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Pedropiedra: sólo una puesta en escena

La puesta puede ser distinta, pero entre suma y resta el saldo sigue sin alteración. No es malo, al contrario, las críticas de que no es un artista porque no canta bien no son más que argumentos infundados por los que no pudieron ser músicos, recordemos que a Jorge González le decían lo mismo, y vea usted los resultados de su carrera, o a Bob Dylan sin ánimos de comparar. El producto es bueno, la música es buena, pero pareciera que nos encontramos en una etapa en que el crecimiento es cada vez menor, pero lo hay al final de cuentas.

La puesta puede ser distinta, pero entre suma y resta el saldo sigue sin alteración. No es malo, al contrario, las críticas de que no es un artista porque no canta bien no son más que argumentos infundados por los que no pudieron ser músicos, recordemos que a Jorge González le decían lo mismo, y vea usted los resultados de su carrera, o a Bob Dylan sin ánimos de comparar. El producto es bueno, la música es buena, pero pareciera que nos encontramos en una etapa en que el crecimiento es cada vez menor, pero lo hay al final de cuentas.

Ocho son los temas que dan vida al último lanzamiento de Pedropiedra, y como ya sabemos un nuevo álbum es sinónimo de presentación en vivo, esta no fue la excepción. El disco sólo lleva unas semanas rotando en plataformas digitales teniendo ya un extenso abanico de críticas tanto a favor como en contra—puede que las últimas más notorias—. Se ha dicho por ejemplo que Pedro hizo lo que pudo dentro de sus márgenes o que el registro “quedó bueno” para su estilo de voz, entre otros similares comentarios. Pero la verdad, es que esto es indiferente al momento de vivir su puesta en escena, al menos así lo hicieron ver los cientos de personas que asistieron este pasado sábado al Teatro Cariola para presenciar la presentación en sociedad de su cuarta placa como solista.

El telón se abre entre una humadera más que excesiva y una audiencia que de a poco iba acrecentando y llenando el reducido pero acogedor espacio del Cariola. Se hacen notar rápidamente los músicos que acompañan al vocalista, y éste a su vez reluce con su tenida nueva: una chaqueta estampada de múltiples simbolismos, entre los cuales se denota a Don Ramón en su hombro, banderas de Brasil, Jamaica, China, Panamá, logos de Cobreloa, Unión Española, o simplemente una gallina de colores; así de variado y atípico era el traje. ¿Sentido alguno? Él lo debe saber.

Pelusita, Lluvia Sobre el Mar y la Balada de Jorge González fueron las primeras canciones de la noche. Lo más probable es que Pedro haya hecho uno que otro arreglo a las composiciones del álbum a fin de reparar las cosas que le molestaron de la versión de estudio, por ejemplo disminuirle el sonido a la guitarra acústica —uno de los puntos bajos según él—. Continúa con clásicos como Luna Luna, En está Mansión, y el hit: Las Niñas Quieren. Tal cual van sus sonidos, avanzaba la emoción, expectativa y adrenalina de los ahí presente.

La jornada continúa con una incombustible energía de Pedro arriba del escenario; llega fácilmente a cualquiera que lo esté escuchando. Rayio/Olita, comenzó con las que se podrían llamar ‘nuevas adquisiciones’ de la puesta escena, y es que la pieza lo necesita de todos modos. Esta cumbia requiere del alma de cualquier símil, el rayador no se hizo esperar, y por un momento el público se mimetizo con una enérgica audiencia de un Crush Power Music. Sorprendió el tema, puede ser la facilidad no solo de Pedro, sino de varios artistas nacionales, esa de poder adueñarse y ocupar los géneros sin pavor o pasar a llevarlos.

