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Reseñas

Woodstaco 2019: Quién es Quién en Escenario Rock

El escenario que rinde homenaje a los cimientos sonoros de la emancipación expresiva y cultural de finales del siglo pasado en nuestro país, se complementa de un cartel completamente enriquecido por agrupaciones consagradas y novedosas que engloban los principios ideológicos del género en cuestión y que se resumen en un sonido irremediablemente sucio y chileno.

Entre medio de especulaciones comerciales y filosóficas sobre su sentido para nuestro digitalizada e insípida cultura moderna, el rock por fin dice presente y echa raíces en el festival de música chilena más importante de los últimos 10 años.

El escenario que rinde homenaje a los cimientos sonoros de la emancipación expresiva y cultural de finales del siglo pasado en nuestro país, se complementa de un cartel completamente enriquecido por agrupaciones consagradas y novedosas que engloban los principios ideológicos del género en cuestión y que se resumen en un sonido irremediablemente sucio y chileno.

De este modo, los encargados de dar el vamos -con un sórdido grito gutural- son los curicanos de Acaosis, una banda cargada de la densidad del metal de barrio independiente, con odiosas y tajantes líricas que apuestan a la crítica social, pero también el hastío y la rabia de coexistir en la matriz de nuestro sistema, con llamados al “mosh” desde el primer minuto.

En una línea no muy alejada, le sigue el conjunto ñublense Machocabrío, quienes rescatan la escuela del hard rock más puro y duro dentro del imaginario clásico de guitarras, cervezas, motos y melenas. Con el disco “Altibajos” de 2014 y un autoproclamado estilo de “Metal Rutero”, los oriundos de Chillán nos traerán algo del a ratos olvidado, pero siempre bienvenido viejo rock n roll.

A estas alturas probablemente las cervezas estén abiertas, las cabezas mareadas y las ropas gastadas. Es ahí el momento en que Vorágine entra en acción. Este grupo radicado en la capital nace en 2015 bajo la premisa de rescatar la actitud y la fuerza del hard y blues rock clásico de los `70 para darle una interesante vuelta alrededor del grunge, el stoner y el doom, engendrando una incombustible y pesada fórmula de riffs, efectos lisérgicos y gritos de auxilio. Imperdibles además por el lanzamiento de su más reciente producción “El Descenso”, elaborado bajo el alero de BYM Récords y masterizado en Seattle por el ingeniero Chris Hanzsek, encargado de trabajar con leyendas como Soundgarden.

Subimos aún más los decibeles gracias al “maldito trash metal” de Dekapited, agrupación con una destacada trayectoria tanto en Chile como en el extranjero, gracias a sus filosas declaraciones y emputecidos riff al son del doble pedal. Formados en 2006 e inspirados en el trash anglosajón más auténtico, pero cargado “a la chilena”, el furioso trío llega a Woodstaco para liberar la rabia y endorfina de sus audiencias, tras un 2017 y 2018 cargados de giras y presentaciones, consecuencia del lanzamiento de su segundo EP y tercer trabajo discográfico “Sin Misericordia”.

A eso de las 23:00 horas de la primera noche en el Escenario Rock, los encargados de traer la fiesta son el sexteto que componen Los Fuck You, al más puro estilo del rock n roll ochentero, coqueteando con el sonido del sleaze y el glam de la misma época. Es decir, la receta infalible para prender la noche y cambiar a los destilados y sustancias varias que traigan de vuelta un rato el merecido solo de guitarra, las baterías salvajes y líneas de bajo que te retuerzan los sesos.

Lo que viene es una joya. Se trata de la visita exclusiva de nada más y nada menos que DosIntoxicados, el dúo conformado por los trasandinos Felipe Barrozo y Jorge Rossi, quienes se encargan de mantener el legado del grupo under de rock argentino Intoxicados que funcionó durante 11 años como motor clave del rock n roll callejero más auténtico del país vecino. Eso, hasta su disolución y los problemas de su ex vocalista y líder Pity Álvarez, quien terminó siendo arrestado luego de asesinar a sangre fría a un hombre de 36 años en la ciudad de Buenos Aires.

También desde el otro extremo de la cordillera nos visita el trío de rock psicodélico que rescata lo esencial del LSD sesentero, Knei, grupo conformado por tres músicos de La Pampa, quienes nos invitan a sumergirnos en los colores y la eteriedad sonora de su propuesta. Además, cabe destacar que Knei llega a Woodstaco para repasar lo que fue su más reciente producción “Juventud de la Gran Ciudad” (2016).

El Rock Escenario de la primera jornada se cierra con uno de los exponentes más destacados del rock peruano. Hablamos de el trío Stoner de El Jefazo, banda principalmente instrumental que destaca por la pulcritud y potencia de sus cortes musicales, que sin dificultad invitan a una inmersión sonora llena de disociaciones emocionales y estruendosa lisergia en clave rock.

¿Qué onda, qué me fumé?

Sale nuevamente el sol y pareciera que Woodstaco recién comienza. El Escenario Rock vuelve a la acción y lo hace con la irrupción del conjunto talquino All Jazzera. Sí, porque no necesitas pedales ni poleras negras para rockear, este proyecto nos presenta una tentadora mezcla de Jazz, Rap, Rock y Funk. Un verdadero popurrí de virtuosismo y clase, que no logra ser ofuscado por la métrica gracias al constante desafío lírico que establecen en cada una de sus canciones y claro, la exquisitez de los arreglos musicales, ideales para prender el primer verde del día.

