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Reseñas

Woodstaco en siete tópicos

Resumir tres días de música es difícil, es por ello que recogimos los siete tópicos esenciales de Woodstaco: Blesstaco, esencia, bandas que prometen futuro, comunidad, amanecer, río y Rock (escenario). Un evento que nos recuerda que vivir en paz requiere un mínimo esfuerzo, y la música es la expresión más pura de nuestro ser. 4 mil personas se congregaron.

Por Isidora González y Andrés Ibarra

Blesstaco

Blesstaco, el tercer escenario descendiendo la montaña de Teno, es albergue de 26 bandas, de todas edades, géneros, procedencias como ya advierte el mismo festival. Éste año, el más ferviente para la montaña, el escenario mantiene ubicación legendaria, justo al lado del río y entremedio del escenario Rock y el ajetreado centro del camping. Su disposición: simple y rústica, casi al mismo nivel del suelo, es un escenario de madera que no interviene ni con la naturaleza, ya que hasta un árbol posee en la mitad del escenario, toque genial y significativo.

Entre las 26 bandas que dio vista Blesstaco, y que por cierto no cesó hasta eso de las 5.30 am, muchas despiertan en nosotros los espectadores una atención particular, bandas nuevas y también aquellas consolidadas que creemos dieron una atmósfera renovada al fin de semana completo. El día viernes, en el debut Blesstaco 2017, Trovafusión es el indicado. Arrancan la experiencia con su fusión, nuevo folk pregnante, con un público fresco- nótese fresco como un adjetivo que sólo se hizo presente el viernes previo al denso fin de semana- y entusiasmado. Aquellos emblemas con los que nos empaparon los inauguradores resonaron días después en distintos puntos del festival.

El escenario, como los demás, abrió cada día alrededor de las 12 de la tarde, y cerró al amanecer, entregándonos un amplio espectro horario para apreciar a los diferentes conjuntos. A pesar de algunos atrasos en dichos horarios, podemos mencionar que el cambio de banda a banda se mantuvo ágil en su mayoría, generando empatía entre ellas, y con los mismos asistentes. En la tarde, mientras el sol atacaba nuestros sentidos, la pasión no cesó, y las bandas se mantuvieron innovadoras y prometedoras- punto al que nos referiremos más adelante. En las noches, con la entonación apropiada del ambiente y también el frío que agradecíamos, las presentaciones se tornaron densas y atrapantes en casos y fiestero e inagotable en otros. Aún así, y por sobre todo en la noche, la inclinación del escenario para aquellos que llegaban justos a la presentación, la visión de los espectadores al escenario se limitaba demasiado, pero no así la calidad de cada presentación. Un escenario que además de ser un ejemplo de la autogestión, marca una esencia que no encontramos en otro festival, la autenticidad se despliega.

Presentaciones notables que podemos mencionar marcaron Blesstaco: Los Mac’s aportando el veterano sonido psicodélico, Parricidio en su jazz fusión atrapante, The Red Belmont en la nueva ola de la lisergia nacional, Sujam en su atmósfera que mezcla repercusiones densas y sensibles, Ludópatas de la Seducción en su calidad de gamers fusión increíble. Éstas últimas y más serán parte de lo que adelantamos como bandas prometedoras en la escena chilena dando el arranque en Woodstaco.

Escenario Rock

Es viernes. Las puertas de Woodstaco se abrieron hace cuatro horas, pero muchos aún llegan a duras penas. Arrastrando todo aquello necesario para subsistir tres días y dejándose encantar por los encantos naturales de Teno, el camino se hace difícil al escenario Rock. Bruto, banda de origen santiaguino con una clara tendencia al stoner, abre los fuegos de la vitrina principal. Respiran lisergia, expulsan alucinógenos ante una reducida audiencia. Pasajes de rock pesado se viven ante las primeras sacudidas de polvo del día. En el ambiente, el sofocante calor lleva a muchos a la sombra para disfrutar los primeros bebestibles del día o artilugios psicodélicos. Acostados aplauden y disfrutan a cada banda que desfila para su deleite.

