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Reseñas

King Gizzard and the Lizard Wizard – “Fishing For Fishies” (2019)

Ilustración: Jason Galea

King Gizzard and The Lizard Wizard destella como una eminencia que rápidamente ha hecho lugar para su propio desempeño artístico, como uno que se desenvuelve en la cúspide de la escena DIY. Con 13 álbumes bajo la manga en tan solo 9 años de actividad, este ensamble de 7 músicos y un artista visual, ha creado en cada una de sus producciones una sección de un gran multiverso saturado, visceral y colorido. Luego de un inusual año sin LPs nuevos dando vuelta, KG se sumerge nuevamente en el Gizzverse con una nueva propuesta conceptual que destella desde el blues y la tradición norte-americana, pero con aquella dislocación musical propia de los australianos en cuestión. Lo que nos convoca en esta ocasión es un un acontecimiento ecológico y consciente titulado “Fishing For Fishies“.

El 2017 fue el año más impactante para este ensamble, habiendo lanzado 5 álbumes en 12 meses cumplieron la promesa conceptual que habían anunciado a principios de ese año con su más efervescente trabajo “Flying Microtonal Banana“. “Murder of the Universe” le siguió, una densidad musical terminal de tres capítulos narrativos, “Sketches of Brunswick East” en colaboración con Mild High Club fue su tercer acercamiento infestado de smooth jazz a lo que le siguieron los sintetizados pasajes de “Polygondwanaland“. Su epílogo de esta saga de 5 lanzamientos fue “Gumboot Soup” una colección de B-Sides de los cuatro proyectos anteriores.

Con aquel arduo trabajo comprimido en un año, King Gizzard ha retornado a marcar presencia discográfica con un nuevo material que destelló en su totalidad el 26 de Abril de este año, habiendo grabado el álbum completo en el living de alguna casa en Australia que les servía como estudio. A través de Flightless Records y ATO Records lanzan un episodio de “boogie rock” de 41 minutos y 56 segundos que destella una narrativa derivada del blues rock. Stu Mackenzie se refirió al álbum de la siguiente manera:

“Intentamos hacer un álbum de blues. Algo así como una mezcla de blues y boogie, pero las canciones peleaban esta idea, o quizás nosotros peleábamos con ellas. Finalmente dejamos que las composiciones nos guiaran esta vez, dejamos que tuvieran sus propias personalidades y forjaron su propio camino. Caminos de luz, caminos de oscuridad. Esta es una colección de canciones que tuvieron salvajes viajes de transformación”.

No podemos hablar de un lanzamiento de King Gizzard sin hablar de las novedades en formato físico que nos traen en esta ocasión. Aquí nos bendicen con cera coloreada en dos versiones: la edición limitada Salmon Polo y la edición limitada The Fire Gobyambas disponibles aún.

Fishing for Fishies“, canción que le da nombre al álbum es la primera aparición, el primer destello de luz que nos dejan caer luego este largo año sin material fresco. Desde el inicio de este track suena como algo que podríamos describir como “redneck“, suaves melodías vocales duplicadas introducen un inesperado tema en esta narrativa: la conciencia ecológica.

“Fishing for fishies
Don’t make them feel happy
Or me neither
I feel so sorry for fishies

It seems like cruelty to me
And I’m hungry, leave them be

I don’t want to be fishing for fish
I just want to let them freely swim”

Si bien este dulce track se aferra con la suavidad con la que navega, en la totalidad del álbum existen temas que destellan con aún más potencia, como lo es “Boogieman Sam“, el sucesor. Introduciendo un nuevo personaje de caos al gizzverse, la banda se aproxima derechamente a este boogie-blues, con la armónica de Ambrose siendo en éste álbum pregnante y esencial. Esto es exactamente lo que nos imaginamos cuando KG hablan de hacer blues, uno que aún mantiene la efervescencia y hasta cierto punto esquizofrenia que plantean. Con unos backing vocals que nos estremecen con un constante “boogie boogie boogie boogie“, este refrescante track mantiene su atractivo y ofrece una nueva paleta de colores al material discográfico.

Si bien “The Bird Song” se acerca con una íntima suavidad que también destella una perspectiva consciente respecto del trato de animales y su visión respecto de nuestra civilización, este tema se ve u tanto opacado por su antecesor y sucesor, dos destellos máximos de este upbeat boogie. “Plastic Boogie” sin embargo, podríamos proponerlo como la cúspide de esta aproximación, una composición que plantea una contradicción esencial: la frescura y energía que liberan instrumentalmente contrastado con letras de caos y perdición. Aquí podemos escuchar como Stu y Ambrose acusan el uso de plástico en nuestra rutina, y cómo esta práctica que va destruyendo al planeta en conjunto con nuestros abusivos hábitos alimenticios. Nos advierten que hasta aquello que ingerimos como comida está envuelto en plástico que luego es devuelto al mar. Nos dejan con la interrogante ¿podemos cambiar esta realidad?

