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    The Strokes: Gritos épicos

    Quizás pocos de los presentes en el Parque OHiggins tuvieron la posibilidad de verlos en su única visita anterior, la del SUE en 2005. Y teniendo en cuenta la distancia (temporal, cultural, social), el saldo es positivo. The Strokes gritó en Santiago. En algún momento no se escuchó, pero gritaron, tocaron y levantaron épica donde en dos noches casi no hubo.

    Quizás pocos de los presentes en el Parque OHiggins tuvieron la posibilidad de verlos en su única visita anterior, la del SUE en 2005. Y teniendo en cuenta la distancia (temporal, cultural, social), el saldo es positivo. The Strokes gritó en Santiago. En algún momento no se escuchó, pero gritaron, tocaron y levantaron épica donde en dos noches casi no hubo.

    Primero, lo que se supo: la falla técnica en el inicio del concierto de The Strokes, el que cerró la jornada doble de Lollapalooza 2017. Tras una espera de 20 minutos (para nada terribles, quizás 5 más de los 15 habituales que la producción programa para que el público se acomode en la explanada), el quinteto se dispuso a tocar The Modern Age, la primera canción del setlist, que sonó completa pero sin la voz de Julian Casablancas. Su micrófono no se escuchaba en los parlantes, y el vocalista optó por cantarla hasta que el audio se repusiera. Nunca se repuso: comenzó Soma, la que venía, y frente a las señales de desapruebo el quinteto optó por parar, reparar la falla y arrancar de nuevo.

    El detalle disipó el ambiente. Casablancas se vio obligado a interactuar, a gesticular más, y a dar vuelta un 2-0 en contra a pulso y grito. En parte lo consiguió. Los hits de “Is this it”, su emblemático primer disco, tiñeron de blanco y negro cualquier malestar o incomodidad. Y a pesar que eso que llaman química no se vio nunca en el escenario, entre los diálogos casi nulos de sus músicos, en sonido y puesta en escena fueron filosos y correctos.

    Las críticas que antecedían su gira sudamericana vaticinaban lo peor: errores y displicencia. Aquí no. Y si bien no alcanza para compromiso ni para “lazo personal con Chile”, y dejando de lado todos esos saludos a la bandera que nos tienen acostumbrados los músicos, la “química” que no hubo arriba se manifestó en el puente limpio y firme que se construyo entre audiencia y música.

    Algunas que se escucharon: Soma, Someday, 12:51, Reptilia (estallido pleno en el Parque), Is This It (fans abrazados en el coro), Threat of Joy, Automatic Stop (momento amoroso), New York City Cops (baile y una versión clorificada de mosh), Barely Legal y Last Nite (instantánea Coca Cola de la noche). En el regreso, Heart in a Cage, Hard to Explain, You Only Live Once (la más cantada) y la hiperactiva Take It or Leave It en el cierre..

    La colérica Drag Queen, contenida en su último EP, fue muestra del momento actual del grupo: más cerca de la discoteca que de la cuneta. Pero el setlist fue en su mayoría nostálgico: un repaso por los discos que les trajeron gloria antes de la avalancha de críticas por conciertos desprolijos. y su intención electrónica.

    Quizás pocos de los presentes en el Parque OHiggins tuvieron la posibilidad de verlos en su única visita anterior, la del SUE en 2005. Y teniendo en cuenta la distancia (temporal, cultural, social), el saldo es positivo. The Strokes gritó en Santiago. En algún momento no se escuchó, pero gritaron, tocaron y levantaron épica donde en dos noches casi no hubo.

    Algunos dicen estar en la cancha, nosotros somos la cancha. #CanchaGeneral

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