Un punto a destacar en este escenario: a pesar de ser el principal de todo el festival, sus créditos cuentan con poca publicidad; invitados constantes a bares capitalinos de reducido aforo. Apuesta que merece reconocimiento. No se trata de un mero esfuerzo por imponer una ‘nueva escena’, acá hay una selección carente de factores de ‘industria’: todos los invitados mostraron prolijidad en su desempeño instrumental así como musical todo. Talento que se traspasaba a la audiencia que supo valorar que lo que veía no eran bandas a la fuerza, sino dignos representantes de la esencia ‘Woodstaco’.

Más tarde llegaría el turno de Alásido, proyecto que se describe como “una visión de lo que debería ser la vida misma, que cuesta llevar a los ojos incluso de sus mismos creadores. […] la necesidad de encontrar algo real en el mundo”. El colectivo muestra una amplia libertad creativa, ofreciendo un universo nuevo por cada una de sus composiciones. Rockabilly, punk, progresivo y post rock son algunos de los sonidos que acariciaron. Los curiosos hacen caso a su nombre de pila; estiran la lengua e inyectan dietilamida de ácido lisérgico en su mente. Florece una nueva percepción, tal cual lo dice una de sus canciones Melodía de un Viaje.

El acto de peso aparece minutos después. Con sus integrantes en un tímido desplante, Gangrena Surf logra entregar la dosis letal de psicodelia. La noche eclipsa el día y el sonido de la naturaleza se transforma en la atmósfera perfecta a su ‘surfpunk’. Apelando a lo instrumental, logran desatar un círculo de mosh y acabada atención. En momentos se sintió como si fuera todo obra de una sola composición cercana a los 40 minutos, que relataba su felicidad, pena, odio, amor y furia. Salen entre aplausos. Una de las mejores presentaciones del evento.

La noche siguió con Dorso, X, Acaosis, Testículos de Jehová y Nuvem Leopardo. El apartado rincón de la montaña es el que mostró las cuerdas más afiladas, aun así, en constante conexión con el espíritu de Woodstaco: la psicodelia.

Sábado arremete con más energía que el día anterior. Travis Moreno logra conectar con la ‘esencia’ espiritual de los presentes. Su búsqueda del universo poético latinoamericano conjugada con experimentación armónica es respondida con aplausos y alabanzas. Cerca de las 17:00 y es hora del combo blusero de Quilpué: Jorge Jiménez y la Rompehueso; y La Blues Willis. Ambos conjuntos se concentran en el blues a lo ‘vieja escuela’, ese que se podía escuchar en los suburbios de Chicago en los años 50’. Armónicas junto con riffs simples pero efectivos logran adentrar las melodías en nuestras venas. La tarde ya cae.

Desde el otro lado de la cordillera, Las Sombras, continúan esta senda de nostalgia por épocas pasadas. Un sonido que se asemeja a Black Sabbath y coquetea con Led Zeppelin. Lo que hicieron estos cuatro integrantes de la Región Pampeana fue transportarnos el emblemático Woodstock—al cual claro está, Woodstaco le debe su nombre—. Gente saltando, abrazándose y promulgando la palabra ‘paz’. Comunión rockera. La luna y las estrellas ya brillan.

El más esperado fue una de las piezas ‘históricas’ del rock a la chilena: Florcita Motuda. Con un lleno total de escenario, el compositor transita por líricas sin sentido amortiguadas por atmósferas punk y de rock más alborotado. Llama al ‘dios de los perros’, presenta a sus hijos y disfruta guitarra en mano. Punto bajo para el sonido, que a los integrantes de los ‘Florcita Motuda’ les significó problemas en todo momento. Trompetas opacadas por un discurso contra las drogas también: “¿no les hubiera gustado ver a Jimi Hendrix acá, viejito?”, pregunta ante un sepulcral silencio. Espectáculo que logra el mayor aullido de la noche. A su salida, muchos se le acercan para saludarlo o pedirle una foto. “¡Eres el más grande!”, le gritan antes que se suba a su van.

