “lejos de casa”.

    Si tuviésemos que describir esta “Vuelta Larga”, la banda sonora que acompaña este viaje sería Pink Freud, ya que en medio de este tema, Légamo hace su propia versión de “Bourbon”, la que se caracteriza por ser una versión claramente más inquieta, lo que hace a esta vuelta un camino lleno de paisajes diferentes, algunos claros, oscuros, y también con un paisaje el que estamos en un trayecto hacia la eternidad, pero al límite de una tormenta con truenos y relámpagos.

    Con el típico sonido de la playa “Las Torpederas” de Valpo, es que se da inicio al penúltimo track: “Gaviota”. Tema que le otorga un protagonismo trascendental a esta ave tan propia de las playas del territorio, revindicando a este animal también desde su perspectiva más armónica, haciendo también de éste el soundtrack identitario de la quinta costa. 

    Gaviota mezcla esa melodía natural con las sonoridades características de los clásicos de Kubrick como “The Shining”, una forma tácita de aproximarnos a las profundidades de nuestros pensamientos, esos que nos ahogan y reprimen. Es por esto que para comprender la particularidad de este track es necesario entender que es una forma epistemológica de acercarnos a toda esa aura oscura que nos invade en la noche, esas reflexiones que no nos dejan avanzar y nos reprimen; una fórmula perfecta de la captura del simbolismo de la playa como una metáfora de otra interpretación del mar: La infinidad de los pensamientos de nuestras mentes.

    Llegamos a la última parada, “Verano2001”, track que comienza con una perfecta transición desde “Gaviota”, en dónde el bajo es el encargado de dar inicio a lo que sería el fin de nuestro viaje con Légamo. Y es a través de esta conducción que se afirma y reafirma que Fugazi es la influencia de una generación, y que “Waiting Room” de la banda post hardcore, es el soundtrack de las almas rotas. A medida que avanza este track, confirmamos que la esencia de la banda porteña está en lo intrépido de los cambios de ritmo, lo que por consecuencia nos llena de sensaciones tan diversas entre sí, logrando así una perfecta armonía que permite que este track nunca decaiga.

    A medida que nos acercamos el fin de este disco, de fondo escuchamos a la batería con un ritmo muy similar a los puntos más álgidos de “Jigsaw Falling Into Place”, dándole un bellísimo final a este disco que nos condujo a diversas emociones, creando una narrativa en formato audio. Un excelente viaje que tiene una preciosa elección que da fin a este trayecto lleno de emociones.

    No hay dudas que Légamo es una de las bandas a las que hay que no hay que perderle el rastro. Son sus melodías, ritmos y lo intrépido de sus creaciones las que hacen de esta banda una poco usual, pero con una proyección increíble. Otro punto clave que no pasa desapercibido es la utilización y mixtura indiscriminada de instrumentos que hacen de ésta estructura creativa, una característica Légamo a través de un sonido particular que construye el sello de la banda de la quinta costa. Así, van creando una especie de reformulación de las pautas que construyen las variables de la música chilena, sin miedo de utilizar un clarinete, ni un saxofón –como en su disco anterior-; sino que muy por el contrario, apuestan por la innovación sonora como una nueva forma de plantear las bases de la música experimental en Chile: saliendo de las zonas de confort y haciendo de éstas, el enemigo por excelencia de Légamo.

    Karin Ramírez Raunigg

    Socióloga intoxicada en música.

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