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Entrevistas

Juan Celofán: “Me encanta que todo sea un caos”

Hace 5 años fue que un joven uruguayo decidió lanzarse a probar suerte y tantear terreno en un lugar que para él resultaba completamente desconocido, y donde se dedicó a lo que mejor le sale, hacer canciones.

Prensa

Hace 5 años fue que un joven uruguayo decidió lanzarse a probar suerte y tantear terreno en un lugar que para él resultaba completamente desconocido, y donde se dedicó a lo que mejor le sale, hacer canciones.

“¿Qué me trajo acá? digamos que un poco las ganas de salir, de vivir en otro lugar que no sea Montevideo. No por nada contra mi ciudad, sino que por curiosidad y un poco de fe de aventuras, de estar en otro lado y tener experiencias en otro lugar”, confiesa con un tono relajado el compositor Juan Manuel De León, mejor conocido en el rubro como Juan Celofán, a tan solo días de haber publicado su segundo trabajo discográfico “Incendiemos la Casa” (Noviembre, 2018).

Sin tener muchas cosas claras en ese momento, el artista radicado en nuestro país explica que “me vine pensando que sí quizás me quedaba en Santiago un año estaría perfecto, pero empezaron a surgir cosas, empecé a conocer gente y de a poco me fui sintiendo cómodo (…) Quizás lo que me ayudó a tomar la decisión es que había escuchado algunos discos de música chilena, de cosas que se estaban haciendo en ese tiempo acá y me pareció súper interesante, además había una especie de comentario de que estaban pasando cosas con la música y eso me llamó la atención, me generó curiosidad”.

Bajo ese impulso y ya instalado en la capital chilena, el autor de “La Daga” (Incendiemos La Casa, 2018) realiza un balance de cómo ha sido su experiencia en el alguna vez llamado “Paraíso del Pop”, dando crédito del buen trato que a recibido aquí y las múltiples oportunidades que ha tenido para desarrollar su propuesta artística, “yo siempre estoy muy agradecido, porque digamos, soy un extranjero, un inmigrante más que está haciendo música y por varios motivos, cuando surgen determinadas oportunidades o cuando siento el apoyo de colegas y del público. Creo que todo eso tiene un valor especial por el hecho de venir de otro lugar”.

Sin embargo y con la antena puesta en su contexto, su entorno y la idiosincracia a con la que se ha estado mimetizando desde 2013, Juan Celofán no titubea al hacer una compleja, pero necesaria comparación y de paso, un importante llamado de atención. “En general, creo que Chile me trató súper bien, no sé si en otros lugares se podrían tener oportunidades como las que he tenido yo acá (…), pero también soy consciente de que hay discriminación contra muchos inmigrantes. Se que a la gente que viene de otros lugares les cuesta un montón. Siento que en general no se trata igual a un chico haitiano que quiera hacer música que a un chico argentino, o si viene un español, quizás con las mismas habilidades le vaya mejor que a un inmigrante africano, colombiano o boliviano. Es decir, hay discriminación en todos lados y Chile tampoco se escapa de eso”.

Reflexiones a parte, el músico uruguayo recalca que aquí en Chile no comenzó su historia musical. Influenciado por los sonidos que en los 80`s comenzaba a proliferar por todo el continente desde la Argentina con su rock en español y tras el fuerte impacto de clásicos como The Beatles, un pre-adolescente Juan De León comenzaba a practicar sus primeros acordes para dar rienda suelta a su creatividad. “Yo hacía canciones desde que comencé a tocar la guitarra, incluso antes de aprender tenía una idea de como hacer una canción”, explica convencido y agrega que tuvo muchas bandas en el colegio que estuvieron “muy influenciadas por los clásicos del rock y el pop. Seguí tocando, en algún momento estudié sonido y me empecé a interesar por la producción musical, comencé a estudiar a meterme mucho en ese mundo y el de las máquinas, los sintetizadores.”