Los equipos técnicos aún se mueven cuando Akinetón Retard sube al escenario. Una notoria baja de intensidad en comparación con el espectáculo del ex Los Sonny’s, pero crecimiento exponencial en cuanto a la calidad. Los liderados por Vicente García-Huidobro ejecutan las notas con elegancia, sutileza. Y es que sus composiciones logran mutar en Altazor, poema escrito por el tatarabuelo de su fundador. “Cielo es aquella larga cabellera intacta. Tejida entre manos de aeronauta. Y el avión trae un lenguaje diferente. Para la boca de los cielos de siempre. Cadenas de miradas nos atan a la tierra. Romped romped tantas cadenas”. Todos fijan su mirada en las estrella: la galaxia madre cubre con su oscuro manto las almas de los asistentes. “Hay un espacio despoblado, que es preciso poblar”. Demonauta, El Gran Temor, Animales Exóticos Desamparados, Nébula y L.O.G, cierran los actos.

Un escenario principal que siguió el enfoque del festival, otorgando sonidos pulcros y frescos, en constante retroalimentación con la naturaleza y espiritualidad. “Germinaba la noche en ciudades de cáscaras sagradas, en sonoras maderas, extensas hojas que cubrían la piedra germinal, los nacimientos”, escribió Pablo Neruda en Vegetaciones.

Esencia Woodstaco

La completa experiencia Woodstaco encarna una serie de variables que lo hacen ser un festival particular, comenzamos con el camping, la idea de vivir en el mismo lugar del festival alrededor de tres días. La experiencia se torna intensa e inigualable por muchas razones. Con la esencia de la referencia obvia Woodstock, el festival pretende generar un ambiente en el que los participantes se involucren y formen una comunidad alrededor de la música. Se habla de esta llamada “actitud rock” que encarna el festival, pero verdaderamente no tiene nada que ver con eso, cuestionarse lo que es o no es actitud rock también entra al caso. Éste viaje completo de tres días no discrimina géneros musicales y no se atiene a estereotipos de tales, el espectro musical en cuanto a géneros es lo suficientemente amplio como para que aquello no importe.

¿Qué nos ofrece Woodstaco? Primero que nada Woodstaco se vive. Literalmente. Los asistentes se sumergen en una estadía que los obliga a vivir en el campamento dos noches en donde la música no cesa hasta la madrugada, en un cartel del cual podemos desplegar a más de 100 bandas. Aquellos tres días están unidos por la música y la pasión- no así el lucro- en donde las mismas bandas se someten a la estadía, experiencia que no debe faltar. Así es como en muchos casos, puedes terminar acampando de vecinos con variadas bandas, siendo aquella típica separación músico/público bastante difusa.

El público como moldeador del festival, primero que nada es adecuado en número, recordar que los recintos siempre son limitados, pero finalmente los asistentes saben exactamente lo que les depara, 1 solo día que dura como 70 horas. Ésta comunidad que se genera, no sería la misma si el evento se disparara por sobre los 10 mil asistentes. El público: excelentes receptores de todo lo que sucede, no se genera un ambiente hostil a pesar de lo extendido que puede ser el territorio.

¿La esencia? La experiencia misma que desborda empatía. La actitud de cada participante, que genera que el evento (al igual que Woodstock) sea considerado un festival de arte y música. La esencia es no discriminar, ni género musical, ni edad, ni procedencia, desligarse de todo aquello para sumergirse en la experiencia en su máximo esplendor, una fiesta prolongada de empatía, pasión y por sobre todo música.

Amanecer

El reloj marca las 08:00 de la mañana. Mientras algunos duermen y otros apuntan al cielo como si contemplaran el cosmos infinito, la mayoría aún camina por los caminos de tierra del festival buscando el siguiente paso a realizar. Las amplificaciones de los escenarios dispuestos fueron apagadas hace varios minutos pero el espíritu ‘musical’ sigue intacto.

