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Dylan Frost y lo nuevo de Sticky Fingers: “Es un sonido más maduro que envejece tan bien como lo hace un buen whisky”

El vocalista del quinteto australiano nos detalla el trasfondo de lo que será su nuevo álbum “We Can Make The World Glow”, en una serie de reflexiones en las que aborda la catarsis artística y personal que significaron los días más duros de la pandemia, así como los desafíos de construir un sonido fresco y transversal durante casi 10 años de trabajo musical colectivo.

Aunque la incertidumbre nos mantiene día a día al límite de la cordura, finalmente los días de encierro comienzan a transformarse en un recuerdo sobre lo difícil que puede ponerse la vida de vez en cuando, pero que aun así, nos toca seguir adelante. 

Sea como sea, el mundo vuelve a retomar su desafiante ritmo y viene siendo hora de ponernos al día con todo lo que pudo quedar pendiente, aunque considerando las lecciones aprendidas. Más o menos eso es lo que pareciera decirnos Sticky Fingers con los últimos adelantos de su próximo disco “We can make the world glow”.

El quinteto de Sidney se prepara para volarnos la cabeza con su propuesta discográfica más directa y madura hasta la fecha, en la que es posible presentir una cohesionada nueva etapa que plasma estos casi 15 años de trabajo artístico, sin perder por un segundo la energía de una experimentada banda de rock, que sabe muy bien de dónde viene. 

“Creo que este álbum regresa a las raíces de Sticky Fingers, pero de manera más madura, es un sonido más maduro que envejece tan bien como lo hace un buen whisky. ¡mierda!”, es lo que nos cuenta en exclusiva el vocalista y líder espiritual de Sticky Fingers, Dylan Frost, sobre esta nueva placa que verá la luz en 2022. 

“Siento que en los álbumes anteriores las canciones no eran tan concretas, sino que como que flotaban en la estratosfera, se dejaban llevar, como que levitaban en el cosmos, pero este álbum es muy directo y desafiante en cuanto a las letras (…) realmente va al grano, no se anda con tonterías. Así que creo que también fuimos al grano con el sonido. Los solos de guitarra de Seamus (Coyle) son muy sólidos y poderosos. Sí, es parte de la evolución del sonido.”, añade el autor de Caress Your Soul. 

Esta necesidad artística de buscar alrededor de la crudeza podría ser una respuesta de la banda a los difíciles días de pandemia, que como para todo el mundo, vino a sacudir la zona de confort de sus integrantes para obligarlos a mirar su pasado, presente y re-plantearse el futuro. No se trata sólo de metáforas o poética, pues cabe recordar que desde finales de 2016 y hasta el 2018 la banda tuvo un complejo periodo de inactividad, producto de varios conflictos internos.

“Todos experimentamos una especie de crisis existencial masiva. No es fácil tener que sentarte contigo mismo y enfrentar tus propios demonios. Generalmente mantengo esos demonios encerrados en una pequeña parte en mi cabeza y trato de que no salgan, que no respiren y en esta crisis global, esta crisis existencial, que la gente tenga que mirarse al espejo. Para mí ha sido algo maravilloso, pues como artista, me ayudó a enfrentar muchas cosas que no había enfrentado en el pasado y poder plasmarlo en el papel e incluirlo en la música, me ayudó muchísimo. No me imagino que hubiera podido hacerlo de otra forma”, explica Frost.

Catarsis puede ser la palabra ideal para intentar explicar lo que Dylan y su pandilla parecieran haber experimentado. No es para menos, pues luego del receso vino una temporada de locura tras el lanzamiento de su álbum más reciente Yours To Keeps, que los hizo recorrer el mundo entre festivales, shows espectaculares, fiestas, hoteles y mucho rock n roll. Por lo mismo es que un estancamiento global, pudo ser algo muy revelador. 

“Siento que las personas ahora…todas esas pequeñas cosas del día a día que antes dábamos por obvias ahora surgen como si floreciera la tierra. Es como si ahora las personas ya no fueran tan individualistas. Cuando miro a la gente, cuando voy a Sídney, o donde sea, ahora las personas se dan el tiempo de preguntarte ‘¿Cómo estás?’, ‘¿Cómo te va?’, ‘¿Estás bien? Porque yo no, carajo. Todo esto es una mierda’. ‘¿Y si hablamos de esto?’, ‘¿Qué vamos a hacer al respecto?’, “¡No lo sé! Realmente no podemos hacer nada, pero, tomemos una cerveza y conversemos’. Esas pequeñas cosas de la vida a las que no les ponemos atención, pero que creo que son importantes, son parte de ser humanos”, reflexiona el compositor. 

Esa amabilidad y atención sobre los detalles pudo ser trascendental de alguna forma para Dylan, Freddy, Paddy, Seamus y Beaker, quienes desde el 2008 han estado trabajando en hacer que la magia ocurra, pese a venir de mundos e ideas tan diferentes.

Sin embargo, los planetas suelen alinearse y logran manifestar esa magia a través de discos que han sabido trascender en el abrumador océano de lanzamientos que existen hoy en internet: “creo que no ha sido fácil especialmente considerando el remolino que es Sticky Fingers. En cierto punto viajamos a otra dimensión y ha sido difícil para la banda a lo largo de nuestro viaje, porque ha habido mucha toxicidad en la banda, a lo largo de nuestra trayectoria, han habido muchas discusiones y desacuerdos. Tenemos mucha historia, pero a pesar de eso, no nos hemos separado, seguimos siendo increíblemente unidos, somos como hermanos de alma”.

Justamente esa amalgama de diferencias personales y artísticas le da a Sticky Fingers un valor transversal, que cuando encuentran un equilibrio, logran funcionar de manera brillante: “Paddy tiene un marcado trasfondo de rock and roll australiano y durante su infancia escuchó mucho todo ese tipo de música. Además tiene un gran gusto por el pop británico. Todo ese movimiento del tipo Oasis, Blur, Massive Attack, todo eso.  A Seamus, le gusta más el estilo de Guns n’ Roses y The Cockroaches. Crabby tiene un trasfondo más relacionado al Soul y al Hip Hop. Yo nací en Londres, escuché mucho a bandas como The Clash y ese tipo de sonidos más pesados. La pareja de mi mamá tocaba a veces en Fine Young Cannibals y obviamente crecí en Nueva Zelanda escuchando mucho dub. También The Prodigy y Fatboy Slim. Todo eso tuvo un gran impacto en mí. Y cuando combinamos todo eso…”.

Dylan también aprovechó de recordar su paso por nuestro país, un viaje esperado por muchos ya que sorpresivamente, el sonido de Sticky Fingers logró conectar increíblemente bien con el público chileno: “fue extraño, porque mientras viajábamos al avión, nos chocó un camión por el lado y es como que el universo me dijera ‘oye, cálmate un poco’, pero yo dije ‘a la mierda, vamos’. Me subí al avión y apenas tocamos tierra, el amor que había era increíble, los fans estaban ahí, no sé, nos impactó muchísimo, fue algo muy loco (…) lo pasamos muy bien y ustedes nos trataron muy bien. Apenas comenzamos a tocar fue muy gratificante, el público conocía la letra de cada canción, nos seguían. Fue una conexión muy íntima (…) ansiamos muchísimo poder regresar. Definitivamente está en nuestros planes volver”.

Entrevista traducida por Karen Pérez Herrera

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Periodista rehabilitándose de la música día por medio.

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