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Veinticinco años tenía el bueno de Liam Rory Gallagher cuando publicó su cuarto álbum de estudio en solitario denominado “Tattoo” pero antes de eso, la vida del polivalente músico irlandés había dado muchas vueltas. Su paso por bandas como Fontana, primera formación en la que se subió a los escenarios siendo un joven irlandés, y más tarde unos más reconocidos Taste, power trío que el mismo fundó en el año 1966 y que debido a problemas entre sus miembros acabo deshaciendo,  decidió seguir con su carrera en solitario a partir del año 1971. Aquí es dónde comienza su leyenda.

Antes de llegar al archiconocido “Tattoo”, el guitarrista de Ballyshannon ya había grabado 3 discos de estudio y un directo dónde se plasmaba su gira por el viejo continente. Compositor, productor, guitarrista y multiinstrumentista, este genio de las cuerdas conocido por el uso de sus dobros en directos, comenzó a hacerse eco en Europa a través de sus primeros discos de estudio y sus intromisiones al mundo del blues.

Entrados ya en la década de los 70, sus fronteras musicales se extenderían hacia otros estilos como el hard rock o incluso el jazz, todo un proverbio musical, uno de los músicos irlandeses más influyentes de la historia, siendo en el género blues de los más exitosos.

Tanto “Tattoo” como su anterior “Blueprint” se publicaron en menos de un año, el reconocimiento del guitarrista subía como la espuma. La discografía de Gallagher está plagada de grandes trabajos pero tal vez sea “Tattoo” el disco más completo. Con un alto grado de blues en su interior, Gallagher muestra mejor que nunca sus grandes influencias pasando también por estilos como el country, el folk o el jazz.

Rory Gallagher tuvo una muerte prematura pero dio una marca única al mundo del blues y ese característico movimiento de muñeca que tenía a la hora de tocar sería siempre recordado con el paso del tiempo. Podemos decir que el principio de una década como los 70, fue un momento prolífero dentro de la vida musical de este maestro de la música. Sus 6 primeros discos de estudio en solitario, en el que se incluían ese “Live! In Europe” (1972) y “Irish Tour” (1974), son de una calidad excepcional en un momento en el que el ilustre guitarrista estaba en pleno contacto con la carretera y su música se iba esparciendo por toda Europa, directo tras directo.

Eran tantas las giras en las que estaba embarcada Gallagher que uno se preguntaba de dónde sacaría el tiempo para componer discos que a la postre se convertirían en leyendas y ahí es donde se puede ver de manera cristalina su talento innato. Como dije antes, “Tattoo” posiblemente sea el más grande de su vasta discografía, un soberbio trabajo que colocaría a Gallagher en una liga diferente, una liga hecha para su deleite donde vemos a un compositor declarando intencionadamente su amor por la música, la pasión con la que así se definía en sus conciertos y esa viva imagen para ver que este irlandés había nacido por y para esto.

Rory hacía cantar a su guitarra que rebosaba ilustres melodías inolvidables, encumbrando a un verdadero genio que con el tiempo se haría eterno. El músico recurriría incluso al histrionismo en sus continuos esfuerzos para deslumbrar y deleitar a todo un mundo que, por aquellos tiempos, estaba plagado de auténticas leyendas de la música rock en general. Incluso tuvo sus pequeñas aportaciones a una banda como Deep Purple, después de que Ritchie Blackmore abandonará la formación, pero incluso en su mayor peso, “Tattoo” es el disco dónde la disciplina musical autoritaria del músico es dónde más brilla con luz propia. Un verdadero clásico sumido a la exquisitez de su estilo.

No solo hablamos de un DISCO RECOMENDADO, sino de un clásico mayúsculo dónde se pueden ver pasajes con lascivos riffs bajo un ambiente cálido como la inicial “Tattoo’d Lady”, guiños al folk con la bella acústica “20-20 Vision”, muestra perfecta para contemplar la brillante maestría de Rory en su oficio. El majestuoso blues impuesto en la gran “Cradle Rock” viene con los momentos más incendiarios del disco, otra razón más de peso cargada de riffs emocionales con un verdadero ímpetu de potencia y técnica a las cuerdas.

“They Don’t Make Them Like You Anymore” es una de las notas más originales de “Tattoo”. Toda una sorpresa cargada de boogie que galopa entre acordes acústicos con un Rory desatado a los micros y una dulce dupla magnífica entre el piano y la guitarra, dejando uno de los cortes más exquisitos del trabajo. Un disco que tiene de todo, incluso temas que suenan con más rareza como puede ser la propia “Livin’ Like Trucker”, son aquellos dónde el estilo de Gallagher vira a un rock algo más psicodélico y esos continuos wah wah en otras de esas canciones dónde podemos ver al guitarrista tocando de una manera mucho más pasional. Este tema será recordado como uno de los más solicitados en sus directos.

La sureña “Who’s That Coming?” nos trae los sonidos del slide guitar y las armónicas como si estuviera compuesta en la América profunda. Aquí traza un estilo soberbio construyendo esa muralla sónica exquisita. “Tattoo” tiene momentos que invitan a partes más relajantes como puede ser la balada “A Million Miles Away”, con un sonido nítido y una guitarrista cristalina que emana puro sentimiento entre  los tristes versos que canta el bueno de Gallagher, transportándote al clímax definitivo del disco con ese brillante final de canción.

El álbum se cierra con la canción “Admit It” la cuál es una pequeña que navega entre grandes, puede ser la prescindible del disco pero no deja de lado el factor sorpresa. El bajista Gerry McAvoy deja una parte consistente en su haber, mientras Rory vuelve a lucirse a las cuerdas actuando en una versión más de fondo caracterizada por ese solo de piano y volviendo, una vez más, a esas partes más sureñas que deja “Tattoo”.

El cuarto disco del ilustre músico bien puede valer como el punto de partida para todo aquel que sea virgen al sonido de Gallagher. La guitarra de este genio aquí habla por sí sola, pero si sumamos parte por parte y pieza por pieza, el resultado de “Tattoo” te deja con un trabajo sobresaliente y con una verdad musical impecable. Un disco imprescindible para cualquier amante del rock más exquisito, pero por encima de todo, para cualquier seguidor que ame un estilo como es el blues.

Rubén Herrera
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