Los encuentros nocturnos no son sorpresa, pero más allá de apuntar a algo ‘sexual’ se concentran en la amistad, en la comunidad. “Vamos a mi carpa, tenemos guitarras y vino”, propone un joven asistente. “Dale, allá estaremos, voy con amigos”, replica otro. El sol asoma sus primeros destellos cuando con guitarras lo reciben. Mira Niñita, Los Momentos, Blowin’ in theWind y Piece of My Heart desfilan en cuerdas conjugadas con largas humeadas verdes. Unos se van a acostar, otros aplauden a ritmo tenue. Son las 10:00 y el calor moviliza a muchos.

El despertar es más dulce de cualquier forma. La vitrina de nombre ‘Rock’ lanza clásicos del género: Creedence Clearwater, Foghat, Black Sabbath entre otros, coreados en el silencio de telas. Las filas de las duchas sobrepasan las dos horas de espera y los puestos de comida paulatinamente se desabastecen. Un asistente se pasea vendiendo ‘queques mágicos’ garantizando un viaje sensorial-creativo. Más tarde en plena presentación de Florcita Motuda muchos lo comprobarían.

Una simple vuelta por los principales lugares de aglomeración sirve para sacar conclusiones. A pesar de que las cuatro vitrinas dispuestas comienzan sus funciones cerca de las 12:00, la música se respira en todo momento, en cada rincón. Muchos arman su propia orquesta: instrumentos sobran, ganas también. La montaña recibe cantos de los Prisioneros, poemas de Pablo Neruda, metáforas de Nicanor Parra, enseñanzas de George Harrison y una espiritualidad que parece perdida en tantos eventos con factor estético, donde las redes sociales juegan un rol predominante: la música.

Río, el quinto escenario

“Este es mi festival, chao con las bandas”, dice entre carcajadas a sus amigos una joven asistente: ella flota en las aguas por inercia. El termómetro marca 33° y el descanso ideal a maratónicas jornadas musicales parece ser éste. Otros curiosos deambulan melón y vino en mano. Acá no hay música, hay paz. Y es que el Río de Teno se transforma en la mejor opción para combatir el sofocante calor o simplemente vivir una conexión más allá de lo terrenal con su montaña. Algunos meditan, otros brindan con cerveza entonando melodías de Juan Gabriel.

La esencia ‘hippie’ que tanto se habla del evento tiene acá una de sus mayores materializaciones. El caudal alienta al relajo, al descanso y a la contemplación. Muchos incluso eligieron acampar en sus cercanías. El disco debut de Jimi Hendrix ‘Are You Experienced?’ pasa por su tercer tema cuando muchos toman la decisión: “ya, es hora de moverse”.

Comunidad

Viernes, 19:00, se escuchan gritos que buscan a un tal ‘Óscar’, fuertes y constantes. 22:15, los caminos que derivan en sustentos alimenticios una vez más se tiñen por el nombre: grupos enteros lo entonan. Sábado, 05:50, el reloj es tenue en indicar la hora por su exposición al sol, pero el oído no falla; una vez más colectivo de gente entre cantos de grillos exclaman ‘Óscar’ con las pocas fuerzas que le quedan. La escena se repitió en cada hora de los tres días de duración del festival, una anécdota prácticamente hogareña pero que refleja el espíritu de comunidad de Woodstaco. 4 mil asistentes que se cuidan entre sí.

La historia se remonta a Woodstaco 2013; allí, un asistente de nombre ‘Óscar’ se perdió de su grupo de confianza. Entre sus amigos comenzaron a buscarlo exclamando su nombre. La preocupación fue tal que todo el evento ayudó en su aparición gritando una y otra vez el famoso ‘Óscar’.

