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Reseñas

Weyes Blood – “Titanic Rising” (2019)

Portada: Brett Stanley

¿Cómo se podría describir la obra de una artista devota a sumergir en las más profundas aguas del pesar a sus receptores? Una gran y sentimental oda a vivir y amar en las sombras de la perdición, quizás es un intento por cumplir aquella explicación. Natalie Mering, conocida hoy como Weyes Blood nos acaba de deleitar con su cuarto LP titulado nada menos que “Titanic Rising“, una solemne experiencia líquida que combate la el pop melancólico con una audaz jugada compositiva. Aquella propuesta destella con tanta ferocidad que hoy nos sumergimos en tal experiencia en su totalidad, explorando cada arista conceptual, compositiva y visual de esta consolador manifiesto acuoso: hoy naufragamos con “Titanic Rising“.

No ha sido un recorrido estelar en ninguna circunstancia, sino una serie de retratos atmosféricos que trazaron el iluminado camino de esta artista. “The Outside Room” (2011)  pintaba paisajes etéreos con una suspicacia inquieta, “The Innocents” (2014) se remitía a una narrativa monocromática, amorosa y torcida grabada en el departamento de Mering y “Front Row Seat To Earth” (2016) examinaba la intimidad y el idealismo de sentimientos embriagadores a través del sensible lente de Natalie con referencias claras en la década del 70.

Lo que hoy nos convoca también es la intimidad, pero aquella intimidad líquida que desborda su cuarta placa, un álbum que contiene en su título una carga cultural avasalladora; “Titanic Rising” nos lleva por aquellos pasajes inexplorados del avant-garde pop. Bajo el alero del gran sello Sub Pop, el 5 de Abril de 2019 se lanza esta experiencia cinemática de 42 minutos y 22 segundos, nada menos que producido por la misma Natalie Mering y Jonathan Rado, asistidos por Kenny Gilmore en la mezcla y el único músico acompañante del álbum, Brian D’Addario. Entre referencias a la cultura del siglo pasado, Mering atisba un apocalipsis azul: “Es muy simbólico que el Titanic se estrellara en un icebrg, y ahora ese iceberg se derrite, se hunde como la civilización“.

La popuesta conceptual y visual de este destello de sensibilidad es algo que no debe deslizarse entre nuestros dedos. Con la fotografía de Brett Stanley y la perspectiva de aquella instrumentalista de California, esta aparición cobra una fuerza conceptual importante, partiendo desde este manifiesto titular, la imagen principal es una construida bajo el agua. Stanley desarrolla su quehacer fotográfico montando estudios completamente sumergidos, haciendo de esta imagen una realidad sumergida sin edición.

Aquí es cuando nos preguntamos, ¿por qué es relevante la imagen frontal en un álbum? La respuesta es bastante sencilla; un álbum, una pieza musical como obra de arte en si misma no es unidireccional ni abarca solo una disciplina, sino que es un conjunto multidisciplinar que se manifiesta como un espectro sensible en donde convergen diferentes aristas para una propuesta concisa. Es exactamente por esto que la coherencia que nos plantea Mering desde aquellos aspectos formales es tan relevante, destellando la manera en que configura una obra desde todos aquellos rincones aveces olvidados, logrando que esta imagen aparentemente inocente se enmarque como un manifiesto sensible. Logra así, que cada tema que recorre esta narrativa se inserte en este submundo acuático, la intimidad presente esta sonoridad acuática, que precisamente logra evocar sonidos líquidos.

La grandiosa apertura llega con “A Lot’s Gonna Change“, un tema que abre con sintetizadores oscuros como si David Bowie fuera aparecer entre aquella habitación sumergida, pero cuando el piano entra con una voz suave y grave destella una melodía que te hunde hasta aquellos paisajes azulados. Esta introducción de más de 4 minutos instala los sentimientos que vas a explorar en esta travesía, la cual continúa con uno de los mayores manifiestos aquí presentes: “Andromeda“. Aquel pasaje conciliador se trata nada menos que de “perder el interés en querer estar enamorado“, mientras Mering nos hace atravesar las estrellas esparcidas en el espacio con melodías que se nos hacen familiares, como si aquellas tuvieran una especie de amistad confortante. Alguna vez Natalie se refirió a si misma como una “futurista nostálgica”, lo que calza perfectamente con esta aparición sonora. Con una producción impecable y una voz que se encuentra en el centro de guitarras efervescentes, Andromeda pasa a ser el himno solemne del apocalipsis tecnológico.

