Connect with us

Jerga literaria

Sename: El programa de abandono integral de menores

Cuando el abandono trasciende la dimensión semántica de lo meramente comunicativo.

ABANDONADOS

“Estas historias dan cuenta de que la precariedad de la atención residencial y las deficiencias de funcionamiento de los centros bajo la tutela del Servicio Nacional de Menores (Sename) no son —ni nunca fueron— casos aislados, sino que responden a un problema transversal que muestra cómo la sociedad y las instituciones públicas no han podido proteger a niños, niñas y adolescentes bajo la tutela del Estado” (Rojas, 2020: 6)

Es así como comienza “Abandonados: Vida y Muerte dentro del Sename”, texto que nace de la investigación realizada por Carolina Rojas, quién lejos de presentar una investigación rimbombante, ambiciosa y academicista, construye un relato en primera persona a través de las experiencias de las víctimas en primer y segundo orden de la desprotección de los niños por parte del Estado.

El texto compuesto por alrededor de 20 relatos, dan forma a la narrativa de las experiencias de abandono, violencia, precarización y deshumanización de niñas, niños y jóvenes vulnerados multidimensionalmente. Muchos de los relatos presentados en este texto son narrados por los mismos protagonistas que vivieron dentro de estos centros “de exterminio” de la infancia; sin embargo, también están presentes los relatos de familiares directos de niñas y niños que decidieron darle fin a su existencia o aquellos que desafortunadamente fueron asesinados al interior de estos recintos.

Uno de los puntos más destacables de la construcción de este texto es la capacidad de visibilizar las experiencias, casi como una responsabilidad política de darle voz a todos aquellos que fueron silenciados y asesinados dentro de estos centros, una acción reivindicativa y desestigmatizadora de los jóvenes que “no les importan a nadie”, de los jóvenes que para ojos de muchos “son delincuentes”. La autora tensiona las preconcepciones respecto de los jóvenes que pertenecen y otros que pertenecían a alguno de estos centros de acompañamiento, confrontando e invitando a lectoras y lectores a reflexionar de forma crítica respecto de las historias de nuestras y nuestros protagonistas, presentando los relatos desde la génesis, la vulnerabilidad, desde el hambre, desde el abandono.

La autora, quién se transforma en nuestro personaje omnipresente, nos relata detalladamente cada una de las impresiones y sensaciones que va reconociendo a lo largo de las diferentes entrevistas que se presentan en este libro, lo que sin duda permite que las y los lectores que se sientan como un invitado más dentro de las conversaciones, permitiendo el constante cuestionamiento sobre la institucionalidad, la protección, y el exiguo e indolente “Estado Benefactor”. La narración crítica que da forma al texto se evidencia por medio de la presentación minuciosa y concreta sobre la operativa de la violencia institucionalizada hacia los sectores más desposeídos, cuestionando invariable y constantemente la normalización transversal de la pobreza como acción y efecto de la delincuencia.

La precisión de la autora con la que titula el el libro trasciende lo meramente característico del texto, sino que apunta a una multivalencia que trasciende la semántica, en términos concretos el concepto abandono construido por la autora apunta a las diversas variables que componen la vida en una sociedad paternalista, dónde la familia es considerada por los derechos fundamentales como parte incuestionable de la seguridad social.

Por otro lado, el concepto construido por la autora también apunta al abandono sobre las niñas, niños y jóvenes respecto del cuidado personal a manos del Estado, como una resolución simplista a la vulnerabilidad del entorno y contexto en el que están presentes. A su vez, Rojas también construye el concepto por medio de la dimensión pública a través de los medios de comunicación sensacionalistas, puesto que los medios masivos son agentes de transmisión de la información. En este sentido la crítica que aporta la autora respecto a la articulación de las dimensiones que dan forma al abandono de niños, niñas y adolescentes, emerge desde los  discursos con los cuales particularizan a los niños, niñas y adolescentes residentes de estos centros.

Desde esta arista es que por efecto la opinión publica naturaliza, produce y reproduce un tipo de violencia simbólica y estructural que permite naturalizar y dar sentido a los discursos de odio y discriminación. Es por esto que los discursos emanados por los medios de comunicación también impactan en la naturalización de la estigmatización como parte de la interacción social que se da en el espacio público, estructurando y ampliando las formas de discriminación, segregación social en el habitar el territorio, ya que la clasificación excluyente de internas e internos tildados como “el cáncer de la sociedad”, sentencia la responsabilidad personal de las y los internos, como una consecuencia de hechos circunstanciales y no a una violencia institucionalizada en la que se castigan y vulneran a los que menos tienen.