Lo que mayor define a este festival que en su novena versión congregó a 116 bandas, es su espíritu de comunidad. El sentimiento hippie está a flor de piel, con cada carpa viviendo su propia historia. No es sorpresa que los ‘vecinos’ saluden respetuosamente en las mañanas e inviten a compartir tragos, comestibles o guitarreos con ellos. Cerca de Blesstaco se escucha Wish You Were Here de Pink Floyd, mientras unos pasos más allá un asado improvisado congrega a cualquiera que quiera participar en él: la cuota es solo la amistad; otros prefieren por ponerse en la piel de un chinchinero, y los menos con pequeños parlantes invocan el espíritu bohemio de Velvet Underground. Metros más allá, Enjambre recibe un partido de fútbol improvisado con cerca de cincuenta participantes.

Un sentimiento que genera sorpresa en una sociedad que no está acostumbrada a ello. Muchos de lo que tuvieron su primera vez con el evento, se sorprendieron por no experimentar ninguna mala experiencia: no hay robos, no hay peleas. El mejor resumen lo entregó un niño de larga cabellera acompañado de su madre: desnudo corría por todo el sitio, era libre.

Bandas que prometen futuro

Otro de los atributos Woodstaco, es la oportunidad que da el evento a una cantidad importante de bandas emergentes, las cuales pueden postular hasta noviembre aproximadamente para ser parte del mismo festival. Esto le da la entrada a bandas autogestionadas, a veces no conocidas, que buscan un público adecuado, o simplemente quieren ser parte de tan mágica experiencia. Blesstaco precisamente es una buena ventana de lo que ocurre con bandas emergentes, aunque escenarios como enjambre o rock también le hacen justicia a conjuntos promesa.

Partiendo con el renombrado Blesstaco, nombraremos a cuatro bandas que destellaron una gran presentación y que creemos proyectan jugadas audaces en la escena chilena. Como primer acontecimiento nombramos nuevamente a Ludópatas de la Seducción, con su propuesta gamer extravagante. Son un conjunto de músicos que mezclan jazz, progresivo, funk y hasta cumbia, los cuales se autodenominan como un grupo que “busca derretir a las nenas con la más sensual música de videojuegos”. Lo que hace especial a esta banda es que componen en base a.música de videojuegos, arreglos, los cuales te hacen navegar en un sinfín de referencias y estilos creando una singular propuesta que te obliga a disfrutar. Una banda como ésta, dudaba de la recepción en Woodstaco, ya que dud presentaciones anteriores se limitaban a eventos gamers, pero la sorpresa fue tanto para el conjunto como para la audiencia.

Sujam, también en el mismo escenario, presentan en sus propias palabras “SpaceRock/Grunge/Psicodelia,son los ingredientes que dan forma a un viaje que sustentado bajo el magnetismo del “Jam” promueven el imaginario”. Directo del desierto de Atacama envuelven a sus receptores en una especie de atmósfera atrapante, de las cuales podemos detectar la herencia de Black Sabbath, pero aún así fresca y certera. Hace poco adelantaron que su EP será lanzado durante el.primer semestre del 2017, para los deseosos de space rock, y sobre todo chileno, éste lanzamiento aseguramos no defraudará.

Las dos últimas bandas de las que hablaremos son desde otros lados de la.montaña de Teno, primero Gangrena Surf que se apoderó del Rock el.día sábado. El trío de surf punk contiene la cuota perfevta de muerte y surf en sonido, proyectandoo algo así coomo zombies playeros. Sus temas por lo general bordean los tres minutos en una mezcla audaz y distintiva. Nos demuestran lo frenético y poderoso que resulta esta ácida y desafiante combinación.

Por último mencionamos a los legendarios Media Banda, que ya han alcanzado público en su multifacética estrategia eléctrica combinando rock progresivo, fazz fusión y música contemporánea. Se roban el escenario con su voz femenina, instalándose como una de las revelaciones de la nueva escena chilena, sólo les queda espacio para evolucionar y seguir cautivado.

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