Lo refrescante de temas como este, es con la efectividad que logran plantearse musicalmente, siendo esta nueva veta boogie una que nos hace mucho sentido al verse enfrentado líricamente con el estado eco-consciente. Aún más sentido nos hace cuando entendemos que estos géneros musicales destellan principalmente de la tradición norteamericana (EEUU), país el cual es el principal actor en la destrucción del paleta, gracias a su excesivo consumo animal y producción de plástico imposible de eliminar.

Mientras “The Cruel Millenial” aterriza con un rock tradicional con derivados de hard rock y blues, “Real’s Not Real” destella otra arista importante en el eje temático de su décimo cuarto álbum: vivir en la ilusión de que todo está bien. Con distorsionadas guitarras que emergen ávidas y terrenales, proponen pasajes extremadamente dinámicos y lúcidos. “This Thing” es quizás la composición más olvidable en este acontecimiento consciente, con el carácter estático y tradicional que propone, siendo opacado por todo aquello que viene acompañado. “Acarine” por otro lado nos devuelve un poco a lo sucedido en “Polygondwanaland”, con una esencia sintetizada y experimental, un tema que comienza siendo una suave inducción hacia los sintetizadores, pero que explota en un beat que nos lleva a explorar desconocidos territorios del universo de lagartos. Este giro inesperado se torna oscuro, siniestro y hasta minimal, dejándonos sedientos de un King Gizzard que explore a profundidad estas vetas de la electrónica.

Cyboogie” de cierta manera nos apaga esa sed. Sin guitarras y con unos 5 sintetizadores, este ensamble australiano se embarca en aguas coloridas y exuberantes, sacando referencias de todo el álbum y hasta de su jugada conceptual “Murder of the Universe”. Este track nos deleita con nada de delicadeza, es severo, punzante y hasta siniestro, volcando nuestras miradas hacia aquel cyborg que alguna vez llamaron Han-Tyumi. Generando un cierre más que épico, nos ahogan en un mundo experimental y derivado del syth-pop de los 80, del cual nos dejan deseosos.

Si bien este álbum no se inserta como el mejor aclamado ni más experimental de su discografía, si se inserta como una refrescante jugada hacia otros géneros que la banda solo había rozado previamente. Destellos como “Plastic Boogie”, “Boogieman Sam”, “Acarine” y “Cyboogie” -básicamente todo aquello que lleve boogie en su título- nos despierta una cierta inclinación hacia pasajes sintetizados de boogie que podrían estar aún más explotadas en las composiciones de este acontecimiento. Si hablamos de producción y calidad instrumental, son factores que jamás quedarán inciertos en un álbum de King Gizzard and the Lizard Wizard. Esta vez siguen en al contienda DIY con grabaciones desde la rutina casera, lo que no significa que no exista un prolijo desempeño de su parte, aquel factor solo añade a la genialidad de este ensamble.

Con un contenido lírico consciente y ecológico King Gizzard comienza a develar sus preferencias alimenticias y sus preocupaciones respecto de la emergencia climática que estamos viviendo a nivel mundial. La estructura narrativa que proponen para este tipo de temáticas no es sutil, pero tampoco es abrasiva para llamarlo propaganda vegana o vegetariana, más bien destellan sus decisiones políticas en sus letras de una manera eficaz y sensible. Aquí proponen un acontecimiento que no es lineal en cuanto a cohesión entre tema y tema, pero de alguna manera deja que cada momento en el álbum sea una aparición prolija y al menos interesante.

Lo que hoy nos entregan es un sólido álbum que entrega un camino guiado por el blues tradicional, el rock y todo aquello infestado de boogie. Sophie Kemp de Pitchfork le dió a este álbum un 4.8 en un total de 10 estableciendo que “vagamente hablaba del medio ambiente, pero que en su mayor parte jugaban (goofing off) con instrumentación cara en favor del concepto de ‘boogie oogie ooging’ “. En este review no pretendemos hablar con tanta liviandad de la disciplina y efervescencia con la que esta banda ha trabajado, si bien no es su mejor álbum en totalidad hasta la fecha, es uno que sí posee sus más potentes temas y al menos abre la conversación sobre la consciencia que hay que poseer a diario, en cada decisión que mantenemos afectamos a nuestro alrededor. Excéntricos como nunca, King Gizzard no nos han defraudado.

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