La cosa sigue con la fiesta de rock y pop con guiños electrónicos, psicodélicos y delirantes de Kimeros Rock Gallinero, un trío que llega desde Linares para presentar su alocada propuesta que no solo se queda en lo musical, sino que en todo un concepto estético que parte desde lo garage, pero que da un increíble giro a sus propias raíces sureñas ligadas al campo, donde literalmente comenzaron registrando sus experimentos sonoros dentro de un gallinero, para dar paso a toda una estructura de sonidos espaciales, jergas campesinas y riffs descontrolados.

El turno siguiente es para unos favoritos de la casa. El rock n roll citadino por excelencia que ofrecen los ya clásicos Perrosky, con su esencia blusera y sonidos vintage que evocan esas aventuras ficticias de carretera, al son del tresillo más característico de la música popular. Nuevamente los hermanos Gómez se la juegan con una fórmula clásica y eficaz, pero revestida de un sello particular que nos invita a traer los hielos y prender otro cigarrillo.

Pero esto no podría ser un festival de rock chileno, sin la banda que estableció los cimientos del under nacional. Nos referimos sin duda a los legendarios Peores de Chile, conjunto icónico dentro de la historia de la música nacional y uno de los principales exponentes de ese rock artesanal, que se vive entre la calle y los galpones de mala muerte para montar tocatas. Pogo y compañía se presentan en Woodstaco 2019 tan vigentes como siempre, para dar una cátedra de lo que significa vivir de, por y para el rock n roll.

La locura se detiene un momento para dar paso a los maestros que conforman Sol y Lluvia, una de esas agrupaciones de culto que supieron levantar la voz en los momentos más oscuros y peligrosos de nuestra historia. Todo esto, sin contar la basta cantidad de himnos que complementan el catálogo de lujo que posee la historia de la música popular chilena. El rock se vive político, cultural y cantado gracias a los inmortales Sol y Lluvia.

Al rato llega otro imprescindible de la música nacional. La Floripondio llega a Woodstaco en gloria y majestad para darnos una lección sobre cómo transformar la energía, la rabia e incluso la mismísima aprehensión de nuestra realidad en canciones con sentido (o sin mucho sentido). El “Macha” y compañía se preparan para hacernos cantar, bailar, llorar y reír al son de sus cuerdas, vientos y contratiempos.

El rock se vuelve ecléctico y sabio con la llegada de Poseidótica, un conjunto argentino lleno de lisergia progresiva, que mezcla intensas distorsiones de sonido, con hipnotizantes sintetizadores y orgánicos ritmos ancestrales. El cuarteto bonaerense, que coquetea entre la densidad del metal, la suciedad del garage, la adicción del progresivo y la actitud del rock, definitivamente es un imperdible de este festival.

La psicodelia se vuelve mucho más concreta con la aparición de Los Ácidos (gran nombre, by the way). Y es que efectivamente, como si se tratara de un viaje en LSD, esta banda formada en la capital federal del país trasandino se sumerge en lo mejor del garage, el rock n roll clásico, el pop, el space rock y claro, el género asociado a los mejores psicoactivos de nuestra historia reciente.

Directamente desde Buin, sube al escenario el quinteto de Spiral Vortex, los dueños del autoproclamado rock psicodélico-campestre, de ese que te invita a viajar en los más amplios sentidos de la palabra. Rock elegante y surreal a la orden gracias a Spiral Vortex.

Toma, bebe un poco de agua. No, el viaje aún no ha terminado. Sí, esos árboles nos estaban hablando. Y de repente la lisergia decide no parar, y se mantiene presente de la mano de La Hell Gang, conjunto nacional que navega las ondas de sonido entre efectos, surrealismo y paredes derretidas. El trío de psychedelic rock llega en un increíble momento para comenzar a dar el cierre de la segunda jornada que nuevamente se despide con Stoner y Fuzz Rock gracias a los salvajes rasgueos de Demonautas, agrupación chilena en clave spanglish, quienes llegan presentando su última placa “Temaukel, The Spirit Before Time”, registrada en 2018 de manera independiente.

El punk es rock, el rock es política y la política se puede vacilar 

Sale nuevamente el sol, aún quedan energías y es momento de darlo todo, porque esta es la última patita. Y así con ese tono es que sube al escenario Chalo Caezaepalo, un coterráneo que apuesta por el folk hecho en la calle, entre micros y paraderos, con una guitarra de palo rockeadísima y una voz gastada que le grita al consumismo imperante en la cruda realidad, de la misma forma que en su álbum debut “Laburando el Descontento” (2016).

Es el turno de Marmotas en El Bar, quienes se presentan con toda la rabia de su anarko rap, una metralleta lírica con alma punk que no se acompleja ni con los estilos, ni con decir lo que piensan. El trío vocal oriundo de Santiago se establece como la prueba viviente del rock como concepto, como forma de entendernos, con insultantes verdades, cantadas sin resquemores ni nimiedades.

La fiesta no termina, y eso nos lo hacen saber los prendidísimos miembros de La Patogallina Saunmachin, grupo de rock que sabe bailar funk, desprendido de la agrupación teatral homónima, con la que trabajan codo a codo musicalizando funciones. La Patogallina es un verdadero imprescindible de Woodstaco 2019, no solo por sus enérgicas piezas musicales, sino que por ser al mismo tiempo una potente banda de rock con un increíble desplante escénico.

Woodstaco se termina, y lo hace con una leyenda viviente, con un poeta del rock, de Chile y de la vida misma. Mauricio Redolés es el encargado de dar el cierre y corte final de este maratónico festival, subiendo al escenario tras un año de recuperación cargadísimo de música, libros, premiaciones, polémica y política. Y es que en medio de una verdadera crisis de identidad, el rock puede respirar tranquilo, transfigurándose en seres como Redolés o en instancias que apaciguan la desesperación de su atacado espíritu cada vez menos convencional, como en festivales de música al aire libre.

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