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Editorial

Soul Asylum: Un paseo por el carril de la memoria

El cuarteto norteamericano desplegó lo mejor de su catálogo que los llevó a la cima en la década a mediados de los noventa, a pesar de que el público local no desbordó la efervescencia que se esperaría para un debut de una banda que tardó más de treinta años en venir a Chile.

Pasaron más de tres décadas para que la banda norteamericana Soul Asylum debutara en este país al sur del mundo. Y es que el pasado 27 de noviembre, la agrupación tocó por primera vez Chile, realizando su presentación ante un frío público que no superaban las 500 personas, en medio de la calurosa primavera santiaguina.

Cerca de las nueve de la noche, el conjunto liderado por el incombustible David Pirner, (voz y único miembro fundador), Michael Bland (batería), Winston Roye (bajo) y Justin Sharbono (guitarra), arribaron al escenario del Teatro Cariola, para entregar una noche que se enmarcaría en un verdadero viaje por el tiempo, regresando a esa época de mediados de los noventa, cuando los integrantes de la banda oriunda de Minneapolis alcanzaban la cima del éxito, del que hoy sólo quedan sus buenos recuerdos.

Y de esto mismo se trata este “Tied to the Tracks Tour”, gira que los trajo con lo mejor de su repertorio y apuntando a esa nostalgia, aquella que era buscada por cada persona presente en el recinto de calle San Diego. “I Will Still Be Laughning” (Candy from a Stranger, 1998), fue la encargada de abrir los fuegos, para una noche que en sus primeros atisbos pintaba como memorable, pero que poco a poco fue disminuyendo sus expectativas. “Just Like Anyone” y “Lately” seguirían la senda de los riffs ya transformados en clásicos, pero que parecían no impactar al público, que sólo contestaba con tibios aplausos al finalizar cada canción.

No fue hasta que Justin Sharbono tomara el micrófono y dirigiera unas palabras sobre la hermosura de Santiago y la calidad de la comida local, para que la conexión comenzara realmente con los presentes. Y los primeros acordes de “Misery” demostraron con demasía que el entusiasmo había despertado, ya que además de saltos varios y un coro respetable, transformaron la interpretación como la más cantada de la noche.

Una bandera chilena solitaria era levantada entre los presentes, mientras que la banda continuaba con su repertorio cargado hacia sus tiempos de oro, tanto que se dejaron fuera por completo su último disco, “Change of Fortune” (2016), el cual fue creado con la formación actual, transformando de esta forma la interpretación de “By the Way” (2012) como la más fresco de su carrera. Una maniobra poco arriesgada e incluso curiosa, pero que se puede entender al ser la primera presentación en tierras nacionales.

El doblete de “Somebody to Shove” y “Black Gold” volvieron a encender el recinto. Y es que ambas canciones provenientes de su disco más vendido “Grave Dancers Union” (1993) servirían de antesala para uno de los tracks más esperados de la velada.  Con la voz de Pirner media rasgada y con los acordes característicos de balada noventera, Soul Asylum dio paso a “Runaway Train“, tema que ganó el Grammy a Mejor Canción Rock en 1994, y que además, sirvió para que el vocalista alzará la bandera nacional con el nombre de la banda en ella, marcando uno de los momentos más álgidos de una jornada en donde la mesura primó sobre el entusiasmo desbordado.

Tras un pequeño descanso, la banda retornó con “I Did my Best” y “April Fools“, para luego despedirse del público que entre tenues aplausos despidieron al cuarteto en su primera visita a Chile, que a pesar de las apuestas, estuvo bien lejos de ser un debut memorable.

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