Everyday” por su parte llega a cambiar las aguas, nos agita con un coro y armonías que crean una atmósfera de alivio y desesperación al mismo tiempo, siendo perfectamente entrelazadas con el caos que aquí se propone: “Se trata del caos de las citas modernas. Aquella idea de navegar tus barcos hacia ningún lugar para lidiar con todo lo que acarreas“. Catastrófico pero analgésico de igual manera, Mering plantea un pop barroco expresivo con tintes de Beach Boys, que entrega aquel toque “futurista” con una perspectiva puesta en la tecnología y cómo es que aquella logra dar forma y romper con el romance moderno. Es así como “Something To Believe” entra en esta misma línea, con la voz siempre conciliadora de una artista que aquí despliega una hipnótica y melancólica narrativa, aquellos detalles barrocos destellan con fuerza como si aquel subgénero estuviera más activo que nunca.

“Nobody’s gonna love you the same way
Some of us go astray, I watch so far from them all
Instead of dropping the ball, I seem to carry so many
The colors don’t align, a question of time
I seem to lose what I find
Please give me a sign soon
Really wanna find out the truth
And at night

I just laid down and cried
The waters don’t really go by me
Give me something I can see
Something bigger and louder than the voices in me
Something to believe”

El siguiente tema es un interludio que le da el título al álbum “Titanic Rising“, y es justamente con este tema que la narrativa se hace un poco más transparente. Justo a la mitad del LP entendemos esta atmósfera de ensueño que nos hunde en una belleza tan profunda para así ahogarnos en este hipnótico sueño. Con este interludio exquisitamente orgánico y refractivo da paso a la más oscura balada abstracta: “Movies“. Los arpegios sintetizados que arman este track nos hacen entrar en una odisea intergaláctica, una experiencia cinemática desde cada rincón, que compensan esta catártico movimiento hacia el caos de la nostalgia más pura. Mientras los sintetizadores cesan para dar paso a cuerdas y un robótico paso “droney“, Natalie continúa deseando estar sumergida en su propia escapada cinemática. Quizás la más notable y refractiva canción, la cual destella una colorida e iridiscente propuesta sonora y visual.

Mirror Forever” comienza agridulce, como si la corriente hubiera ya arrasado con todos nuestros sueños, pero es justamente la calma con la que se enfrenta Natalie a las desgracias y su afinidad por el caos que fluye cotidianamente. Instrumentalmente se posiciona como un tema no lejano, pero es justamente los quiebres de esa familiaridad lo que hacen que pasajes como estos brillen en una profunda oscuridad. Las últimas baladas de desamor las brindan “Wild Time” y “Picture Me Better“, ambas con melodías que destellan tanto la habilidad vocal como compositiva de la artista en una travesía tan conciliadora, guiadas ambas como cartas que pintan paisajes fragmentados y acústicos. El cierre “Nearer to Thee” es básicamente “A Lot’s Gonna Change” cubriendo solo los instrumentos de cuerdas presentes en el tema, retomando aquel manifiesto inicial como una vuelta a cerrar ciclos.

Titanic Rising“, escrito en el primer semestre de 2018, es la culminación de tres LP antecesores y años de tour con una enorme lista de colaboradores, como Father John Misty por ejemplo. Este álbum irradia una presencia potente pero no extravagante o extrovertida, más bien es un manifiesto de cómo el caos y la calma culminan en belleza. La producción en esta obra genera que cada detalle de la instrumentación tenga espacio y aire en donde la paleta de color realmente puede brillar, con arreglos que hacen honor a su título, a esta obra no se le escapa ningún detalle sonoro. La intimidad de la cual hemos hablado en esta nota no solo destella en las letras y el significado que podamos escarbar, la clave de la intimidad recae en la delicada y brutal voz de Natalie Mering, quien la utiliza con toda la sutileza y fragilidad que las melodías le pueden entregar.

A veces intranquilo, este recorrido sonoro se inserta como una verdadera experiencia cinemática, que a su vez intenta luchar con los ideales románticos de los largometrajes. El amor y la intimidad contrastados con la pérdida y la tristeza generan el eje de este álbum, haciendo de esta obra una especie de sanación y elevación de aquello creído perdido al fondo de este océano. El cómo la artista deconstruye la intimidad de lo contemporáneo plasma una sensibilidad más allá de lo que podríamos esperar, se inserta como un gran destello líquido de fortaleza. Una propuesta coherente y concisa crea una orgánica y atmosférica paleta de color, una narrativa de ensueño que provoca una cálida bienvenida es lo que nos entrega Natalie Mering conocida musicalmente como Weyes Blood, nos entrega una experiencia cinemática a través de un lente sensible. Aquí destella una belleza tan profunda para ahogarse en ella, entregarse a aquellos azules propuestos y entrar en un verdadero conciliador sueño líquido.

Quiero asegurarme de que todos sienten que merecen estar vivos. Espero que puedan sonreír a través del apocalipsis

-Natalie Mering

Soundgarden – “Badmotorfinger” (1991)

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