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Editorial

Manuel García y los 10 años de Témpera: Fotografías

Cabe preguntarse ¿por qué celebrar los 10 años de Tempera? No solo porque valga la pena conmemorar uno de los discos nacionales más importantes de la década anterior, sino porque siempre es necesariamente grato el romántico ejercicio de volver a las raíces.

Foto: Carlos Müller

Muchísimas cosas pasan en 10 años, sobre todo en los últimos que acaban de pasar. Los cambios hoy se perciben como una actualización diaria de nuestra idiosincrasia, sin mucha pausa y sin permitirnos respirar esa levedad con la que el tiempo atañe nuestro paso por él.

En 10 años, la evolución se transforma en necesidad, pero también en consecuencia. Sin embargo, hay cosas que fueron gestadas sin la intención de ser sometidas a esa lógica.

El segundo trabajo solista del cantautor ariqueño se percibe como una fotografía sonora de lo que por esos años ocurría con su música e incluso, sobre una etapa muy particular de su carrera.

Sí en 2005 su placa debut “Pánico” se presentó como una ramificación de su trabajo con los extintos Mecánica Popular, en Témpera dicho lineamiento se percibe cada vez más alejado y personal, estableciendo el sello con el que lograría años más tarde un incuestionable reconocimiento masivo, bajo el título del “Comandante del Folk”, con el que fue consolidando su influencia en la escena de la nueva ola de la canción chilena construída en conjunto con un Chile cada vez más politizado, demandante e indignado.

Pese a esta carga artística mirada hoy con perspectiva, lo cierto es que hace 10 años Manuel García aparecía con sencillez y un bajo perfil más cercano a la esencia de un folk creativamente independiente y sin miedo a romper los códigos que se supone, identifican el trabajo de un trovador latinoamericano.

Con una poesía que habla desde lo cotidiano pero con una mirada mucho más profunda y lenguaje codificado en guiños políticos, románticos e introvertidos, “Tempera” enarbola quizás la faceta más minimalista de su discografía, sutil pero potente y en total conexión con su faceta de provinciano recién llegado a La Gran Capital. Lleno de miedos e inseguridades, pero con la plena convicción de haber tomado la decisión correcta.

Y hoy, sabemos el resto de la historia. García no solo logró la consolidación local, sí  que el auténtico reconocimiento de sus pares extranjeros y una creciente fanaticada en diversos países de la región, sumado a una destacable discografía arriesgada en estilos y sonoridades con las que dio garantía de su versatilidad y calidad como compositor.

Con toda esa previa cabe preguntarse ¿por qué celebrar los 10 años de Tempera? No solo porque valga la pena conmemorar uno de los discos nacionales más importantes de la década anterior, sino porque siempre es necesariamente grato el romántico ejercicio de volver a las raíces.

El pasado 16 de noviembre, Manuel García demostró estar al nivel de esos artistas que ya necesitan demostrar nada. Con un impecable show de más de 3 horas, que se hicieron imperceptibles ante el dominio escénico y musical del cantautor nortino.

Con un Caupolicán repleto, el autor de “Canción y Plegaria” (Témpera, 2008) nos entregó un refinado repaso por su segunda producción, con arreglos de cuerdas ejecutadas de manera magistral por los miembros de su banda, con los que pone en práctica sus estudios en Interpretación Superior en Guitarra y sus años en la ruta de hacer canciones. De corte íntimo, vestidos solemnemente de blanco y con sentimientos encontrados, Manuel y sus compañeros no escatimaron en pasiones y técnica para abordar uno de los trabajos más absorbentes de su carrera.

Por si fuera poco, las próximas dos horas del espectáculo se centraron en una presentación musical de primer nivel que repasó los principales cortes de sus 7 álbumes de estudio. Con una actitud muy rocker en su rol de frontman, García y sus aliados lograron pasar por una agotadora variedad de sentimientos, desde la euforia a la nostalgia, el amor, el baile, la pena y la locura que se tradujo por ejemplo en un parafernalico cierre con Manuel saltando a la cancha para cantar entre el público con una polera de San Marcos de Arica al son de “Reloj” (S/T, 2010).

Punto a parte para el invitado especial de la jornada, el español De Pedro que las hizo de telonero y luego de feat en dos canciones hacia el final del recital. Otra estrellita además para el incombustible Diego Àlvarez, flamante director musical de esta propuesta y un infaltable dentro en universo sonoro de García.

En 10 años cambian muchas cosas, pero hoy en día no todos esos cambios son precisamente la consecuencia irrefutable del trabajo constante y sensato con el que se pueda sostener un proyecto artístico. La celebración de los 10 años de Tempera, sí lo fue, y a este ritmo, cantar en honor a unos 20 o 30 años más podría ser perfectamente posible y deseable. En síntesis, tenemos Manuel para rato.

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