Aunque fuera para fanáticos, una que otra sorpresa tenía que haber: Gepe sale a escena a cantar un cover de Extreme, More Than Words. Cualquier otro espectador —o quizá de esos más o menos desinformados— diría de inmediato que una re-versión de Pedro con Gepe a los norteamericanos es una copia barata, pero esta no fue así, incluso no tenía nada que envidiar a la original. El anfitrión de la noche se desempeñaba correctamente con la guitarra, mientras que el invitado mantenía y jugaba con la voz, haciéndolo tan bien como el grupo original, todo en recta marcha hasta… el final: ese I Love You tan melódico, lo sostenía el sanmiguelino y de un momento a otro Subercaseux lo interrumpe con su singular voz, no fue un momento complejo ni vergonzoso; al contrario sacó carcajadas en el público y más aún, aplausos. Errores como este hubieron varios, pero pareciera que a la banda no le importaba, se reían en escena lo que hacía presagiar una noche para disfrutar, cantar, saltar, y por qué no bailar. El diseñador de profesión volvió minutos después para cantar Granos de Arena, entre una cancha sin luces y con un paisaje adornado por instrumentos con luminosidades fluorescentes en su entorno haciendo figuras geométricas, se sentía y escuchaba la canción que pasó de un contexto agitado, a un momento más electrizante.

Pedro recuerda en el escenario sus inicios en la música, comenta que su primera banda la tenía con Jorge de la Selva (actual bajista en su formación) y un viejo amigo de nombre Freddy en la guitarra, algo más rock según él. Yo No Quiero, fue le tema que tocaron solo los tres.

Todos los Días parece ser la composición que simboliza a Ocho como disco, es la esencia y la nueva apuesta de Pedro: más movida, igual de pegajosa, pero ahora más bailable; y así lo simbolizó con un trío de bailarines, (un hombre y dos mujeres) que no se hicieron esperar para que el vocalista y todo el grupo se pusieran a ejecutar pasos frente al público. Sin duda, es una alegría escuchar este tema: le dio al clavo el cantautor con aquella canción, entre trompetas, con una nueva voz y baile se presenta en escena. Puede ser la línea de aquí en adelante de la música que cree el compositor. Ya con aproximadamente una hora y media de show, suena Matando el Tiempo y cierra el primer tercio de la jornada.

Iniciando el segundo tiempo, Pedro anuncia un tributo que dará en México a Los Tres, por lo mismo, presenta a Leo Saavedra para que toque el bajo y interpreten un cover del grupo antes mencionado: No me Falles. Sol Mayor, y Vacaciones le suceden, traduciéndose en un éxtasis en envase de música. Así termina el segundo tiempo.

Por último, y tras una correcta performance de Inteligencia Dormida, invita al productor, director, creador de 31 Minutos y amigo, Álvaro Díaz, para tocar un cover (de un cover) de un grande que dejó la dimensión terrenal hace unas semanas: un ovacionado y coreado Gracias al Sol o Have You Ever Seen the Rain? de Juan Gabriel. Más allá de que guste o no la versión propia del ‘divo de Juárez’ a Pedro no le queda mal, es un traje a medida, y sabe jugar con él.

Así termina la velada: una noche distinta, disco nuevo, show y puesta en escena renovada, pero yendo más allá de solo relatar la noche —porque eso es lo que hay en los párrafos anteriores—  parece pertinente acotar que Pedro ya tiene un sonido pactado, puede jugar como lo hizo con este disco, pero sigue siendo el mismo, y si es el mismo, también lo es show como compacto final. La puesta puede ser distinta, pero entre suma y resta el saldo sigue sin alteración. No es malo, al contrario, las críticas de que no es un artista porque no canta bien no son más que argumentos infundados por los que no pudieron ser músicos, recordemos que a Jorge González le decían lo mismo, y vea usted los resultados de su carrera, o a Bob Dylan sin ánimos de comparar. El producto es bueno, la música es buena, pero pareciera que nos encontramos en una etapa en que el crecimiento es cada vez menor, pero lo hay al final de cuentas. Recalcar que las ambiciones de Pedro tampoco van en esa dirección, pero si así fuera quizá sus shows no sean exclusivamente para fanáticos acérrimos.

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Sebastián Silva Valencia

Encauzando la Cancha General.

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