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Metronomy – The English Riviera (2011)

El cuarteto seguiría interpretando su sonido en futuras producciones, pero es en 2011 cuando tocaron el cielo con una de las propuestas populares más entretenidas y fascinantes. El álbum es simple y cándido, explosivo en éxitos, listo para ser devorado por las masas, e interpretado por los auditores. De las mejores obras que veremos esta década.

Los principios de la década abrieron las puertas a que un centenar de bandas de la ola independiente pudiera rugir junto al sonido del pop sintético y alternativo. Metronomy existía en los límites del Reino Unido con un par de álbumes cuando 2011 azotó a nuestras puertas. Un modesto reconocimiento que explotaría con la publicación de su trabajo más refinado y exitoso, su tercer larga duración: “The English Riviera”.

El multi-instrumentalista y compositor Joseph Mount se mantuvo como la mente maestra detrás del inmersivo trabajo. Siendo no solo líder, vocalista, guitarrista y pianista en los shows en vivo; en los confines del estudio se dedicó a grabar casi todas las pistas de guitarra, sintetizador y batería, además de una decena de otras capas instrumentales impregnadas en la obra, y – como si fuera poco – tomar las riendas de las producción. El trabajo de un hombre-banda ilustrado en eléctricas piezas musicales.

Desde una amena introducción ambiental en el sonido de bahías inglesas, el primer corte “We Broke Free” sostiene un delicado y lento ritmo de voces, cuerdas y cajas. El álbum equilibra el estado de energía y baile con excitantes producciones artísticas. Una simple oda al desahogo y la independencia. “Gracias a Dios el oro es mío”. Las consistentemente eclécticas líneas de bajo de Olugbenga Adelekan rodean el álbum de un excitante y cándido pulso. En seguidilla a un básico ritmo de bombo-caja-platillo, pareciera casi una obra diseñada en fábrica para apelar al pulso cerebral que hace que el cuerpo quiera moverse.

Los cortes más explosivos de la producción emergen gracias al eléctrico carisma de sus interpretes. “The Look” sigue siendo la pieza más reconocible del grupo. Vislumbrándose en una increíble melodía de sintetizador, las piezas de batería se entrelazan con las capas instrumentales luego que el primer estribillo despegue. Chicos rebeldes juntándose en un enlace de amor y anarquía. “Nunca haremos algo mejor que esto, siempre viviremos en pequeños círculos, y todos saben que somos un problema”. Un éxito que sacude las listas populares mientras coexiste en conjunto a su increíble composición.

Cada corte vibra en un accesible movimiento de acordes. “Everything Goes My Way” y “The Bay” han entrado en las favoritas por su destellante melodía. Armonías simples que conviven en sutiles capas de sonido. Sin sobre-complejizar su existencia, van directo al flujo sanguineo y crean vida con sus coloridas mezclas instrumentales. El carismático sonido del grupo genera sellos en las deliciosas mezclas de voces. Característicos usos de falsettes elevan los volúmenes y crean una composición que difícil dejar de relacionar al sonido de la banda. Los bajos en “The Bay” exploran posiciones introspectivas mientras más se acercan hacia el final. Un trabajo que fácilmente podría opacarse de no existir junto a un hermosa producción.

Metronomy no esconde sus influencias. Toma prestado constantes elementos de la cultura synth-pop ochentera y los trae al nuevo milenio con una deliciosa capa de arreglos alternativos. Pocas armonías escapan de la constante marca de pulsos nostálgico, pero la banda entrega suficiente cosecha propia para evitar cualquier intento de desacreditación. No hay una pieza en el álbum que escape del carismático sonido del grupo, aún cuando sus inspiraciones recaigan tan pesadamente en las melodías.

Casi al cerrar, los británicos entregan una de sus piezas más delicadas y coloridas: “Corinne”. En increíbles propuestas de voces y sintetizadores, los timbres de Joseph Mount y Anna Prior combinan en psicodélicos arreglos mientras una melodía de teclas arrastra la canción hasta una zona de cálida exaltación. Ni una pieza fuera de su lugar.

El cuarteto seguiría interpretando su sonido en futuras producciones, pero es en 2011 cuando tocaron el cielo con una de las propuestas populares más entretenidas y fascinantes. “The English Riviera” es simple y cándido, explosivo en éxitos, listo para ser devorado por las masas, e interpretado por los auditores. De las mejores obras que veremos esta década. Una expresión artística sacada directamente desde la mente de un ambicioso compositor, interprete y productor, quien tiene el auto-estima suficiente como para entender que la única forma de hacer algo bien, es hacerlo tú mismo.

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