Por otra parte, uno de los punto más innovadores y relevantes del texto es que la construcción holística del concepto presentado por la autora, también comprende una de las dimensiones que más ha sido pasada por alto en la realización de investigaciones y reportajes sobre las problemáticas del Sename, y con esto nos referimos a la problemática de la violencia de género hacia niñas y jóvenes embarazadas a temprana edad. Es Carolina Rojas quién lejos de hablar de una realidad como constructo invariable, comprende que la vulnerabilidad es cruda, pero más aún para las niñas y jóvenes que son obligadas a parir en un Chile arribista, estigmatizador y excluyente.

Niñas obligadas a parir: Un análisis sobre la visibilización del ser mujer, adolescente y pobre se transforma en otra forma de violencia de género

Las experiencias aquí relatadas son sumamente duras, son lo suficientemente desgarradoras como para experimentar rabia e impotencia. Los relatos crudos inundados de dolor, vulnerabilidad y olvido hacen que el soundtrack de este libro sea la rabia poética de Tenemos Explosivos, o la explosión revindicativa de Asamblea Internacional del Fuego.

En el transcurso de la narrativa, los crudos relatos presentados por Rojas calan en lo más profundo, dónde el privilegio deja de ser una zona de confort, sino que nos permite reflexionar a través del sentimiento de la culpa y el dolor; porque son los mismos protagonistas, jóvenes menores de edad, madres, hermanas y tías, quienes desde la humildad más grande y  movilizadora buscan en la exteriorización de sus relatos y en este texto un halo de justicia, es por esto que al compartir su testimonio sentencian que el Estado chileno es Benefactor únicamente con aquellos que más tienen.

La narrativa de dolor del ser mujer y pobre, la autora lo construye desde la realidad misma de las niñas y jóvenes embarazadas, siendo el primer estigma sexista a combatir el “Ella se lo buscó” y “debió haber cerrado las piernas”. Este estigma, a lo largo del capítulo titulado Sonia, la autora se esfuerza de sobremanera en plantear que la génesis de muchas de las historias de las niñas está contenida en el abuso sexual y violación dentro del contexto familiar. Sobre esta línea argumentativa, los relatos que dan fuerza a este planteamiento, es que los agresores de dos de las niñas que comparten sus vivencias son: su cuñado y su hermano biológico.

La constante que determina el círculo de violencia de género son los pactos de silencio al interior de las familias, pactos con los que se privilegia la tranquilidad de los mismos agresores, evitando así toda sanción al respecto; lo que por consecuencia deja a las jóvenes y niñas a la deriva, viviendo muchas veces la tortura cotidiana de llevar a término un embarazo el que a los 14 años no planificaron, un embarazo que se transforma en el efecto mismo de un acto de violación, pero que no sólo está construido en la base de la irrupción de la libertad sexual, sino que el acto de violación se transforma en la punta del iceberg de la violencia intrafamiliar, puesto que los relatos presentados afirman que antes de llegar a la expresión máxima de violencia sexual, fueron violentadas psicológica, física, económica y hasta moralmente, permitiendo así la coacción de las niñas y jóvenes, mucho antes de que este embarazo fuese consumado.

Hasta este punto nos parece violento y desgarrador que niñas de 14 años deban cuidar a sus “guaguas” en contextos de extrema pobreza… pero, ¿qué pasa cuando estas niñas están bajo la tutela del Estado, privadas de libertad y abandonadas?, evidentemente todo se vuelve cuesta arriba.

En los centros como Residencias para Madres Adolescentes (RPA), la realidad se vuelve aún más lúgubre, un espacio sin salida, donde la institucionalización de la violencia transgrede todo lo que nos podamos imaginar. Los objetivos principales que tienen estos centros son:

  • Entregar atención psicosocial y potencial roles maternales
  • Fomentar el interés de llevar a término un embarazo a pesar de las condiciones
  • La importancia central es generar las condiciones para que las madres se entreguen al proceso con entereza.

Bajo esta realidad, es que los objetivos de estas residencias expuestos por la autora se transforman en una pieza clave en la visibilización de la violencia de género institucionalizada para todas las edades, puesto que el carácter patriarcal y catolicista del proceso de embarazo es romantizado a través del deber ser madre como norma invariable de la construcción cultural del género femenino, dando cuenta que el Estado no comprende que la concepción está basada en una cotidiana transgresión a la infancia de miles de niñas que fueron abusadas y que hoy han sido obligadas a ser madres antes de terminar de jugar con sus amigas y amigos.

