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Editorial

Camila Moreno: Máquinas Sin Dios

El sonido está evolucionado, verla mil veces en un mes no es ver lo mismo tantas veces, sabe cambiar los sonidos, sabe destruir y construir desde y sin base alguna, por lo menos así lo refleja; guitarra acústica, guitarra eléctrica, bajo, batería, sintetizadores o mejor dicho a su modo: Máquinas sin Dios, que en conjunto con la brujería o la maestría han hecho de su música algo sin estereotipos, sin estigmas, sin marcos que no tocar.

“Tú Mamá te Mató” hizo callar a un público que después de la apertura de Pupila Spectra —banda de rock psicodélico formada por el guitarrista que acompaña a la cantautora—comenzó a impacientarse. Algunos silbaban, otros aplaudían, todos esperaban a que Camila Moreno saliera al escenario, y así lo hizo pasada las 22:00 horas en un Teatro Oriente listo y dispuesto para solventar la grabación de su primer registro en directo.

“No Parar de Cerrar no Parar de Abrir”, “Bailas en los Polos” y “Julia” siguieron la línea de un tracklist que se tejía conforme transcurrían los segundos. En la última, agradece al aire espeso del aforo “por entender el asco de ser pariente”. Invita a Natisú al frente para tocar “Raptado”; acá Camila no pierde el protagonismo, su acompañante es una artista a la cual ponerle ojo, en cualquier momento estallará, pero la que se roba el show es Camila Moreno, líder y a la vez la directora de su propia banda. La gente comenzó a soltarse, quién sabe si lo apagado que se encontraba la audiencia era por respeto a las cámaras —sigilosas en cada paso—o por la incomodidad de sobrepasar la intimidad con la persona que se tiene sentada al lado. Siguen los invitados y está vez es el turno de Gepe: tocan “Esta Noche o Nunca”, la cantautora en el piano y Daniel mirándola.

Se hizo costumbre ya el momento sin amplificación. En esta instancia introduce a Pangea, la agrupación que según ella irrumpe en sus canciones, las destruye, transforma y construye para formar una consistencia nueva; además se especifica a Laboratorio Coral, un colectivo de coros dirigidos por Natisú. Prosiguió Fernando Milagros con “Lo Cierto” otorgándole un nuevo aire a la canción, su voz inigualable fue un complemento perfecto. Me llamo Sebastián fue la última sorpresa de la noche, pero no por eso menor, “Delfín del Deseo” también hizo explotar a un proyecto solista con una prolijidad a simple escucha.

El momento del ritual, para lo que ya lo conocen no deja de ser significativo, quizá un punto a parte en lo que es el show íntegro de Moreno;  el conjunto y la conexión con las cosas distintas, el sálvate solo debe acabar y el salvémonos todos juntos debe predominar, la reivindicación de lo indígena se plasma todo en “yo enterré mis muertos en tierra”; que se caiga la gente que se tiene que caer y que se levanten los que se tienen que levantar”. Baquetas al tambor, que la percusión llegue hasta el centro de la tierra, todo suelo sirve para golpear y hacer música, baquetas al tambor para subir el volumen, baquetas al suelo para devolver el alma al cuerpo que se elevaba en trance… Tanto el volumen, la actitud, la templanza y la balanza se irrumpe en esta canción, es un trance tal cual como Camila lo quiso.

Ya pasaba la quincena de canciones, y no iba a terminar ahí. “Millones” y “Cae y Calla” nos recuerdan a esos años acústicos de su carrera. Es que el sonido ya cambió, la historia avanzó, sólo la energía muta, se ha multiplicado. “Maquinas sin Dios” termina y refleja a una compositora feliz: atrás quedo esa recordada trilogía del despecho predominante, atrás quedo el dolor, ya comenzó la transformación, y este es el disco que brinda aquello, es el limbo entre un pasado y un futuro prometedor. Risas de Camila mientras mira al público, risas del público mientras miran a Camila.

Camila se escapa un momento del escenario para hacer gritar al público, eso es lo único que genera el hecho de que no esté en el escenario, vuelve para comentarnos lo que fue y es Mala Madre para ella, cómo le cambió la vida, remidió sus males que apelaban a la brujería. Nos enseña que bruja es una persona que cree que puede crear su propia realidad o el que se conecta con la naturaleza, con el lado salvaje, desconocido y poco racional

La velada cierra con “Te Quise”, “Incendié” y el cover de “Ojos Azules” de la tradición musical latina. Se despiden del escenario y lo único que queda es gente parada de sus butacas aplaudiendo satisfechos. Un show de dos horas que no tiene contras más que la localidad, pero por contexto de la grabación que además se la produjo su padre, no se permite un lugar más ameno para un público que tenía hormigas en los pies y cosquilleo en las manos. Puede que este sea el inicio de un año sellado para Camila Moreno, está creciendo un árbol que se sembró hace bastantes años y que cada vez pide más agua, una consolidación en Chile o Santiago para no ser egoísta, puede significar muchas cosas, quizá lo más probable una ronda por el país, pero se han puesto a pensar que es un gran momento para que de un salto al extranjero.

En fin, el sonido está evolucionado, verla mil veces en un mes no es ver lo mismo tantas veces, sabe cambiar los sonidos, sabe destruir y construir desde y sin base alguna, por lo menos así lo refleja; guitarra acústica, guitarra eléctrica, bajo, batería, sintetizadores o mejor dicho a su modo: Máquinas sin Dios, que en conjunto con la brujería o la maestría han hecho de su música algo sin estereotipos, sin estigmas, sin marcos que no tocar. El no género de Camila Moreno es único y es de ella.

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