De ahí a la fecha Juan Celofán se la jugó y luego de llegar a Chile, comenzó a concretar su primera aventura solista. Naturalmente, reconoce que un comienzo “tenía terror” de lo que pudiera o no pudiera pasar con este nuevo proyecto que nació “cuando decidí salir de Montevideo, porque pensé que no iba a tener a mis amigos cerca, ni iba a poder producir porque ya no tenía mi estudio”

Resulta que todo pareció salir mejor de lo que esperaba y tres años después de radicarse pudo lanzar su primera placa “Tránsito” (2016) bajo una lógica indie pop muy en sintonía con lo que se encontró en Chile, pero dejando un claro sello de estilo marcado por su suave y melancólica cadencia vocal, con la que se hizo preguntas sobre su paso por esta vorágine contemporánea a través de sintetizadores, guitarras somníferas y efectos acogedores.

No pasó mucho tiempo para que Juan Celofán se encontrara con un lenguaje y escenario distintos a la fotografía sonora que fue su primer álbum. Con “Incendiemos la Casa” De León siguió su búsqueda musical, moviéndose hacia una sonoridad mucho más orgánica, potente y natural que su antecesor. En esa línea, Celofán explica que en su nuevo disco “quizás hay un reencuentro con muchas cosas de la adolescencia o de mi primer acercamiento a la música. La verdad es que no tengo un motivo, simplemente fue el deseo de volcarse un poco a esa energía”.

Aunque deteniéndose a pensarlo un poco mejor,  el compositor señala que el resultado final “tiene que ver con que el disco se gestó en un proceso bien caótico para mí, de muchos cambios importantes. Pensándolo en perspectiva creo que tiene que ver con que fue en un momento en que estuve un poco perdido, y creo que tendí a buscar algo de seguridad en esas influencias que son parte de mi formación. Estando en plena turbulencia me fui a eso que me hizo sentir cierta familiaridad. Entonces ahí aparecieron todos esos discos, apareció la guitarra de nuevo y el hecho de haya aire en el disco y esté tocado por personas, con la guitarra, el bajo eléctrico y la batería pegándole”.

Se trata de un disco corto de menos de media hora, pero que logra sintetizar muy bien lo que Juan necesitaba entregar. “Hay muchas cosas que fueron grabadas en primeras tomas y quedaron así. Muchas canciones en las que convocaba a los músicos sin pasarles ninguna maqueta ni nada, les mostraba la canción y nos poníamos a grabar. Quisimos capturar mucho esa energía que a veces escasea en muchas producciones de ahora, tenía ganas de buscar por ahí.”

En “Incendiemos la Casa” es agradablemente fácil reconocer la manera en que todo eso se transformó en sutiles referencias al hard rock argentino del siglo anterior, configurándose con naturalidad hacia un pop “tocado”. “Hay mucho de desahogo y siento que este disco en particular, por la manera en que se hizo, es una instantánea de un periodo mío. Hubo una especie de máxima que fue respetar las ideas que surgieron en ese momento y no masticarlas tanto. Tratamos de que la cosa se mantuviera fresca en todo momento. Es un disco que sí lo hubiese hecho dos meses después hubiese sido algo completamente distinto, pero lo quiero mucho también por eso, porque es muy respetuoso de ese momento, era lo que tenía para ofrecer y lo quise mantener así”.

Pese a tener en el podio principal a discos del calibre de  “Mateo Solo Bien Se Lame” (Eduardo Mateo, 1972), “Clics Modernos” (Charly García, 1983) o “Artaud” (Pescado Rabioso, 1973), Celofán no es ningún aguafiestas, ni mucho menos un purista. En ese sentido, el autor reconoce que “me encanta vivir en la época en que vivo, me parece un momento súper estimulante para hacer cosas, y a partir del exceso de estímulos es que se generan nuevas corriente estéticas que me parecen súper interesantes. Yo me siento cero nostálgico, lo que pasa ahora está buenísimo (…) Más allá del caos, de todas las miserias del mundo y que se yo, en general a mi el caos reinante de esta era me parece super interesante”. Así mismo, el compositor uruguayo se inclina por no categorizar la abstracción detrás de la música y señala que “lo que representan los géneros es otra cosa y a veces yo encuentro más actitud rockera en un hip-hopero que en alguien que toca su guitarra con distorsión. A veces hay mas transgresión en lugares donde antes no existía eso, en lugares insospechados.

Sin cuestionarlo mucho y con la claridad necesaria para seguir sumergiéndose en su creatividad enriquecida por la locura de la ciudad, las canciones, la digitalidad y con las ganas inagotables de desenredarlo todo, Juan concluye: “Me encanta que todo sea un caos y hay que encontrar la belleza en este caos que está interesante igual.

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