A su vez, también existe un Estado que produce y reproduce una política de acción aniquiladora anti-mujeres y anti-infancia, ya que las jóvenes han sido obligadas a parir en las condiciones más paupérrimas, siendo agredidas, privándolas de la educación, de la comida y del libre tránsito, haciendo de sus vida una constante autoflagelación, dónde muchas veces la violencia se reproduce en más violencia, reconociendo en ellas el dolor y extendiéndolo a sus bebés, reproduciendo una y otra vez el círculo de violencia y abuso de poder.

La autora nos permite replantearnos que el factor género sí está presente en la institucionalización de niñas, niños y jóvenes que han sido vulnerados sistemáticamente, donde el Estado hace que los espacios de “protección y seguridad social infantil” sean de alguna manera, el punto traumático más alto de las vidas de las y los residentes. Pagando el alto costo de la vulnerabilidad con sus vidas, sus cuerpos y sus sueños. Nos enseña que la vida de muchos niños y niñas han sido aniquiladas de diversas formas, y que el Estado – responsable de todas y nada de una de las violencias, al permitir que en este espacio se sigan reproduciendo espacios de vulneración – castiga a la pobreza, aniquila a las familias de escasos recursos, haciendo de esta realidad, una victimización latente.

Es imperativo no identificar que hasta este punto la autora nos comparte historias de niños y niñas que en vida decidieron contar su historia, apostando por el cambio de nombre. Sin embargo, los nombres de las niñas y niños que decidieron poner fin a su sufrimiento, o derechamente jóvenes que por defenderse murieron a manos de sus cuidadores o de sus compañeros, fueron referenciados con nombres reales, pero ¿por qué?… Hasta este punto, la interpretación ya no cabe, sino que la afirmativa de dar a conocer el nombre de estos ex – residentes, es una forma explícita de hacer justicia, una forma tácita de gritar sin miedo y denunciar de forma pública la violencia institucional, simbólica, psicológica, física, sexual, moral y económica de la que el Estado es el responsable táctico de todas y cada una de las muertes ocurridas dentro de centros de cuidados, pero … ¿Qué sabemos de los reales responsables?, ¿qué sabemos de aquellos que el Estado protegió el anonimato con tanta vehemencia?

A modo de reivindicación y justicia en un acto político de resistencia, compartimos algunos de los nombres de los asesinos, agresores, abusadores y violadores de los derechos de los niños, niña y adolescentes que el Estado ha protegido a lo largo de todos estos años, para que nunca más nos olvidemos de sus nombres, porque eran a esos niños, niñas y adolescentes a quienes debían cuidar, no matar:

  • Juan José Morales
  • Rafael Garín
  • Greg Olave
  • Marcela Bermúdez
  • Leonardo Lobos
  • Luis Rubilar
  • José Manuel Cid
  • Luis Mandrujano

La vida de todos estos niños, niñas y jóvenes están rotas. Las estancias en estos centros más que “corregirlos”, terminaron por lapidarlos para siempre, haciendo de sus vidas una ambivalencia entre la operativa del trauma en las relaciones e interacciones cotidianas, y la rabia con la que se conectan con el mundo institucional, ese que permitió que todos los actos de vulneración, agresión y humillación se normalizaran a tal punto de considerarlos como parte de la orgánica de estos centros de exterminio que están impunes. Sin embargo, es uno de los jóvenes quien sintetiza de mejor manera el sentimiento de frustración, sin buscarlo es el responsable de dar un cierre abrupto y doloroso a un texto que visibilizó todo aquello que la justicia quiso callar en innumerables ocasiones:

CR: ¿Qué le dirías a la gente del gobierno si pudiera escucharte?

NNA: Piñera (perkin), y el gobierno son un asco. Y que el Sename deje a los niños en paz. Pucha, si no tienen familia que los dejen con los parientes, pero que no estén encerrados.

Abandonados - Carolina Rojas - Primer capítulo - megustaleer ...

Para saber más de las historias y los relatos que dan vida al texto de Carolina Rojas, puedes encontrar la investigación completa en Me Gusta Leer haciendo un click acá.

Karin Ramírez Raunigg

Socióloga intoxicada en música.

Most Popular

“Pa Qué”: El Chile de hoy x Ana Tijoux

Noticias

Disclosure – ENERGY (2020)

Reseñas

Camila Moreno: Punk-Feminista Cyborg

Reseñas

Foto: Beast Discos Foto: Beast Discos

Los Días Silvestres: “Venimos de afuera para encontrarnos en esta selva de cemento”

Entrevistas

Advertisement
Advertisement
Connect