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Pillanes: Una nueva esperanza

“Le tengo fe a este proyecto, y cuando seamos famosos ustedes van a poder decir que estuvieron aquí”, dijo Mauricio Durán a modo de broma casi al final del show, cuando el selecto y pequeño grupo de fans de todas (o algunas) bandas de sus integrantes, ya se retiraba.

Foto: Pablo Bustos Mendez

Justo el día del cumpleaños número 37 de Francisco Durán, Pillanes cerró en Matucana 100 su primera serie de conciertos masivos en el país tras un disco debut que ya cuenta con dos singles de circulación radial y un auspicioso futuro artístico.

Ante una pequeña pero entusiasta multitud que paleó el frió desde la explanada del centro cultural la noche del sábado, el súper grupo de la música chilena (que integran los hermanos Francisco y Mauricio Durán, Felipe y Pablo Ilabaca y Pedropiedra) presentó las canciones de “Pillanes” (2018) y parte de un interesante material inédito que se gestó en estos días: un instrumental electrónico y sin título con tintes de diablada y un cover de Víctor Jara, “Lo único que tengo”, aplaudido de principio a fin en el escenario del Barrio Yungay.

“Facho Pobre”, “Valparaíso y Concepción”, “Montañita”, “Convénceme”, “Pillanes” y “Carmesí” fueron algunas de las canciones que agitaron el setlist, cuyas cumbres fueron “Loro” (el surrealista, andino y barroco homenaje a Horacio Salinas, líder de Inti Illimani Histórico) y “El mundo es un lugar tan triste”, su primer sencillo.

Con Eduardo Quiroz como baterista de apoyo y Javiera Vinot como cantante invitada para  algunos pasajes, Pillanes llevó al “en vivo” la contundente mezcla de estilos y sonidos de su álbum debut, donde las melodías nortinas, cumbieras, festivas y a veces lacónicas se unen al new wave, al glam rock, al britpop y al funk (sólo por nombra algunos) cuando la banda lo amerita, en lo que a veces se asemeja a la “jam” de un grupo de amigos experimentados, curtidos en el oficio, ensimismados en lo que saben hacer bien desde hace años.

Tras su breve gira de presentación y con el paso por Lollapalooza Chile a cuestas (donde compitieron en horario con algunos de los nombres más grandilocuentes del día sábado), todo lo que rodea a Pillanes es un vaticinio de un futuro próspero.

Aunque por momentos pareciera que sobran músicos sobre el escenario, o que los vocalistas chocan entre sí, o que voces como la de Pablo Ilabaca optan por el segundo y tercer plano a pesar del interesante momento de su carrera, en torno al proyecto de título mapuche sólo giran buenos augurios de cara al receso de algunos meses.

“Le tengo fe a este proyecto, y cuando seamos famosos ustedes van a poder decir que estuvieron aquí”, dijo Mauricio Durán a modo de broma casi al final del show, cuando el selecto y pequeño grupo de fans de todas (o algunas) bandas de sus integrantes, ya se retiraba.

Burning Down The House”, el clásico de Talking Heads, sirvió de despedida para el último recital de Pillanes en Santiago, aunque a la salida de Matucana 100 la única canción que se tarareaba era el tributo/trip del Loro Salinas.

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